"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

miércoles, 22 de mayo de 2019

TEOREMA


Una buena amiga, antropóloga y más bien de letras, así como también simpática e inteligente me envió muy contenta la explicación del teorema de Pitágoras.
Reconozco que Pitágoras siempre me ha caído bien, sobre todo desde que leí una frase suya, que 2.500 años después sigue totalmente vigente, y que dice:
"Más le vale a un hombre tener la boca cerrada, y que los demás le crean tonto, que abrirla y que los demás se convenzan de que lo es"
Pero volvamos a lo de mi amiga.

Parece que Pitágoras no paraba mucho en su casa, y Enusa, su esposa, aprovechaba tal situación para copular con 4 campesinos analfabetos y bastante "catetos"
(Así les llamaban desde la antigua Grecia ) que cuidaban sus tierras.
Un día que Pitágoras volvió temprano a casa (nunca hay que volver antes de lo habitual a casa sin avisar), los sorprendió, y muy enfadado mató a los cinco.
Luego decidió enterrarlos en el jardín, un precioso terreno de forma rectangular, el doble de largo que de ancho.
En consideración a su esposa dividió el terreno por la mitad, quedando dos cuadrados iguales y en uno de ellos enterró a Enusa.
El otro cuadrado lo dividió a su vez en cuatro partes iguales y enterró en ellos a cada uno de los campesinos…
De esa forma entre los cuatro ocuparon un espacio idéntico al que ocupaba la esposa.

Luego, ya más calmado, subió a la montaña para meditar y mirando desde la cima hacia su jardín pensó:
"La suma de los cuadrados de los catetos es igual al cuadrado de la puta Enusa".
Ay, si así me lo hubieran explicado en el colegio, JAMÁS lo hubiera olvidado a ese maldito teorema..

Las causas judiciales de Cristina Kirchner:


Un límite para el juego inicial de Alberto Fernández
El candidato viene descalificando casi a diario el papel de la Justicia en los casos por corrupción.
Asoma contradictorio frente al objetivo de sumar votos más allá de la sólida base kirchnerista.
Además, está la apuesta al PJ.
Y los gestos hacia “factores de poder”

Por Eduardo Aulicino

Apenas puesto a caminar como candidato a presidente, Alberto Fernández contó que el análisis básico de Cristina Fernández de Kirchner para consagrarlo habría sido el siguiente:
Él tendría la virtud de sumar y ella misma, al revés, la carga de dividir.
Ese sería el cálculo básico para resolver una fórmula de peso inverso, donde la ex presidente aseguraría la masa sustancial de votos y el ex jefe de gabinete debería agregar el plus necesario para romper el techo actual.
Tarea compleja en la que el primer obstáculo quedó a la vista:
La ofensiva contra las causas por corrupción no aporta al rearmado de imagen.

Esa tarea, por supuesto, incluye y trasciende el terreno electoral en términos de campaña.
También hace al tejido con sectores del PJ, con Sergio Massa y con los gobernadores como objetivos territoriales.
Y además anota el ejercicio –ya iniciado, como operador destacado del proyecto CFK- que supone transitar puentes propios para reponer relaciones de la ex presidente y el mundo empresarial, entre otros sectores distantes y de considerado poder de influencia.
Este último objetivo era aceptado con cierto malestar y resignación en el Instituto Patria como un precio a pagar para volver al poder, con aliviada exposición de su jefa política.
Así, según se decía en medios peronistas, lo habrían asimilado los sectores más duros del círculo de la ex presidente, no sólo La Cámpora, que además no descuida sus espacios internos.
Algunos de sus dirigentes, entre ellos el propio Máximo Kirchner, Andrés Larroque y Eduardo Wado de Pedro, venían hilvanando acuerdos con gobernadores y con intendentes del GBA.
Eran el eje único de negociación efectiva.

Alberto Fernández no fue el iniciador de ese tipo de tratativas, pero añadió sin dudas otros y diferentes elementos con su reciente nominación:
Según se escucha, facilita el discurso de "unidad amplia", sin la ex presidente con su formal candidatura como condicionante, y sugiere "garantías" de una relación más atenta y no fuertemente subordinada para los jefes provinciales.
El interés, en este caso, está puesto en el apoyo político real.
Algunos sólo han hecho guiños y otros expresan renovada vocación kirchnerista, según el peso de la marca CFK –es decir, niveles de adhesión o rechazo a nivel local-, con un agregado:
La mayoría de ellos habrá resuelto sus propias reelecciones en los tres primeros fines de semana de junio.
La cuestión de fondo es entonces asegurar un compromiso sólido para la larga campaña nacional, con despliegue de las estructuras oficiales propias en un año de cuidada exposición de otro tipo de aportes, especialmente financieros.

Distinta atención genera el efecto de la designación del ex jefe de Gabinete en el mundo de los "poderes fácticos" y alrededores, polos de atracción permanente más allá del discurso.
Desde su alejamiento del circuito de la ex presidente, Alberto Fernández era duramente criticado y descalificado por sus contactos con industriales de primera línea, banqueros y hasta ruralistas.
También, por supuesto, por sus contactos con representantes de la diplomacia de Estados Unidos y hasta con referentes, pasados o actuales, de organismos internacionales.

En estas horas, el acceso a esos puentes es incluso exagerado entre las funciones que se le asignan como candidato, para recrear o generar vínculos que por lo bajo son considerados estratégicos: desde el FMI hasta los mercados y los inversores extranjeros.
Sólo la Iglesia, cultivada desde hace rato aquí y en Roma incluso por la ex presidente, quedaría afuera de tales especulaciones y pasos reales.
Otra cosa serían las señales al electorado.
Y en primer lugar, las que se contemplan como dirigidas a franjas opuestas al Gobierno y a la vez lejanas o refractarias al proyecto CFK.
Ese sería el sector, heterogéneo y más independiente, sobre el cual debería trabajar Alberto Fernández como expresión "moderada", según el concepto más sencillo.
Sin embargo, el ex jefe de Gabinete viene escalando en sus definiciones contra los casos judiciales que involucran a la ex presidente, con múltiples procesos y, ayer mismo, enfrentada a su primer juicio oral y público, por el manejo de la obra pública: dijo que se "inventó una historia truculenta para incluir a Cristina en esta causa".

Ese tipo de declaraciones –en algunos casos contradictorias con dichos de otra época- venía creciendo desde antes de su postulación.
Quizá la más sonora fue aquella advertencia sobre las cuentas que deberían rendir, dijo, cinco jueces y camaristas federales.
Pero más inquietantes fueron las recientes definiciones sobre la voluntad de "revisar muchas sentencias".
Pensado en perspectiva de un triunfo electoral, sólo proyecta sombras y da sustento a las especulaciones sobre un indulto.
Los dichos de las últimas horas expresaron a la vez los mismos cuidados expuestos por la ex presidente –al eludir el saludo a ex funcionarios, ayer, en la audiencia judicial-, porque su descalificación de las causas por corrupción parecen tener un único objetivo:
Preservarla de manera exclusiva, sin entrar en debate sobre Julio De Vido, José López o Lázaro Báez, como ocurrió apenas regresado a Buenos Aires desde Río Gallegos.
Esos elementos asoman como los que "dividen".
Puede decirse, según la opinión generalizada entre consultores y políticos, que las denuncias y causas por corrupción no alterarían la base de apoyo del kirchnerismo.
Pero se supone que la necesidad de sumar más allá del voto propio sería el motor de la fórmula tal como fue presentada el sábado último.

Alberto Fernández enfrenta además dos dudas iniciales, más allá incluso de su voluntad.
Una tiene que ver con el cierre de la dupla, que en medios peronistas genera interpretaciones sobre una posible reformulación si así llegaran a requerirlo las negociaciones para "ampliar la unidad".
Eso quedaría en claro a más tardar en un mes, cuando venza el plazo para anotar las listas.
La otra remite al poder detrás del poder.
Algo que él mismo había dejado plantado como tema cuando sostenía que la mejor resolución era la candidatura CFK, para evitar el efecto Cámpora-Perón o "títere".

Despejar esa incertidumbre es un trabajo tal vez más persistente, contra el cual conspiraría la batalla asumida en el frente judicial.

Wall Street y CFK.


En Wall Street creen que Cristina Kirchner mostró que no tiene los votos para ganarle a Mauricio Macri
En Nueva York interpretan el anuncio de la fórmula Fernández-Fernández como un reconocimiento de debilidad electoral
Por Francisco Seminario

En Wall Street siguen de cerca los movimientos políticos de la Argentina
"Es como si Game of Thrones se hubiera congelado en el anteúltimo capítulo", graficó un estratega de inversiones de un banco neoyorquino.
En ese estado de expectativa e incertidumbre se encuentran los analistas de Wall Street que día a día siguen los avatares de la política argentina.
Todos los pronósticos para el capítulo final quedan de momento suspendidos.
Todavía falta mucho para la primera vuelta electoral y más aún para la segunda.
El escenario sigue abierto y mucho dependerá de la evolución de la economía.
Pero pasada la primera sorpresa algunos expertos de Nueva York y Washington coinciden en resaltar un dato de impacto político inmediato:
El reconocimiento implícito de debilidad electoral que supuso la decisión de Cristina Kirchner de colocar a Alberto Fernández al frente de la fórmula presidencial.

El mercado lo interpretó ayer bajo esa misma luz, por eso no hubo sobresaltos en Wall Street.
Sólo con los votos del kirchnerismo duro, razonan los analistas con algún voluntarismo, no le alcanza a la ex presidenta para derrotar a Mauricio Macri.
"Quedó claro que las posturas radicales no pueden ganar en la Argentina", resumió a Infobae Walter Molano, economista jefe para mercados emergentes de BCP Securities, de Nueva York.
Desde ese punto de vista, el centro obtuvo ya un primer triunfo, aún antes de competir.
Una derrota simbólica similar sufrió la ex presidenta cuando debió elegir a Daniel Scioli como candidato en 2015, recuerdan.
Pero en este caso el revés para Cristina Kirchner es doble, dijo Molano, porque ese centro peronista que pretendió conquistar con Alberto Fernández como abanderado no se unificó detrás de su candidatura.

"Cristina jugó a tomar el control del partido pero no lo logró, y ahora además va como candidata a vice", señaló el experto.
A su juicio, el escenario está hoy más o menos donde estaba una semana atrás, con una diferencia que puede modificar el tablero:
El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, asoma como "el gran ganador" porque luego de su triunfo en la provincia quedó posicionado para convertirse en el conductor del peronismo moderado, donde "no hay lugar para la ex presidenta".
Su voluntad de liderar ese espacio, si la tiene, empezará a verse con más nitidez en los próximos días.

Benjamin Gedan, responsable del Argentina Project del Woodrow Wilson Center, en Washington, cree que el gesto de Cristina fue "demasiado tímido" como para ser exitoso.
"Si se hubiera autoexcluido, quizá hubiera logrado unificar al peronismo y darle así un golpe de gracia a los sueños reeleccionistas de Mauricio Macri", indicó a Infobae.
"Al permanecer en la fórmula, seguirá ahuyentando a los peronistas moderados y a los votantes indecisos, desilusionados con Cambiemos pero traumatizados aún con la corrupción cristinista y con las divisiones políticas como para permitirle siquiera acercarse a la Casa Rosada", completó el experto.
La presencia de la ex presidenta en Comodoro Py será hoy un recordatorio para ese electorado que por ahora no tiene dueño, al que todos intentarán seducir.
Así y todo, hay interpretaciones diferentes, que recomiendan mirar con cautela.
Para Daniel Kerner, especialista para América latina del Eurasia Group, la unificación de la oferta peronista es todavía una moneda que gira en el aire.
"Habrá que esperar para ver si fue exitosa o no", dijo a Infobae sobre la jugada de la ex Presidente.
Ese éxito, sostuvo, se va a medir por su capacidad de expandir el espacio kirchnerista, algo que para el experto es una posibilidad cierta, aunque "va a depender de qué tan desordenado quede Altenativa Federal y, sobre todo, de lo que haga (Sergio) Massa".

"También van a ser importantes las señales que dé Alberto Fernández sobre qué va a hacer en el poder si gana, hoy eso es todavía confuso", agregó Kerner. Según el especialista del Eurasia Group, el ex jefe de Gabinete kirchnerista es un "pragmático" que cuando participó de la mesa chica de los Kirchner "fue uno de los defensores de las políticas más racionales, tenía buena relación con el Grupo Clarín y era uno de los operadores políticos más astutos del gobierno".

Esto podría traducirse en "una mayor predisposición a negociar con el FMI, a evitar un default y a resistir las inclinaciones más intervencionistas de Cristina y algunos de sus asesores", indicó Kerner.
Pero el gran interrogante es quién de los dos tendría la última palabra.
"Ella parece estar dando un paso atrás para asegurar su victoria, no para perder influencia", concluyó.

Argentina hasta la muerte...

martes, 21 de mayo de 2019

Cristina es Gollum.


Por Lili Oger

La ves llegando al juicio y ni todo el botox, ni las extensiones, ni el maquillaje pueden disimular la putrefacción de su persona interior.
Y es que su cara define quien es, aunque suene Lombrosiano.
Ya sólo encierra envidia, maldad, odio, revancha, furia...

Cristina Elisabet Fernandez sabe despertar pasiones pero no siente nada, salvo ambición.
No ama a sus hijos.
Se nota en la forma vacía en que habla de ellos, incluso en tercera persona.
No ama a nadie.
Como no siente busca algo que reemplace ese vacío interior, y eso la pierda.
Quizás la mejor muestra de humanidad con este ser repugnante, fruto del vacío sería la pena capital.

El peor castigo no sería la cárcel sino el ostracismo definitivo en alguna isla solitaria,
donde se viera obligada a confrontar con ella misma hasta el fin de sus días…
Lili Oger

Dos argentinos


CARTA A LA NACIÓN DEL 20-5-2019.

Marcelo nació en octubre del 47.
Mario Eduardo nació en enero del 48.
Marcelo viene de clase media y es huérfano de padre desde muy chico.
Mario Eduardo viene de clase media y creció en una familia felizmente constituida.

Marcelo estudió en un colegio católico.
Mario Eduardo en el Nacional de Buenos Aires.
Marcelo fue miembro de la Acción Católica.
Mario Eduardo fue presidente de la Juventud Estudiantil Católica.
Marcelo terminó el secundario e ingresó en el Colegio Militar.
Mario Eduardo terminó el secundario y junto con otros fundó el Movimiento Montoneros.

Marcelo se recibió de subteniente en 1970.
Mario Eduardo en 1970 fue parte de la Operación Pindapoy, en la que secuestraron y asesinaron al general Pedro Eugenio Aramburu.
Marcelo, en los años siguientes, se capacitó para ser un mejor oficial al servicio de la Patria.
Mario Eduardo lideró Montoneros y se capacitó en técnicas revolucionarias en Cuba, Rusia, Libia, para atacar a la Patria.
Marcelo en la década del 70 estaba casado, tenía tres hijos y vivía del exiguo sueldo de oficial subalterno con sucesivos traslados.
Mario Eduardo en la misma década vivía del producto de secuestros, robos y asesinatos.
Marcelo nunca mató a nadie.
Mario Eduardo, sí.
Marcelo está preso.
Mario Eduardo está libre y da conferencias sin ningún tipo de arrepentimiento.

Para la Justicia argentina, Marcelo es un asesino de lesa humanidad y Mario Eduardo es un joven idealista.

Marcelo, como argentino te pido perdón y también te pido que perdones a aquellos que injustamente te tienen detenido porque no saben lo que hacen…

Ricardo F. Moretti

lunes, 20 de mayo de 2019

La "lapidación" que ordenó Cristina


Laura Di Marco

El kirchnerismo intensifica una operación política y mediática para demoler al presidente de la Corte, Carlos Rosenkrantz, un juez incómodo para los planes de impunidad de Cristina Kirchner y probablemente para el trío peronista del máximo tribunal que esta semana logró dejarlo nuevamente aislado, aunque paradójicamente más legitimado frente a la sociedad, al convertirse en el único cortesano que votó en contra del escandaloso "salvataje" de la expresidenta que casi consuma el máximo tribunal.
Como ironizó el politólogo Andrés Malamud en un picante tuit:
Ganó Rosenkrantz 1 a 4.
El descrédito social que ganó la mayoría cortesana peronista durante la última semana solo puede equipararse con la deslegitimación que afrontó el propio Rosenkrantz cuando, en 2017, votó a favor de la aplicación del cómputo del "2X1" para los condenados por crímenes de lesa humanidad.
Todo lo que va vuelve entre los dos rivales de este drama, el actual presidente de la Corte y su antecesor, Ricardo Lorenzetti.
Un duelo que solo aumenta el otro riesgo país:
El riesgo legal.

¿De qué se trata?
Es el riesgo que ofrece una Corte Suprema atravesada por las luchas de poder, politizada e impredecible.
Precisamente, uno de los obstáculos que vino demorando el ingreso de la Argentina a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) es la precariedad de su sistema judicial.
Y el ingreso al organismo es clave para atraer inversiones al país.

Militante de una justicia republicana (porque Rosenkrantz es un militante en esa épica), idealmente desligada de las demandas de gobernabilidad del Ejecutivo, este ex militante juvenil alfonsinista simboliza la contracara de Zaffaroni, quién se acaba de manifestar a favor de "eliminar" el Poder Judicial.
Es decir: ahora ya no se trata de "democratizar" la Justicia, sino de impulsar una reforma constitucional para, eventualmente, preparar el territorio de una imaginada hegemonía cristinista.
Para el ala radicalizada de CFK habría que quitar el Poder Judicial para fortalecer el Ejecutivo.

La estrategia de campaña de Cristina incluye, entre otros blancos, esmerilar al principal archienemigo de Lorenzetti, con quién, según coinciden en el Instituto Patria y en el Gobierno, se habría reunido la ex presidenta hace poco más de un mes.
Para su soñado regreso, el sector más institucionalista -Alberto Fernández, digamos- sueña con ver a Horacio Rosatti, ex ministro de Justicia kirchnerista, en la silla de Rosenkrantz.
En el Gobierno especulan, incluso, con una hipótesis más audaz, aunque no descabellada teniendo en cuenta la última jugarreta fallida:
Maqueda, Lorenzetti y Rosatti, los tres de filiación justicialista, buscarían evitar la foto de otro ex presidente peronista en el banquillo de los acusados -o peor, condenado- por asuntos de corrupción.
Esta supuesta estrategia podría beneficiar a Carlos Menem por la causa de los sobresueldos, que está por llegar a la Corte.
Claro que después del escándalo judicial de esta semana todas estas elucubraciones tienden a revisarse.

"A Cristina le gustaría verlo (a Rosenkrantz) en el banquillo del juicio político", susurran en el Instituto Patria.
Este razonamiento simplificado y paranoico podría resumirse así:
Rosenkrantz es Clarín porque, en el pasado, fue abogado de ese grupo.
El cristinismo suele proyectar en los otros las propias exigencias internas de sumisión, obediencia y lealtad tóxica.
Como bien grafica Alejandro Fargosi:
"Yo he sido abogado de un montón de empresas a lo largo de mi carrera, pero eso no quiere decir que me hayan comprado el alma".

La estrategia de limar a Rosenkrantz comenzó en el mismo momento de su designación como juez de la Corte y se intensificó a partir de su nombramiento al frente del máximo tribunal, cuando su antecesor movió hilos internos, según afirman fuentes cortesanas, para quitarle facultades administrativas que históricamente habían sido de la presidencia, como la designación de personal.
El segundo round sucedió el día que hizo su primer discurso de apertura del año judicial:
Diez jueces federales decidieron pegar el faltazo a esa ceremonia.
"Ese vacío no tuvo tanto que ver con Rosenkrantz, sino con la lealtad que ellos tienen hacia Lorenzetti", resume uno de los magistrados que sí estuvo presente. Aquel 19 de marzo Rosenkrantz asumió una autocrítica profunda.
Admitió que el Poder Judicial atraviesa una "crisis de legitimidad", pero fue aún más lejos:
"Hay dudas de que nos comportemos como verdaderos jueces de la democracia republicana";
"se empieza a generalizar la sospecha de que servimos a intereses diferentes al derecho".
Precisamente, por ahí arrancó la operación mediática para lapidarlo:
Sembrando sospechas sobre su integridad, mezclando argumentos verdaderos con falsos, para configurar un supuesto conflicto de intereses entre su rol de supremo y su vida anterior como abogado o apoderado de un gran listado de empresas.
Por Twitter, días atrás, se desató una polémica sobre filosofía del derecho e interpretación de reglas procesales entre Andrés Rosler y Osvaldo Pérez Sammartino contra Aníbal Fernández. No hace falta explicar quién ganó.

El kirchnerismo le endilga al presidente de la Corte haber intervenido como juez en causas donde están involucradas empresas de las que él fue abogado.
El punto es que, según la regulación que hace el Código Procesal sobre los conflictos de intereses, la incompatibilidad es con la causa, no con el cliente.
Fargosi lo explica así: "La excusación corresponde cuando un juez debe opinar en la misma causa en la que antes intervino como abogado.
¿Por qué?
La propia Constitución pide, como mínimo, que un juez de la Corte trabaje antes como abogado por un plazo mínimo de ocho años.
Pero cuando se llega a la Corte, que es el final de una carrera, se ha trabajado 30 o 40 años como abogado y se ha defendido a cientos de clientes.
Es decir, sería contrario al sentido común que, como juez, no pudiera juzgar casos que involucren a esos clientes en aquellos pleitos que no tuvieron nada que ver con él".

Hay que agregar que Macri contribuyó a las dificultades de legitimación de Rosenkrantz cuando, a instancias de uno de sus abogados preferidos, Fabián "Pepín" Rodríguez Simón, lo nombró por decreto.
Y también el propio Rosenkrantz hizo un aporte a su auto lapidación cuando decidió ir a la fiesta de casamiento de la hija de Rodríguez Simón y sacarse fotos con él.
Como dice Martín Böhmer: un juez no solo tiene que ser sino parecer".
Böhmer fue, junto a Rosenkrantz, Saba y Gargarella, integrante de los "Nino boys", el grupo de jóvenes alfonsinistas referenciados en Carlos Nino, el jurista que convenció a Alfonsín de impulsar el juicio a las Juntas.

El origen del actual presidente de la Corte vuelve más sorpresiva su opinión favorable sobre el fallo que, en su momento, beneficiaba a represores.
Pero Rosenkrantz es este tipo de juez, que replica el paradigma de Carmen Argibay:
Está convencido de que un magistrado está para aplicar las leyes, no para decidir si le gustan o no.
El problema es que está rodeado por quienes sostienen la lógica contraria: la de la construcción de poder.

¿Se podrá realmente cambiar y presidir la Corte argentina como si fuera la danesa?

¡¡JA JA JA JA!!


AGENCIA OPI SANTA CRUZ
Por Rubén Lasagno –

Esta es una nota sin título, solo una onomatopeya para describir lo que nos ocurre tras la sorpresa mediática de “la fórmula” Alberto Fernández – Cristina Fernández, disparada como un  chiste de mal gusto al corazón de los argentinos a quienes intentan agarrar desprevenidos.

Tras esta ocurrencia, no puedo articular ningún título serio.
Poner: “La fórmula del kirchnerismo es Fernández-Fernández” o “Finalmente sorprendió la fórmula Alberto Fernández a presidente y Cristina Fernández de Vice”, sería una falta total de criterio y de una chatura sustancial desde lo periodístico.
No debe haber un acto políticamente menos correcto, que presentar este binomio de cínicos, mentirosos y fracasados, como alternancia
Pero más aún, polarizando los cargos, entre otra cosa, porque la viuda no quiere figurar en las PASO y manda a su “panqueque charlatán” como mascarón de proa para encarar el oleaje y recibir las cachetadas mediáticas, mientras ella juega de atrás (como siempre lo hizo), moviéndole los hilos al muñeco y ordenando qué hacer, qué decir, cómo y cuándo hacerlo.
¿O alguien puede creer que una “vice” como ella, quedaría relegada a papeles secundarios en un hipotético gobierno, que (ahora sí) estoy seguro jamás llegará a la Argentina, porque es tan insultante, hilarante, cómica y ridícula la propuesta política del kirchnerismo que hasta muchos de ellos mismos ni siquiera la votaría, por lo que implica Alberto Fernández en los zapatos de CFK.

Este parásito talibán, que en su momento ayudó a robar a los Kirchner 150 mil millones de dólares
¿Alguien cree que tardaría mucho en mostrar su “renunciamiento” y dejarle la presidencia a la jefa de la banda?.
Patético, insultante de la inteligencia colectiva.
¡Un asco!

Hace poquito tiempo atrás, solo el 17 de diciembre de 2015, después de perder las elecciones CFK el oportunista Alberto Fernández, cómplice político de Néstor y Cristina, escritor del libro de la viuda, como buen traidor y panqueque político decía:
«Creo que ahí Cristina tiene una enorme distorsión sobre la realidad, francamente lo digo.
Si Cristina revisa las cosas que dijo, debería rectificarse un montón de cosas.
Llegó a decir que Alemania estaba peor que nosotros en materia de pobreza.
Sostuvo hasta el final que el cepo no existía y que la inflación no es importante.
Eso es negación, es una negación terca, por momentos absurda»

«Los que traicionaron fueron los que se callaron la boca y le permitieron hacer a Cristina todo esto para permitir que hoy Macri sea presidente, los que aplaudieron a Cristina…
Los que no fueron capaces de decirle: ‘Cristina, es mentira lo que estás diciendo’

“Todo lo que hizo con la justicia es deplorable, lo que hizo y no hizo con la muerte de Nisman es deplorable. Me cuesta mucho encontrar algo valioso en el último tramo del gobierno de Cristina”.
«Si Evita viviera se atormentaría con todo esto. Sería muy crítica de posiciones abusivas»

«De haberme quedado [en el gobierno de Cristina], debería haber sido parte del séquito de obedientes.
Para mí la política no es un ejercicio de obediencia, es un ejercicio de reflexión y de debate.
La que se olvidó de eso fue Cristina»

«El peronismo a lo largo de la democracia fue todo. Y eso no vale. El peronismo fue conservador con [Ítalo] Luder, fue neoliberal con [Carlos] Menem, fue conservador-popular con [Eduardo] Duhalde, fue progresista con [Néstor] Kirchner y solo fue patético con Cristina. Fue patético, fue el partido de la obediencia»

«Creo que al kirchnerismo no hay que matarlo, hay que superarlo.
Hay que hacer algo superador al kirchnerismo».

«Algún día Ercolini, Bonadio, Irurzun, Hornos y Gemignani van a tener que explicar las barrabasadas que escribieron para cumplir con el poder de turno», dijo hace pocos días el hoy candidato a presidente por el kirchnerismo, dentro del contexto del plan difundido por Mempo Gardinelli para eliminar la justicia del país e imponer un “servicio de justicia”, tipo Venezuela y con el mismo concepto de justicia que el de Maduro”.

Sinceramente…
¿Alguien que dijo ésto, puede presentarse hoy diciendo algo distinto de «su compañera de fórmula?
Respuesta: SI. En horas lo vamos a ver, porque la vergüenza no es un bien consumible en la política argentina y mucho menos aún, en el krichnerismo.

Sinceramente, nadie sabe aún qué hay y quién está detrás de esta fantochada política.
Algunos aseguran que habría un pacto político de impunidad entre el poder, la justicia y el kirchnerismo, para cambiar la fórmula electoral.
Todo se sabrá y seguramente el pueblo hará tronar el escarmiento en octubre, cuando la mayoría del país entierre definitivamente las esperanzas de las lacras políticas por prevalecer aún recubiertos de barro.

El Macrismo, los “Supremos” o el Peronismo, sufrirán las consecuencias públicas de ser funcionales a estos delincuentes.
Quienes se nieguen a encarcelar a la jefa de la banda, van a sentir en el futuro inmediato, las consecuencias de sus propias acciones.
Hoy solo debemos saborear el grotesco chiste que nos ofrecen los grotescos: la “fórmula”
“Alberto Fernández/Cristina Fernández”.
Lo demás, la realidad que pretenden dibujar las encuestas truchas, quedarán develadas cuando cada Argentino ponga el voto en las urnas y entierre, definitivamente, cualquier atisbo de resurgimiento de la delincuencia política/estatal, en el poder del país.

Si hay alguien que conoce bien a Cristina, ¡¡¡son los santacruceños!!!

domingo, 19 de mayo de 2019

Truco fallido


“La mistificación es un fenómeno frágil”. Laurence Debray

Dos pedidos de disculpas:
1) a los muchos a quienes aún no he podido responder sus comentarios de la nota del sábado; lo haré durante la semana; y
2) a todos, por saturarlos con dos envíos tan cercanos, pero creo que la situación lo amerita.

Cuando el viernes a la noche escribí mi columna habitual, obviamente no imaginaba que nuestra prestidigitadora egipcia lanzaría a la mañana siguiente el anuncio de su decisión de designar a Alberto “Camaleón” Fernández como candidato a Presidente de la Nación por Unión Ciudadana, reservándose el segundo puesto.
Los integrantes del sello del PJ que encabeza José Luis Gioja y se apelotonaron para la foto con ella, agotaron los stocks de hilo quirúrgico para suturarse el …
y se sumaron alegremente a la movida…

A mi modo de ver, se trata de una confesa muestra de clarísima debilidad.
Todas las recientes encuestas que tanto nos han alegrado o preocupado –dependiendo del lado de la grieta en que nos encontremos- anunciando su triunfo son falsas, a punto tal que ni siquiera Cristina cree en ellas.
¿Alguien puede ser tan ingenuo, después de haberla soportado durante doce años, que renunciaría al más alto cargo si hubiera creído en una ventaja de ocho puntos sobre Mauricio Macri en un ballotage?

Su ego es tal que ni siquiera permitió que fuera su Instituto Patria quien hiciera el anuncio de la fórmula que competiría y, por primera vez en la trayectoria mundial de la democracia, un precandidato a vice designó a quien encabeza la fórmula.
La lectura no puede ser más clara:
Soy yo quien decide.

Es decir, está convencida de que, como están las cosas, perderá otra elección –en 2017, esta genial mujer lo hizo contra dos “cuatro de copas” políticos, Esteban Bullrich y Gladys González- e intenta ahora evitar ser nuevamente la cara oficial de la derrota y ensayar alguna apertura en pos de votos ajenos.
Pero su neo y fiel amigo no podrá de arrimarle nada.

Aún cuando tuviera éxito en la misión de atraer a Sergio Massa al redil abandonado, en modo alguno significaría que los escasos votos que éste conserva pudieran trasvasarse al binomio pretendiente.
Las sociedades ya no son aquéllas sobre las cuales podía usar el dedo elector.
Pregúnteselo nada menos que a Luiz Inácio Lula da Silva, que no pudo hacerlo a favor de Fernando Haddad y permitió así el triunfo de Jair Bolsonaro.

Es cierto que Alberto Fernández tiene buenas relaciones con casi todo el espectro económico y político del país y del extranjero, puesto que ha usado todas las camisetas (cavallismo, menemismo, duhaldismo, nestorismo, massismo y, ahora, cristinismo) con buenos modales, pero nadie come vidrio.
No basta para convencer al círculo rojo que se haya desmarcado de la gestión de Cristina a punto de criticarla, hasta hace muy poco, agriamente.
Nadie cree en su capacidad de influir sobre el temperamento natural de ella.
Si la fórmula tuviera éxito, el comando estaría en manos de la viuda y volveríamos al “socialismo del siglo XXI”…
Los mercados lo saben y los precios de todos los activos argentinos –moneda, bonos, acciones, campos, industrias, inmuebles, etc.- se depreciarían a la velocidad del rayo y todos esos eventuales amigos perderían en consecuencia.

Tampoco olvidan que, como todos los jefes de Gabinete kirchneristas, padeció de una ceguera localizada que le impidió ver el trasiego de bolsos en el despacho presidencial y, en una muestra clara de su nueva conducta enumeró él mismo, en un reciente sincericidio, quiénes son los jueces que deberán cuidar sus espaldas para no ser convertidos inmediatamente en nuevos Alberto Nisman.
¿Se asustarán tanto los nombrados como para paralizar los juicios?
Además, conviene pensar que, a contramano de la historia del kirchnerismo, esto se produce a un mes largo de la fecha de cierre de las candidaturas.
Entonces, hasta que éstas se oficialicen, no es más que un amague exploratorio y la fórmula podrá cambiar, o invertirse, sin que a nadie asombre.
Ante la declinación de Felipe Solá y Agustín Rossi a sus respectivas postulaciones a la precandidatura y dado que ambos tenían parecida intención de voto que yo en los Estados Unidos, para no ser menos también desisto irrevocablemente de competir contra Donald Trump.
En cambio, Daniel Scioli informó que sostendrá la suya, para legitimar una PASO de ese espacio político.
No era cosa de dejar solo al binomio inversamente ungido.

Se especuló que el anuncio pretende preparar el terreno para un indulto.
Me parece un disparate adjudicar el “patriótico renunciamiento” que Cristina escenificó el sábado a esta causa:
De triunfar, siempre podría confiar en la generalizada cobardía o complicidad de los jueces para obtener la impunidad.
Por otra parte, los juicios por los zafarranchos del kirchnerismo aún no han comenzado y el trámite de la etapa oral de cada uno se extenderá, como mínimo, más de dos años.
Luego la Cámara Federal de Casación revisará cada fallo y, finalmente, éste irá a la Corte Suprema, que no tiene plazos para expedirse.
En resumen, estamos a años de una sentencia definitiva que habilitara, en caso de resultar condenatoria, un perdón presidencial.

Para no abusar más de usted, terminaré recomendando al Gobierno convencerse de que se trata de una buena noticia, y que debe abstenerse de reaccionar con precipitación o realizar cambios en sus propias fórmulas electorales.
Cristina Elisabet Fernández está buscando precisamente esto, y sería una inigualable torpeza permitirle que marque el paso del proceso.

Bs.As., 19 May 19
Enrique Guillermo Avogadro

sábado, 18 de mayo de 2019

Atrapados sin salida...


Desde  1983 hasta hoy, los pejotistas son mayoría en el Poder Legislativo.
Fueron ellos quienes “ungieron presidente a Eduardo Duhalde”
Estos y los políticos restantes permitieron que en el ´2003  se postularan 3 de ellos a presidente
Menem, Rodríguez Saá y Kirchner
...
Y siguieron siendo mayoría absoluta en ese “poder”
Kirchner 2003/2007
CFK 2007/2015

CFK convirtió ese poder en escribanía
Y la oposición ¿?
Bien, gracias.
Candidatura: Fernández/Fernández

No ha sido Magia
¡¡¡Esto es MAFIA!!!