El desafío de la
educación es hoy como educar para resolver los problemas en el mundo actual.
Han
cambiado las situaciones, las relaciones y hasta el perfil de los actores,
tanto educadores como educandos.
Además
han cambiado las prioridades en relación a los contenidos y en la conformación
del ser humano que se educa.
¿Qué
espera la sociedad del hombre?
¿Qué
contenidos necesita para vivir?
La solución de
estas dos cuestiones determinará no sólo el rumbo de la educación, sino también
el éxito individual y social en la vida.
El
hombre no ha sufrido grandes cambios en su evolución física, salvo el progreso
que la ciencia y la técnica han incorporado al mismo, pero la constitución
mental y social ha cambiado mucho más.
Los
paradigmas no son los mismos y han ido adecuándose a la evolución social.
El
hombre antes definido como un ser bisexuado, es hoy un ser que escapa a dicha
clasificación, y apunta a una apertura
en cuanto al modo sexual, más allá de la conformación anatómica y fisiológica.
Los
valores y la moral que imperaban siglos atrás se han aggiorando hacia una
concepción más dúctil y versátil de acuerdo a los tiempos y a la localización
de las comunidades.
Sin perder la
mira que así como la educación es un valor inalienable, lo son también
la libertad, la vida, la justicia, el equilibrio, la bondad, y la capacidad de
abastecerse y guiarse a sí mismo.
Comprender
esta situación es elemental para establecer un diagnóstico de la sociedad,
considerar un pronóstico de la misma y realizar una proyección en la cual debe
ubicarse a la Educación, lo más cercana posible a la realidad.
El
eje ha cambiado.
Ya
no son lo prioritario los contenidos, sino
que es el hombre la prioridad.
El
hombre actual, tal cual es y cómo vive.
Con
las condiciones de su existencia, en un marco informático, donde el alcance a
la información es casi ilimitado, y con un lenguaje más adecuado a la imagen
que al oral y escrito tradicional.
La calidad de la
educación, debe medirse en sus aspectos cualitativos.
Si
bien es cierto que es un objetivo primordial extender el alcance hacia todas
las personas sin distinción, como derecho inalienable del ser humano, ese
objetivo no debe ir en desmedro de una educación mejor, adecuada, y que cumpla
los requisitos para que el educando pueda valerse en la vida de hoy.
Hay
estrategias que ya han sido superadas, y que no se pueden aplicar.
El
objetivo principal hoy es la organización de centros educativos tanto de
docentes como de alumnos, que estén a tono con la realidad que circunda a la
comunidad educativa.
El fin último,
es adquirir la sabiduría, es decir que el conocimiento sea adecuado para que
viva de la mejor manera, y que de ese modo pueda ser absolutamente libre e
impedir que lo dominen.
Es
pertinente tomar en cuenta las propuestas que ha señalado la UNESCO en cuanto a
la Educación.
Ellas
son: aprender a ser, aprender a
aprender, aprender a hacer y aprender a convivir.
Nótese
que en ellas está condensado todo el espectro del ámbito educativo, el hombre,
su quehacer, su conocimiento, y su relación con los demás.
Cuáles
son las estrategias que hay que intentar para lograrlo, ese es el gran desafío.
En
primer lugar el hombre en sí mismo, destinatario y objeto de la educación.
La
cual debe servirle para una vida digna y exitosa.
Los
parámetros y las estrategias deben ser adecuados a la inserción del hombre en
la sociedad en que vive, y con las condiciones en la que vive.
Luego
la capacidad de aprender; darles las herramientas para que el aprendizaje de
los conocimientos se convierta en sabiduría, es decir sea eficaz para emplearlo
en la vida.
La
capacidad de hacer, en el concepto de realizar lo adecuado, lo correcto, lo
bueno y lo beneficioso.
Desde
un lugar equilibrado, sin jactancias y con armonía tanto interior como con el
contexto social.
Por
último enseñar a convivir como condición necesaria de una vida auténtica, en
paz y unión, que haga a la felicidad de todos y de cada uno de los miembros de
la sociedad.
Elias
D. Galati

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