Alberto
Fernández no logra “domesticar” a Cristina Kirchner
Por
Carlos Berro Madero
Como
en el conocido chamamé de Pastor Luna, Cristina Kirchner parece decidida a
poner “a todos a bailar”, como dice la letra de la pieza conocida.
A
bailar a propios (los “Albertos”) y extraños (Macri y sus “siniestros”
antecesores de la mafia siciliana)
¡Qué
obsesión, por Dios! Como hubiera dicho el ex Presidente Menem.
Bueno,
es una forma como cualquier otra para “presentar” el mamotreto de su autoría
llamado “Sinceramente”, que algún día, cuando toda esta pantomima haya pasado, será tenido como un recuerdo más de los
desvaríos de quien no puede quedarse quieta ni un minuto, ni descargar el arma
con que dispara contra el mundo sin parar.
Todo
esto en cenáculos recoletos como los del salón de Cuba, donde ante muy pocas
personas (conminadas seguramente por el régimen imperante allí),
practicó su deporte favorito: “Lengua
libre”.
Un
deporte parlante donde puede comenzar hablando de Napoleón y terminar culpando
a las hormigas por comerse alguna torta dulce desprotegida del cobertor “anti
insectos”.
Si
Alberto F. cree que podrá “domesticar” a esta verdadera fiera, le
avisamos que lograrlo va a ser tarea ardua y que más le valdría “soltarle la mano”
a quienes deban procesarla por sus acusaciones de corrupción, para que se quede
tranquila de alguna manera, retirándose quizá “motu proprio” a alguna isla
lejana (¿por qué no Cuba?) a vivir las delicias de la romántica Habana Vieja,
encontrando (¿por qué no?), algún romántico admirador que la festeje y
calme sus ínfulas flamígeras por algún tiempo.
Muchas
veces hemos dicho antes de ahora, que
el epicentro que provoca un vórtice psicológico devorador termina haciendo
desaparecer la cordura en cualquier ser humano.
La
creatividad de Cristina es abundante, original e…inexplicable.
Quizá
porque cuando comienza a practicar el “lengua libre” sale de excursión parlante
sin saber adónde puede llegar al cabo de un rato (generalmente muchas horas
después, habida cuenta de la extensión de sus parlamentos).
En
efecto, como parte de un “acting” hollywoodense, rompe con cualquier texto
preparado y se va de viaje por el mundo de la imaginación (que en su caso es
bastante prolífica), con la que recorre caminos desconocidos para todos y…
hasta para ella misma.
Mujer
de ideas fijas, gestos teatrales y construcciones verbales repetidas hasta el
cansancio, entretiene a su audiencia con el color de un espíritu supuestamente
revolucionario.
El
de aquellos que hablan de igualdad para todos de viva voz, con un Rolex de oro
en la muñeca, una cartera Louis Vuitton colgada del brazo y calzada con
coquetos zapatos Louboutin, bebiendo agua mineral Perrier que no se consigue en
ningún almacén de barrio “nacional y popular”.
Nuevamente
nos salta a la memoria la interjección favorita de Menem: “¡Por Dios!”
¡Pobre
Guzmán!
Que
parece un buen tipo y ve la oportunidad de inscribir su nombre en el bronce que
lo recuerde algún día como un heroico experto en finanzas internacionales por haber sacado del pantano al país del “nunca
jamás” (la Argentina).
Si
el kirchnerismo pretende reconstruir las nuestras asistido por la lengua
encendida de su actual líder, corre serio riesgo de hacernos terminar nuestros
días en algún instituto para enfermos mentales.
¡Qué
persistencia para luchar por las formas dejando el contenido a merced del
“mejor postor”!
A
buen entendedor, pocas palabras.

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