
Cuando un semáforo no se respeta ponemos en riesgo vidas, otras y la nuestra; de manera similar siempre es necesario considerar hacia donde vamos cuando confirmamos que creemos, condición que desde el efecto o desde el origen, probarían que la entrega a una manifestación violenta, es darse al absurdo rechazo de la vida. Una violencia silenciosa que se presenta desde el reverso y que en ocasiones resultará mucho más peligrosa que aquella que nos provocaría estupor. Sabemos que la violencia no defiende la libertad conculcada para nuestro transitar; también sabemos que en violencia no se ama. Entonces, compartir y aprobar decisiones que fijan siempre el semáforo en rojo ¿propicia el bienestar de la sociedad? Todos tenemos derecho al libre paso que garantiza la protección de la vida. ¿Se puede creer en actos violentos intencionados que la desamparan?
El amor más fuerte es el amor a la vida y si entendemos, por creyentes, que no nos pertenece porque fuera gratuitamente concedida, podríamos entonces abrirnos a la duda sobre las creencias que involucran en su marco decisiones y condiciones que ponen en peligro su defensa.
La prudencia, virtud y condición necesaria para toda entrega, es simplemente intentar que nuestros actos, sencillos, transparentes y honestos, no se traduzcan en mal, ni hacia otros ni hacia nosotros mismos; considerarla nos protegerá de toda falsa sabiduría que desdobla los sentidos en “sistemas” de supuesta prosperidad.
Y si continuáramos proyectando, dentro del pensamiento exclusivo, sectario, que intenta invadir desde la creencia toda regla de protección, promoción y convivencia, observaríamos que se pierde la conquista, porque aquel Juramento no ha sufrido continuas adaptaciones o modificaciones para responder a la demanda como la seudo creencia que lo ignora. Si una creencia distorsiona qué es la vida porque no marca su defensa, sólo puede ser considerada mezquindad de hombres que marcan reglas al límite, por encima del Todo.
Los párrafos “No permitir que entre mi deber y el paciente se interpongan consideraciones de religión”…”Mantener aún bajo amenazas, absoluto respeto por la vida humana”…me permiten suponer que los nuevos profesionales que sostienen el límite impuesto a su futuro accionar, jurarán hipócritamente o simplemente harán presencia en el área donde también gratuitamente fueran convocados, y probablemente se desdoblarán en su accionar.
Aclaración necesaria: Mi oportunidad de reflexión se presentó cuando mi hija juró hace unos días, en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de La Plata.
Referencia: Juramento Médico, Asociación Médica Mundial - Declaración de Ginebra versión 1983 –
Mara Martinoli
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