Pero no tan rápido...
Por Eugenio Paillet
Un
funcionario que trabaja cotidianamente en los despachos del área presidencial
reconocía que, allá por agosto del año pasado, tras el rotundo triunfo en las
PASO que los convenció que el desembarco en la Casa Rosada era irreversible, el
entonces ganador de esas primarias y su equipo intuían que los roces con las
otras corrientes del Frente de Todos, en especial con el cristinismo duro, en
algún momento se iban a manifestar.
“Sabíamos
que algo de fuego amigo tendríamos que soportar, lo que no imaginamos es que
sería tan pronto…” refleja ahora con resinación el confidente.
Y
aportó un dato curioso y hasta bizarro.
“Había
entre ellos dos un entendimiento no firmado respecto de que una vez en el poder
ella reinaría (sic) en el Senado, en
el Congreso,
y
Alberto manejaría el Poder Ejecutivo”.
Evidentemente
no todo salió como esperaban y las internas en el frente gobernante estallaron
a menos de dos meses de haber asumido Alberto la presidencia. Ahora todos los chisporroteos giran en
torno a dos cuestiones que claramente separan al presidente y a la vice,
como es el tratamiento del endeudamiento externo, de cómo pararse frente a los
acreedores privados y al Fondo Monetario, y
la espinosa cuestión de si hay o no presos políticos bajo un gobierno de origen
peronista.
Hay
una tercera cuestión que también hizo mucho ruido que es la pelea sin retorno
entre Sergio Berni y su par nacional Sabina Frederic por el tema de la
seguridad, que llevó las cosas a un punto en el cual, como se rumoreó el lunes
en los pasillos de Balcarce 50, sólo
se zanjaría con la renuncia de uno de los dos.
En
La Plata negaban de plano por esas horas la renuncia de Berni, o un pedido de
renuncia de parte de Axel Kicillof.
En
la Casa Rosada desmentían con igual énfasis que la cabeza a rodar pudiera ser
la de Frederic.
La
reunión de este mediodía en la Casa Rosada entre Alberto y el gobernador buscó
poner fin a esa disputa entre tropa propia.
Hay
otros datos a la mano que reflejan aquella puja entre cristinistas y
albertistas, con sus respectivos jefes a la cabeza, que ahora quedaron larvados
en medio de las pujas que hoy copan las tapas de los diarios, pero que en ese
momento comenzaron con los primeros temblores.
Cristina
se reservó sin derecho al pataleo el nombramiento de todos los
funcionarios en los organismos que tienen relación con la Justicia o los
controles internos.
También
impuso a Wado De Pedro como ministro del Interior, cuando el candidato de
Alberto para esa plaza clave era el peronista histórico y su amigo personal, Alberto Iribarne.
La
propia designación de Frederic fue una decisión de Cristina, apoyada por
organismos de derechos humanos como el CELS, seguidores a ultranza de la doctrina garantista de Eugenio Zaffaroni
y Horacio Verbitsky.
Alberto
debió bajar sin remedio a su propio candidato, Diego Gorgal, considerado “mano
dura” por aquellos organismos con Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto a la
cabeza.
Sin
dudas el capítulo sobre el tema de los presuntos “presos políticos” por los que
reclama el cristinismo es el más grave en términos de lo que puede ocurrir con
la convivencia entre los dos sectores.
“Alberto no está
enojado,
está muy enojado”, confesaba
aquel confidente.
Fue
luego que el presidente poco menos que llamase “tontos” a los que le reclaman
que libere, como si estuviese en sus facultades hacerlo, a De Vido, D´Elía,
Boudou o Milagro Sala.
El
presidente sostiene que esos reclamos le generan “malísima prensa” en el
exterior justo en las actuales circunstancias de búsqueda de apoyo o de
demostrar que el peronismo volvió al poder “para ser mejores”, pero no “peores
o más radicalizados” que antes.
La
pregunta del millón que todos se hacen en el albertismo no es si Cristina está
o no de acuerdo con los reclamos de los que efectivamente consideran que en el
gobierno del Frente de Todos hay presos políticos, (Kicillof, De Pedro, Gómez
Alcorta, Ferraresi, Frederic, Aníbal Fernández, y siguen las firmas).
Es
obvio que ella coincide con esa posición.
Ninguno
de sus aliados se ha tirado sin paracaídas.
El tema es saber
si en algún momento la viajera frecuente a Cuba lo hará público y expreso en
uno de sus incendiarios tuits.
“No creo que lo
haga,
ella conoce el costo igual que
nosotros…” responden en el primer piso de Balcarce 50.

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