
Durante los últimos 70 años, gobiernos populistas han castigado a los agricultores con fuertes gravámenes a fin de aplacar a su electorado urbano.
El Mercurio (Chile) / Notiar 29/3/200816:25hs Pocos países son tan bendecidos por la naturaleza como Argentina. Si se planta trigo o porotos de soja en las pampas fértiles, éstas producirán abundantes cosechas. Si se suelta una vaca, se tendrá la mejor carne de vacuno del mundo.
Así al menos indica el estereotipo. De hecho, los agricultores argentinos están entre los más activos y eficientes del mundo. Tienen que serlo: pocos países han tenido gobiernos tan malos como Argentina.
Durante los últimos 70 años, a menudo han sido los agricultores y sus exportaciones los que han rescatado la economía sólo para ver que gobiernos populistas en Buenos Aires saquean las pampas para aplacar a su electorado urbano.
Plan temporal
Ese patrón se está repitiendo. Los agricultores argentinos han estado bloqueando los caminos en protesta por lo que consideran un alza punitiva de un impuesto a sus exportaciones.
Puesto que los precios mundiales del trigo y los porotos de soja han llegado a niveles récord, la Presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, estima que los agricultores podrían compartir su buena racha con el resto del país. Y la idea está prendiendo. Debido a que algunos productos básicos repentinamente se han vuelto escasos, los gobiernos de todo el mundo están castigando severamente los impuestos o cuotas a las exportaciones agrícolas con la esperanza de que esto evite el alza de precios en casa.
Virtualmente, cada arancel es una pequeña parte de una economía insana; pero uno destinado a entorpecer a sus mejores exportadores es aún peor.
Al igual que muchas ideas locas, esto empezó como un plan temporal (y no tan loco). En 2002, Argentina se vino abajo por el colapso financiero, el no pago de la deuda y una enorme devaluación monetaria. La mitad de la población quedó sumida en la pobreza y el desempleo llegó al 21 por ciento. Pero los agricultores exportadores tuvieron una suerte inesperada gracias a la devaluación, la que aumentó cuando los precios mundiales de los productos agrícolas empezaron rápidamente a subir.
Por lo tanto, el gobierno impuso los impuestos a las exportaciones, en un principio de 20 por ciento más o menos. Como una medida de emergencia, esto se podría justificar por dos razones. La primera evitaba que los agricultores dejaran el mercado local desabastecido, lo que habría hecho subir los precios para aquella ciudadanía empobrecida. La segunda contribuía a un excedente fiscal, que ayudaba al gobierno a estabilizar la economía.
Desaciertos
Puesto que las exportaciones crecieron a pesar de los impuestos, Argentina se recuperó firmemente. Pero en lugar de deshacerse de los impuestos, Néstor Kirchner, el predecesor y marido de Fernández, los aumentó. Incluso prohibió las exportaciones de carne de vacuno durante seis meses, lo que destruyó años de paciente creación de una marca y un mercado en el extranjero y estimuló a los agricultores a cambiar de rubro.
El desenfrenado gasto público del Mandatario convirtió una firme recuperación económica en un fuerte recalentamiento. La inflación está causando estragos en los ingresos de la gente y en la competitividad de los exportadores. En sus nuevos niveles de hasta el 40%, es probable que los impuestos a las exportaciones desencadenen una declinación en la producción agrícola y, con el tiempo, una nueva crisis de la balanza de pagos. Y si los precios caen, los agricultores no estarán en buena forma para hacerles frente.
Todo esto se ajusta incluso más a otros países con agricultores menos eficientes que Argentina y sin la excusa de su reciente emergencia social.
Si contienen las exportaciones de productos, los gobiernos tal vez compren un alivio de corto plazo para los consumidores; pero al costo de bajar la producción y los ingresos internos y cambiar los recursos para producir otras cosas. Es el equivalente político de un gaucho que se enlaza él mismo con sus propias boleadoras.
Fuente: El Mercurio (Chile)
Gentileza de Notiar
El Mercurio (Chile) / Notiar 29/3/200816:25hs Pocos países son tan bendecidos por la naturaleza como Argentina. Si se planta trigo o porotos de soja en las pampas fértiles, éstas producirán abundantes cosechas. Si se suelta una vaca, se tendrá la mejor carne de vacuno del mundo.
Así al menos indica el estereotipo. De hecho, los agricultores argentinos están entre los más activos y eficientes del mundo. Tienen que serlo: pocos países han tenido gobiernos tan malos como Argentina.
Durante los últimos 70 años, a menudo han sido los agricultores y sus exportaciones los que han rescatado la economía sólo para ver que gobiernos populistas en Buenos Aires saquean las pampas para aplacar a su electorado urbano.
Plan temporal
Ese patrón se está repitiendo. Los agricultores argentinos han estado bloqueando los caminos en protesta por lo que consideran un alza punitiva de un impuesto a sus exportaciones.
Puesto que los precios mundiales del trigo y los porotos de soja han llegado a niveles récord, la Presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, estima que los agricultores podrían compartir su buena racha con el resto del país. Y la idea está prendiendo. Debido a que algunos productos básicos repentinamente se han vuelto escasos, los gobiernos de todo el mundo están castigando severamente los impuestos o cuotas a las exportaciones agrícolas con la esperanza de que esto evite el alza de precios en casa.
Virtualmente, cada arancel es una pequeña parte de una economía insana; pero uno destinado a entorpecer a sus mejores exportadores es aún peor.
Al igual que muchas ideas locas, esto empezó como un plan temporal (y no tan loco). En 2002, Argentina se vino abajo por el colapso financiero, el no pago de la deuda y una enorme devaluación monetaria. La mitad de la población quedó sumida en la pobreza y el desempleo llegó al 21 por ciento. Pero los agricultores exportadores tuvieron una suerte inesperada gracias a la devaluación, la que aumentó cuando los precios mundiales de los productos agrícolas empezaron rápidamente a subir.
Por lo tanto, el gobierno impuso los impuestos a las exportaciones, en un principio de 20 por ciento más o menos. Como una medida de emergencia, esto se podría justificar por dos razones. La primera evitaba que los agricultores dejaran el mercado local desabastecido, lo que habría hecho subir los precios para aquella ciudadanía empobrecida. La segunda contribuía a un excedente fiscal, que ayudaba al gobierno a estabilizar la economía.
Desaciertos
Puesto que las exportaciones crecieron a pesar de los impuestos, Argentina se recuperó firmemente. Pero en lugar de deshacerse de los impuestos, Néstor Kirchner, el predecesor y marido de Fernández, los aumentó. Incluso prohibió las exportaciones de carne de vacuno durante seis meses, lo que destruyó años de paciente creación de una marca y un mercado en el extranjero y estimuló a los agricultores a cambiar de rubro.
El desenfrenado gasto público del Mandatario convirtió una firme recuperación económica en un fuerte recalentamiento. La inflación está causando estragos en los ingresos de la gente y en la competitividad de los exportadores. En sus nuevos niveles de hasta el 40%, es probable que los impuestos a las exportaciones desencadenen una declinación en la producción agrícola y, con el tiempo, una nueva crisis de la balanza de pagos. Y si los precios caen, los agricultores no estarán en buena forma para hacerles frente.
Todo esto se ajusta incluso más a otros países con agricultores menos eficientes que Argentina y sin la excusa de su reciente emergencia social.
Si contienen las exportaciones de productos, los gobiernos tal vez compren un alivio de corto plazo para los consumidores; pero al costo de bajar la producción y los ingresos internos y cambiar los recursos para producir otras cosas. Es el equivalente político de un gaucho que se enlaza él mismo con sus propias boleadoras.
Fuente: El Mercurio (Chile)
Gentileza de Notiar

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