"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

sábado, 15 de junio de 2019

Pichetto, un general en busca de su redención


Héctor M. Guyot
LA NACION

Entre las definiciones que Miguel Ángel Pichetto dio durante su conferencia de prensa del martes, en su debut como candidato a vice, podría haber deslizado lo siguiente:
"Soy un general que se entrega a una causa”
Cuando asumo una divisa, la defiendo con fidelidad y disciplina.
No discuto las órdenes.
Ante los altos mandos, solo cabe cuadrarse y ejecutar.
La moral del soldado tiene su épica, pero puede resultar ingrata.
El fragor de la lucha, el humo de los cañones, oscurece el campo de batalla.
En medio de esa ceguera, se sigue luchando hasta el final.
Eso fue lo que hice durante la década perdida.
Y sí, ayudé a engendrar un monstruo.
Porque eso es el populismo autoritario que pretende barrer la división de poderes y la república.
Pero aquí estoy, dispuesto a revertir lo que hice.
A enmendarme.
Hoy, mi causa es impedir que lo consiga.
Y esa batalla la peleo de este lado".

Nadie le exigió al flamante compañero de fórmula de Macri semejante declaración, y acaso no hiciera falta.
El problema soy yo.
Acostumbrado a leer novelas, me gustan los personajes de trayectorias inteligibles, con cambios que se desprendan de procesos psicológicos estimulados a su vez por experiencias previas.

Romanticismo inútil:
Nada más alejado de la política, que hoy es presente puro.
Con suerte y viento a favor, a veces es futuro, como parece ser el caso.
La psicología de Pichetto, que como principal espada del Senado durante el kirchnerismo le sacó a la Cristina eterna todas las leyes, es asunto suyo.
En las actuales circunstancias, nadie le va a reclamar por su pasado.
Lo urgente, lo dramático, es el futuro.
Ese que está a la vuelta de la esquina.
Pintaba sombrío, tormentoso, y ahora se despejó un poco.

A Pichetto hay que pedirle que sostenga la espada con la misma convicción y fidelidad que mostró cuando defendía la causa que ahora combate.
Parece convencido.
Abrió los ojos hace rato y ahora, en términos perdidamente románticos, va camino a su redención…
Lo que todavía no está tan claro es si sucederá lo mismo con el país.

Ante la conformación definitiva de los frentes, alguno señaló que somos todos peronistas.
Es verdad que hay herederos de Perón en las tres principales alianzas que competirán en octubre.
Pero el dato puede llevar a una impresión falsa.
Los muchachos no se están multiplicando.
Lo cierto es que la dispersión es consecuencia del cisma que provocó en el partido el fenómeno inédito del kirchnerismo.

Asistimos al desarrollo de un proceso que contradice los antecedentes y la tradición.
Hay algo nuevo:
Esta vez el peronismo no va todo junto y de cualquier modo a reconquistar el poder.
Esta vez, algunos peronistas han expresado, en gestos y palabras, que recuperar la manija no lo justifica todo.

Habrá que revisar el "todos unidos triunfaremos".
El kirchnerismo cruzó un límite -varios, en verdad- que otros peronistas no parecen dispuestos a cruzar.
El competitivo Frente de Todos en el que Sergio Massa vio el espejismo de su oportunidad personal fue rechazado por muchos.

Uno de los efectos no deseados del kirchnerismo (un daño colateral, desde su perspectiva) es haber parido un peronismo que se define y actúa como democrático.
En ellos acaso esté el futuro del partido.
Otro efecto de la revolución nac&pop de bolsos llenos y sueños hegemónicos es el modo en que su renovada aspiración de poder reconfiguró el tablero electoral.
El sistema de partidos hoy se muestra más desdibujado que nunca.
No alcanza para encuadrar las visiones del país en disputa.
De allí también la dispersión.
Y la polarización, que está justificada.
Ante las urnas de octubre, el color de la camiseta dice poco.
Lo que está en juego es algo previo a eso.
Lo que está en juego son, precisamente, las reglas de juego.

Pichetto lo ha visto claro.
Y lo ha dicho con todas las letras:
En octubre se vota entre democracia y populismo autoritario.

Conoce a la señora y no se va a dejar engañar por el enroque formal de la fórmula.
Lavagna parece estar demasiado ocupado mirándose el ombligo.
Prescindente, anotó su candidatura como si el sistema en el que piensa proyectarse estuviera garantizado.
En campaña, iguala en su discurso al oficialismo y al kirchnerismo.
A ese palenque se ató Urtubey.
Aunque no sea la intención, esta respetable fórmula es algo más que un canto a la intrascendencia:
Restándole votos al oficialismo, podría favorecer el triunfo del populismo.
Se les podría exigir, a ambos, que no lo hagan:
El kirchnerismo fue una creación del peronismo, y el peronismo debe participar de su superación.

Todavía no es tarde.
Es lo que entendió justo a tiempo el Gobierno, que ante la necesidad depuso la soberbia y salió de la endogamia.

TELARAÑAS


Me parece que ciertos votantes de Mauricio Macri están muy fanatizados.
Miguel Ángel Pichetto -entre cosas que no me gustaron- tiene varias que sí:
No traiciona.
Es realmente un político; y tiene PALABRA:
"Seré la sombra de Mauricio Macri”, ha dicho.
Y le creo.

Siempre me opuse públicamente a lo que es responsabilidad de Senado de la Nación Argentina ( PJ) y NO SÓLO A Miguel Ángel Pichetto.
Hablo de la negativa al desafuero y a la extinción dominio original
De cualquier manera, al mismo tiempo, percibía que Pichetto no lo hacía para favorecer a Porota, sino porque la mitad de juristas, abogados, etc., está en contra y la otra 1/2, está a favor.
Puedo equivocarme, pero creo -esto no es información- ahora creo que estamos más cerca del desafuero y de la extinción de dominio.
Veremos.
Por otra parte –y esto es central-:
Pichetto no traicionó nunca; ni siquiera a Ex Ella, a quien no aguantaba más.
Y, a pesar de eso, recién cuando Porota se fue, Pichetto dijo.: "ahora puedo ejercer mi libertad de pensamiento y de expresión".
Y empezó a ser él.

Quienes aún las tienen, sáquense las telarañas de sus cabezas.
¡Vamos con la decisión de nuestro querido Pte. acertadísima!
#MacriPichetto2019#JuntosPorElCambio
Cristina Castello

Caretas caídas


"En política son más atractivos los regímenes demagógicos hábiles en crear relatos épicos en tanto la legalidad democrática parece fría y aburrida".
Juan José Sebreli

Para terminar de convencer a los descreídos, la fotografía del jueves de los candidatos de la fórmula Fernández² con los gremios que la apoyan hizo caer las caretas detrás de las cuales se escondían las motivaciones de las huelgas docentes en la Provincia de Buenos Aires, las marchas de los bancarios, las permanentes medidas de fuerza que paralizan los aeropuertos de todo el país, las acciones destituyentes de las dos CTA y, sobre todo, la habitual extorsión de Camioneros al Gobierno y a las empresas.
Porque, más allá de las reales penurias que están sufriendo los asalariados, todas ellas, ahora, tienen nombre y apellido: Cristina Elisabet Fernández.
O sea, no se hacen para defender a los trabajadores sino que tienen una clara intencionalidad política:
“Atacar al Gobierno y fomentar el caos y, por supuesto, mantener en libertad a la líder del binomio electoral, a sus hijos y a los miembros de la familia Moyano”

A mi modo de ver, en coincidencia con varios analistas, la elección de Miguel Angel Pichetto fue una positiva sorpresa, tanto para los mercados internacionales cuanto para el peronismo en su conjunto.
Resulta obvio que las apuestas internacionales han reconocido la enorme cuota de gobernabilidad que el jefe del bloque justicialista en el Senado aportará a un segundo mandato de Mauricio Macri, y lo han demostrado con la tranquilidad en la cotización de nuestro pobre moneda nacional y con la brusca caída en el riesgo país, en su evolución diaria, anual y quinquenal.

Si bien es cierto que los mercados no votan, no lo es menos que la suerte del Gobierno en las urnas dependerá, en gran medida, del comportamiento de la economía que aquí tiene la conducta del electrocardiograma de un infartado.
Y allí es donde adquieren una importancia fundamental porque, si apostaran en contra de la reelección de Mauricio Macri, ese habitual infarto obligaría, entre agosto y octubre, a vivir en terapia intensiva.

También fue recibido el anuncio de la fórmula oficialista con optimismo en todo el amplio espectro de líderes que lo apoyan irrestrictamente:
Donald Trump, Christine Lagarde, Felipe González, Jair Bolsonaro, Iván Duque Márquez y Sebastián Piñera -cada uno a su modo- lo expresaron así.
No fue casual que, cuando la Argentina necesitó la conformidad del FMI para disponer de las reservas aportadas por el organismo para la eventual defensa de la cotización del peso ante un ataque masivo, el Senador teóricamente opositor se encontrara en Washington.

Por su parte, Fernández² intenta, infructuosamente, tratar de convencer al mundo que, si volviera al poder, todo será distinto esta vez; ya que respetará los tratados internacionales, pagará la deuda externa, garantizará la libertad y la democracia, etc., y no convertirá a nuestro país en un nuevo enclave ruso-cubano en América del Sur, como sucede ya innegablemente en la triste y ensangrentada Venezuela.
Y digo que no lo consigue porque, cada dos por tres, se le suelta el indio y vuelve a las andadas.
No sólo Alberto Fernández amenaza a los jueces que juzgan y condenan a funcionarios y empresarios que saquearon sin misericordia el país durante doce largos años, sino que a su jurista de cabecera, Raúl Zaffaroni, otro delincuente, no le tiembla la voz cuando explica que la Constitución debe ser reformada al gusto de la "Señora".

El claro apoyo que recibió de SS Francisco, que hasta se permitió utilizar en su discurso una palabreja reiterada en el léxico de Cristina (lawfare) mientras despotricaba contra la teórica utilización de la Justicia para hacer política, dejó claro de qué lado de la "grieta" se ubica el Pontífice.
Pero esta actitud tiene una explicación:
Jorge Bergoglio vivió los años kirchneristas en una probeta, aislado por completo de la realidad.

La demostración de esa alienación del Papa es sencilla:
Si hubiera estado en la Argentina, recordaría la persecución a Enrique Olivera (falsas cuentas en el exterior), a Francisco de Narváez (narcotráfico), a Ernestina Herrera de Noble (apropiación de sus hijos adoptivos) y hasta al último aliado de Fernández², el tan voluble Sergio Massa.
Como no creo en la seriedad de las encuestas, todas incapaces de ofrecer pronósticos acertados en un escenario con 40% de indecisos, los informes de opinión que bombardean mi casilla de mail cada semana no influyen en mi ánimo.
En cambio, sí lo hace la conducta de los gobernadores; por eso soy optimista.

Es obvio que no confiaban en la capacidad de tracción de votos de Fernández² puesto que, de lo contrario, no habrían separado las elecciones locales de la nacional…
Una actitud totalmente distinta de la de aquéllos que gobiernan la Ciudad Autónoma y la Provincia de Buenos Aires.
Ahora, varios de ellos, peronistas ya reelectos, irán con "lista corta" a los comicios en que se elegirá a los diputados y senadores nacionales, o sea, las listas de éstos no irán "colgadas" de ninguna fórmula presidencial.

Por su parte, por fin el Gobierno mejoró la comunicación de su gestión, y las obras que ha realizado -y sigue construyendo, pese a la recesión- impactan directamente en la vida cotidiana de sus beneficiarios.
Muchos habitantes del crucial Conurbano tienen ahora agua potable, gas, luz eléctrica, pavimentos y mejor transporte público.

Pero los dados están en el aire, y así seguirán hasta octubre o noviembre.
Nos jugamos nada menos que la República porque, si Fernández² triunfara finalmente, la Argentina que conocemos desaparecerá y volverán a reinar la corrupción y la impunidad.

Bs.As., 15 Jun 19
Enrique Guillermo Avogadro

viernes, 14 de junio de 2019

INSÓLITAS ALIANZAS Y … NO TANTO

Malú Kikuchi 

Casi sobre la hora límite, se inscribieron las alianzas para las PASO. 
No  llamaron la atención porque eran cantadas, llamaron la atención porque algunas tardaron en materializarse.
Es más, la alianza Fernández al cuadrado con el Frente Renovador, existe, no se sabe en qué consiste.

Sergio Massa ¿habrá regalado su futuro político en pos de conseguir qué?
Hasta ahora no se sabe.
Aliar el Frente Renovador (ya sin Lavagna ni Graciela Camaño) al kirchnerismo, por la posibilidad de conseguir, depende de los votantes, la intendencia del Tigre para Malena Galmarini, es un precio demasiado pobre.
¿O habrá otro precio desconocido?
Eligieron un nombre con una cierta propensión autoritaria: Frente “de” Todos, como si todos los argentinos estuviésemos involucrados en ese Frente.
Hubiese sido más gramatical y conceptualmente correcto, usar la preposición “con”, invitando a los votantes a elegir esa opción.

Los demás nombres son racionales.
Juntos por el Cambio habla del PRO, la UCR, la CC-ARI, Demócratas Progresistas, Conservadores y…
Miguel Ángel Pichetto, valioso agregado a la fórmula presidencial, signo de aceptación del peronismo como una realidad insoslayable de la política argentina.

La suma de Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey en Consenso Federal 2030, adiciona los nombres de los partidos con la idea de políticas a largo plazo.
Algo que se necesita.
La unión de todos los partidos de izquierda, rematados con la palabra Unidad, sugieren una fuerza que les hacía falta.

José Luis Espert, aliado a la UCEDÉ (González Mansilla) y el partido Unir de Alberto Asseff, se inscribieron como el Frente Despertar.
También lo hizo Gómez Centurión; el “Pocho” Romero Feris y varios más.
Se debería agradecer el hecho auspicioso de poder votar y elegir en libertad.
Es curios comprobar que en los tres Frentes que más chances tienen en las elecciones, hay peronistas.
El más peronista de los frentes es el del Consenso Federal 2030, tanto Lavagna como Urtubey siempre lo fueron.
Le sigue el Juntos por el Cambio, Pichetto fue, es y será peronista.

En tercer lugar el Frente de Todos. Los Fernández fueron Frente para la Victoria y después de perder en 2015 ante Cambiemos, CFK inventó Unidad Ciudadana. Alberto F. fue Frente Renovador, lo mismo que Massa.
Hoy todos son peronistas.
“Un recuerdo que trae votos” (Julio Barbaro).

En la provincia de Buenos Aires la gobernadora María Eugenia Vidal repite fórmula y lleva como vice al radical Daniel Salvador.
También repite fórmula en  CABA Horacio Rodriguez Larreta con el peronista Diego Santilli, e incorpora al socialista Roy Cortina.
Cambiemos abre el juego.
El problema es que en estas elecciones no se elegirá un presidente y su vice, diputados, senadores, gobernadores (los que no desdoblaron la elección) e intendentes, se optará por un sistema de vida.
Por un lado la República y por el otro un viaje sin escalas hacia el desastre venezolano.

Hace más de 2.000 años, Polibio, historiador griego (200 aC / 118 aC) y gran estudioso de las formas de gobierno, las había dividido en seis fases cíclicas. Primero la monarquía, forma de gobierno ejercida por una persona, por lo general hereditaria y vitalicia.
Segunda fase: la monarquía tenía grandes probabilidades de convertirse en un gobierno absoluto, en una tiranía.
En la tercera fase se optaba por un gobierno aristocrático (aristos = los mejores y cratos = poder).
Pero en la cuarta fase, la aristocracia se convertía en oligarquía (oligo = clase social privilegiada), una mala forma de gobierno, porque llegaban al poder sin méritos, al contrario de los aristos.
En la quinta fase aparecía la democracia (demos = pueblo), pero esta caía en la sexta fase, en la oclocracia (chlo = multitud) o sea el poder de las muchedumbres.
Lo que hoy conocemos como populismo, que no importa que sea de derecha o de izquierda, tiene el vicio de empobrecer un país.

Los seres humanos siguen siendo los mismos, sólo cambian los sistemas y la tecnología.
Pero son siempre los mismos.
Nacen, se procrean, mueren.
Tiene miedos, alegrías, angustias y esperanzas.
Aciertan y se equivocan.
A veces pueden remediar sus errores y otras, no. Polibio lo sabía.
No conoció las computadoras ni los drones, pero conocía el peligro del populismo.

Nosotros tenemos toda la tecnología a nuestro alcance, la tenemos en un teléfono.
Deberíamos saber lo que sabía Polibio.
El populismo es muy peligroso y el precio que se paga por él es demasiado caro.
Caro en el aumento de la pobreza y caro en ajustes posteriores.

¡Populismo nunca más!

Mito de Orfeo y Eurídice


La historia más conocida sobre Orfeo es la que se refiere a su esposa Eurídice.
Eurídice murió al ser mordida por una serpiente mientras huía de Aristeo.
Otras, que el hecho fatal ocurrió mientras paseaba con Orfeo.

En las orillas del río Estrimón, Orfeo se lamentaba amargamente por la pérdida de Eurídice.
Consternado, Orfeo tocó canciones tan tristes y cantó tan lastimeramente que todas las ninfas y todos los dioses lloraron y le aconsejaron que descendiera al inframundo (catábasis) en busca de su amada.
Durante el camino en las profundidades del inframundo, Orfeo tuvo que sortear muchos peligros; empleando su música, hizo detenerse los tormentos del inframundo (por primera y única vez), y, llegado el momento, ablandó los corazones de Hades y Perséfone, que permitieron a Eurídice que volviera con Orfeo al mundo de los vivos, pero con la condición de que él caminase delante de ella y no mirase atrás hasta que hubieran alcanzado el mundo superior y los rayos de sol bañasen a la mujer.

A pesar de sus ansias, Orfeo no volvió la cabeza en todo el trayecto: ni siquiera se volvía para asegurarse de que Eurídice estuviera bien cuando pasaban junto a un demonio o corrían algún otro peligro.
Orfeo y Eurídice llegaron finalmente a la superficie.
Entonces, ya por la desesperación, Orfeo volvió la cabeza para ver a su amada…
Pero ella todavía no había sido completamente bañada por el sol, y aún tenía un pie en el camino del inframundo, así que se desvaneció en el aire, y esa vez para siempre.

Según relata Platón, los dioses del infierno solo presentaron a Orfeo una aparición de Eurídice.
No le entregaron a su amante porque les parecía que se mostraba cobarde, y no había tenido el arrojo de morir por amor, sino que había buscado el medio de penetrar con vida en el Hades.

Macri-Pichetto:


Votar a un peronista y no morir en el intento
Por Gabriela Pousa

Estupor, sorpresa, intento vano de reaccionar con moderación, y el sapo posado en la bandeja con todos los condimentos del bocado más sofisticado pero con el olor rancio de lo rechazado.
Así nos agarró la noticia aun cuando ya debiéramos estar curados de espanto.
Pasa que esta vez no estábamos siendo lo suficientemente conscientes de que el espanto merodeaba este teatro.

“Mauricio Macri eligió a Miguel Ángel Pichetto”, sonaba menos brutal que cuando se dijo:
“Cambiemos sumó a un peronista a su fórmula presidencial”.
La vena se nos puso en el cuello casi igual que a Pichetto cuando Julio Cobos (el radical en la fórmula peronista), osó balbucear el voto no positivo en la madrugada en que se jugaba la bendita 125.
“El campo somos todos” de acuerdo aunque uno no tenga ni una mísera hectárea, ni una vaca de peluche resabio de la infancia.
Pero de ningún modo “somos todos peronistas”
¡Vade Retro!

Al unísono comenzaron a aparecer archivos con los momentos más peronistas del peronista Pichetto.
Todo al divino botón porque el mismísimo candidato a la vicepresidencia de la Nación salió a ratificar lo que antaño dijo.
Miguel Ángel Pichetto no “panquequeó” como suele decirse de los políticos hoy.
Ni remotamente es un Alberto Fernández, paladín de la negación.
Y justamente, a Pichetto, se lo eligió por lo mismo que lo critican:
Estuvo con todos los oficialismos.

No se gasten buscando audios, recortes de diarios o videos, no hace falta, no.
A Pichetto se lo eligió por todo eso.
Es la diferencia entre lo importante y lo urgente, nada raro en política y, menos que menos, en Argentina.
De nuevo, el problema no es si Pichetto es o no peronista, el problema es que algunos piensan sólo en la elección, y el resto en el día después de la elección:
En la gobernabilidad de un país partido en dos.
En rigor deberíamos estar satisfechos y agradecidos: Nos la hicieron fácil.
Ahora es blanco o negro.

Los grises desentonaron y no hallan espacio en este cuadro.
Esto es política no religión.
Miguel Ángel Pichetto quería ser Presidente de la Nación, el cuero no le daba para tanto.
Mauricio Macri quería que el kirchnerismo no regrese, sólo no podía...
A ambos le faltaban dos para el peso.
Pichetto armó una alternativa peronista que diezmó, en el Congreso, al bloque kirchnerista.
Macri advirtió que esa era la jugada que Cambiemos no supo -o no pudo- hacer en el Parlamento.

No sé si la unión hace la fuerza pero juntos se potencian frente a los escollos de mentes maquiavélicas.
Hay razones que llevaron a la fórmula “Juntos por el Cambio”, no es un capricho del jefe de Estado que ayer se levantó de mal humor, y quiso jorobar a un radical como si gobernar fuese un fulbito de potrero.
No subestimemos…
Por subestimar al kirchnerismo soportamos doce años de caos y cinismo.
Pichetto es un armador, Macri es un ejecutor.
No es un juego de suma cero.
A menos de dos días de debutar como candidato, Pichetto ya logró menguar las listas de Misiones, Chubut y Río Negro, tres provincias que el kirchnerismo contaba como aliadas antes de conocer el nombre del vice que Macri tenía bajo la manga.
Son votos no contemplaciones ni pruritos.
Las elecciones se ganan con sufragios, no con purismos ni exquisiteces de argentino medio pelo.
No sé es blasfemo por votar un supuesto peronismo, y digo supuesto porque desde la desaparición física de Perón, el movimiento justicialista mutó en estructuras tan dispares entre sí que, pocos o nadie, se atreverían a decir cuál es la facción política pura a la que su constructor le daría el visto bueno hoy.

Carlos Menem se sintió y sigue sintiendo el más leal de los herederos, Néstor Kirchner y Cristina Fernández también dijeron profesar su credo.
Peronista es Miguel Ángel Pichetto y el “pollo” Sobrero.
Hugo Moyano y Julio Bárbaro, Sergio Massa y el Papa Francisco…

Unos emanados de los gremios, otros afines a los descamisados, no faltan los autoproclamados ni aquellos inevitables que se ponen el sayo a sabiendas que en una sociedad como la nuestra, todavía “garpa” la marchita, y el bombo del Tula en cualquier acto.
Si acaso desafío a algún lector a entonar completas las estrofas del Himno Nacional muy posiblemente quedará en “off side”, pero ninguno dudaría en tararear la marcha peronista.
No porque sea adepto al recitado de esos párrafos sino porque la venimos escuchando cual canción de cuna, por razones que merecen más un estudio psiquiátrico que un simple análisis político de coyuntura.

En los noventa vimos sucumbir un aparente liberalismo tras un proceso de privatizaciones más peronista que la mismísima Evita.
Si quieren discutir el grado de peronismo de cada actor del escenario político pueden hacerlo, pero las variantes en las ideologías y también en los principios impiden que hallemos alguna suerte de purismo.
Rogelio Frigerio ¿sigue siendo desarrollista como el abuelo?
¿Es Mauricio Macri el neoliberal que acusa la izquierda con el dedo?
Argentina ya no es una geografía homogénea en ninguno de sus aspectos, somos un conglomerado de grises matizados en extinción que esta vez no pueden alcanzar límites precisos en un mapa electoral dibujado,  sin arte y sin marco.

Todo se mezcla como estamos mezclados cada uno de nosotros en los hábitat que frecuentamos.
Y ya no hay margen para más grises, sólo queda negro o blanco en la paleta del pintor que nos está retratando. 
Asumirnos peronistas es un reto a la autocomplacencia.
No somos el imberbe que gritaba en Plaza de Mayo, pero tampoco somos los militares que permitieron a Perón salir al balcón.

No somos Eva pero tampoco Isabelita, a quien vimos con beneplácito refugiarse en El Mesidor mientras se golpeaban las puertas de los cuarteles para que nos salven del espanto.
Y está bien que no nos identifiquemos con nada de ello, porque nada de ello existe hoy.

No hay Evas, no hay María Estela Martínez de Perón, ni nada de lo que nos causa tanto escozor.
La historia nos espanta.
No somos lo que queremos ser, pero tampoco lo fuimos ayer.
¡Ay si nuestros abuelos nos viesen en el cuarto oscuro ensobrando un papel donde el candidato a vicepresidente pertenece al partido de Perón!

El gen gorila hace mella.
Cambiemos no era solo el nombre de un espacio político:
Era el verbo de lo que todos, y cada uno, debíamos (y debemos) hacer si pretendemos un presente y un mañana más afín al mundo civilizado que al pasado.
Calmados.
Nuestros abuelos no nos verán en ese “acto de indignidad”, no saborearán el sapo que está en nuestros platos.
Son otros tiempos, tampoco ellos degustaron el sushi y el “fast food” del delivery contemporáneo.

Leopoldo Moreau no es el pibe que entraba a un canal de televisión con la boina blanca y el escudo radical defendiendo a la Coordinadora o la renovación, ni siquiera Ricardo – siendo el hijo de don Raúl-, es el alfonsinista que se emocionó hasta el tuétano en la 9 de Julio cuando su padre recitó el preámbulo de la Constitución.
Hemos roto las fuentes sin necesidad de que vaya tanto el cántaro a ellas.
Hemos visto derrumbarse las tradiciones más férreas, las raíces han sido mutiladas, ya no somos las ramas del árbol que nuestros ancestros plantaron. Destruimos todo o casi todo en décadas de ceguera voluntaria.

Hay que construir un país desde el vamos.
Hay que ensuciarse las manos.
Desde el cómodo sillón del living no aportamos un ápice a este desbarajuste de país que dejaron doce años de engaño.
Y no somos nosotros los que estamos sentados en el Sillón de Rivadavia.

Les aseguro que la perspectiva desde allí, debe ser mucho más clara como inviable sin un sapo que tragarse.
La indignación detrás de un tuit o un post en Facebook tampoco suma al sueño de volver a ser la República que la generación del 80 gestó.

Esto es política no religión.
No cometeremos una herejía por votar a un peronista. ya lo hemos hecho conscientes o no, y además el peronista en cuestión no es Perón:
Es la encarnación del pragmatismo, de la estrategia – mala o buena -, es la emanación del acto de elegir entre lo urgente y lo importante, que deberá adaptarse a los tiempos que corren, y nos corren hoy.
Los puristas que se rasgan las vestiduras están siendo funcionales al horror que paradójicamente, quieren evitar nos socave como República y Nación.

El voto en blanco es la actitud de un Poncio Pilato contemporáneo que después no podrá perdonarse el lavado de manos.
Las consecuencias las sufrirá él tanto como el otro.
Ya no hay singularidades que priorizar, ni es momento para egoísmos y egos que si se caen hacen más ruido que un sismo o un huracán.

Pichetto es la herramienta que le falta a Mauricio Macri para que la Casa de Gobierno no sea solo un edificio engalanando al Paseo del Bajo,
ni que el Paseo del Bajo sirva nada más que para llegar a Ezeiza con equipaje de desilusión.

Hay que meter los pies en el barro.
Nada tan grave que no amerite luego la redención de un baño, y la satisfacción de haber obrado – no por viejos mandatos o límites que ni sabíamos que habíamos plantado -, sino por la demanda de un presente donde lo imprescindible es hacer lo que jamás hubiésemos hecho de haber sido diferente el escenario.

Con las abismales diferencias que caben, dudo que José de San Martín haya cruzado la cordillera por placer o por agrado, descreo que haya sido cómodo liberar América.
Tampoco le debe haber gustado a Sócrates beber la cicuta, y muchos de nosotros preferiríamos un buen asado a este sapo que yace en la bandeja junto a nuestro plato.

Así como el hambre no hace caso al pan duro, tampoco podemos hacer caso al sapo cuando se juega la libertad institucional y me atrevo a decir que también la libertad individual de los ciudadanos.
Algunos tendrán mayor sensación de pertenecer a un mañana mejor, otros terminarán siendo cómplices de un país que pudo ser pero no fue, gracias a un muerto que resucitan como fantasma para justificar no haber sido capaces de embarrarse un rato.

Mañana quizás otro sea el menú, y no sea la elección presidencial una invitación a la última cena de una Argentina que dejamos de lado por no entender – o no animarnos a ver la diferencia entre lo imprescindible, lo urgente y lo importante -, en el momento indicado en que sin grises en la paleta, había que optar por negro o blanco.

Perón murió hace años.
Y los “ismos” sólo sobreviven si nosotros los oxigenamos. 

jueves, 13 de junio de 2019

Sergio Massa volvió a las fuentes y se puso a órdenes de Cristina


Por Rubén Lasagno
(Agencia OPI Santa Cruz)

Finalmente ocurrió lo inexorable.
Sergio Massa cayó rendido ante los pies de la ex presidenta y tal vez, en esta nueva etapa ni siquiera logre parecerse al coffieur exclusivo que la peinaba y atendía obsecuentemente desde la pantalla de Tinelli, en una farsa a pura realidad y muy premonitoria.
Solo que esta vez Massa perdió todo, casi por nada.
El tigrense logró “reentrar” a las filas del cristinismo/kirchnerismo sin siquiera llegar a Cristina Fernández.
El “café con Massa”, solo llegó a tomarlo con Alberto Fernández el vocero-títere de la viuda, de quien todo sabemos lo que piensa de Sergio Massa…
Pero aun así, la fidelidad del ex Frente Renovador fue más fuerte que sus convicciones (si alguna vez las tuvo) y su conciencia política.

Después de la capitulación, el demacrado Massa ha deslizado que no se ha “fundido” con Unidad Ciudadana, sino que forman una alianza o Frente.
Esto significa el hecho de poder ir a competir en las PASO con fórmula Fernández-Fernández.
Esto es falso.
Massa sabe perfectamente, porque Alberto F se lo dejó perfectamente claro que eso es IMPOSIBLE.
Aun así, Massa sigue engañando (ya no tiene a quién) y soñando con recuperar, al menos, la dignidad política que ayer entregó.

Clarín tituló “Massa selló su acuerdo con los K, pero no definió si los enfrentará en las PASO”, una falacia total.
No es definible por parte de Massa si va a enfrentar o no a la fórmula de CFK en una PASO.
La decisión es de la ex presidenta y Massa ya sabe lo que decidió la señora: eso jamás ocurrirá

«Yo estoy para liderar si me toca liderar, pero también estoy para empujar el carro desde donde sea porque tenemos la responsabilidad de reconstruir nuestra patria. Nuestra decisión es transformar a esa mayoría de argentinos que quieren un nuevo gobierno en una mayoría política para construir ese cambio de gobierno, tenemos que transformar ese enojo en votos de esperanza, el sufrimiento en participación de la gente, el miedo y la desesperanza en la construcción de una mayoría arrolladora que le ponga final a estos cuatro de años de fracaso de Macri«.

Después de decir esto, Sergio Massa se juntó con el vago (Máximo Kirchner) y allí cambió la dignidad de su discurso por un carguito en la Cámara de Diputados, ya que le ofrecieron ser Presidente del Bloque K, como mayor logro y él pidió que su esposa pueda pelear la intendencia de Tigre.
Nada, muy poco.
Realmente Sergio Massa ha decepcionado y sin duda el kirchnerismo hizo un  trabajo muy fino, tentando a quien nunca dejó de pertenecer al círculo de CFK y a estas alturas podemos inferir que cuando gritaba desde los medios y en las tribunas del Frente Renovador, lo hacía por despecho porque la ex presidenta lo había echado de su entorno.

Con dignidad política “cero” y el argumento falaz de que hace falta generar un frente para ganarle a Macri, Sergio Massa se convirtió en “el segundo Alberto Fernández”, con el agravante que éste último estaba relegado y lo llamaron para sumarse a la jefa de la banda, en tanto Massa entró solito.
El fenómeno Massa, sin embargo, no decanta allí, no se agota con la anécdota de un hombre mentiroso, egocéntrico y un gran simulador que solo contaba las horas para volver al regazo de la chorra…
No, es la imagen vívida de una argentina sin rumbo, sin convicciones, sin futuro.
Por estas horas los “massistas” contrarrestan su actitud genuflexa con la adoptada por Pichetto ante Macri; pero la diferencia es obvia.
El peronista adhirió al gobierno nacional y (solo) contravino su discurso.
Massa se alió con los corruptos contradiciendo no solo sus discursos, sino la moral que dijo representar en esos discursos.

Pino Solanas, después de haber hablado pestes del kirchnerismo, denunciar al afano de los trenes y la corrupción establecida por la mafia K, terminó abrevando en el partido de CFK, solo por sostener la beca política y los 90 ñoquis que tiene en el Congreso.
Lo mismo pasa con Victoria Donda, ni hablar de Hugo Moyano que a quien esto escribe le dijo personalmente lo que pensaba de Néstor y Cristina y son cosas irreproducibles.

Quiero cerrar  esta reflexión con una magistral nota de humor político que publicó en su columna de Clarín Alejandro Borensztein titulada “La masa de Massa” y en cuyo texto hace referencia a estos satélites cambiantes de la política nacional que se acercan a Cristina pensando que “suman”, pero en realidad ellos, por si mismos, no suman: Son absorbidos.

Por eso Borensztein dice con gran acierto:
“Demostremos esto con una fórmula química:
Donda + Pino + Solá + Cristina = Cristina. Va otra: Manzur + Moyano + Insaurralde + Cristina = Cristina.
¿Se suman los votos?
“Ni uno”.

Sergio Massa pecó de egocéntrico, narcisista y engreído.
Todos se abrieron en su camino hacia ninguna parte, como líder de barro quien no construyó más que un espejismo.
Stolbitzer y Caamaño, son las pruebas palpables de su infortunada decisión.
El electorado que seguía la quimera del Frente Renovador jamás votaría al kirchnerismo…
Él lo impulsa hoy a que voten por el macrismo.
En Massa no hubo ni hay estrategia política, solo existe el deseo de volver derrotado a dormir a los pies de su madre política, de su mentora.
Lo que no le perdonarán a Sergio Massa es haber destruido las esperanzas de un sector que creyó posible hacer algo distinto.

Su capitulación y entrega, sepultó con él la esperanza de muchos que creyeron posible una Argentina diferente.

Entrevista a Andahasi...

"La elección de Pichetto es el hecho más importante en la política argentina del siglo XXI"


Federico Andahazi

El escritor reivindicó la unción del ex jefe del bloque peronista en el Senado como candidato a vice de Mauricio Macri

El escritor Federico Andahazi aseguró que las próximas elecciones determinarán si, mediante la reelección del oficialismo, Argentina logra "preservar la estructura institucional y fundar las bases de un país republicano", o si se volverá a un sendero que de la mano del kirchnerismo conduzca a una crisis similar a la que atraviesa Venezuela.
Por esa razón, Andahazi halagó la proclamación de Miguel Ángel Pichetto como vicepresidente de la fórmula de Juntos por el Cambio y, en contraste, criticó a Sergio Massa por formar una alianza con Unidad Ciudadana.
También criticó en duros términos al movimiento político liderado por Cristina Kirchner.

El escritor concedió que, en su opinión, incorporar a Pichetto puede considerarse como "tragarse un sapo" en términos políticos.
Pero para fundamentar el porqué de su aceptación, recurrió a una comparación:
"Si para (Winston) Churchill fue un sapo reunirse con (Joseph) Stalin, lo nuestro es nada".
Por ende, y en pos de "construir una república", calificó su incorporación al oficialismo como "el hecho más importante del siglo XXI" y aseguró que su decisión "le hace un enorme favor al peronismo".
Esto así porque "el peronismo nunca tuvo la posibilidad de transitar el sendero de la renovación".

"Hay grandes sectores democráticos en el peronismo que siempre fueron acallados o sometidos.
Por primera vez tiene la posibilidad de acomodarse a los nuevos tiempos", indicó a Luis Novaresio en "LNE", que se emite por A24.

Además, Andahazi aseguró que Pichetto puede desmarcarse del resto del peronismo debido a que, "hasta donde sabe, no tiene causas penales ni denuncias por corrupción".
"Ese es un buen punto de partida para pensar un proyecto.
El peronismo que viene, tiene que dejar afuera la corrupción, el verticalismo y el personalismo.
“Eso no existe más", agregó.

En contraste, Andahazi aseguró que una eventual vuelta del kirchnerismo podría implicar "la extinción del país".
"Los países se mueren.
Haití fue el primero que se liberó de un régimen colonial y podés ver el estado en el que está hoy".
El escritor fundamentó su crítica con una serie de referencias, siendo la más reciente la declaración del ex ministro de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni, quien dijo que "hay que hacer una revisión de las causas de los presos políticos".

En esa línea, dividió a los países en distintas categorías:
Democracias consolidadas, regímenes ideológicos -"como Corea del Norte, China, Venezuela, Cuba"-
y "regímenes bastante novedosos, gobernados por pandillas", como el kirchnerismo, dijo.
"Durante los 12 años, el kirchnerismo le dio mucho poder a las pandillas.
Le dio poder a los barras, a la cultura carcelaria, al narcotráfico.
El populismo es la fase anterior al populismo pandillero.
Tuvimos las pandillas setentistas de La Cámpora, la de La Salada, la pandilla motorizada de (Amado) Boudou", fustigó.

Finalmente, el escritor ensayó una crítica a Sergio Massa por haber llegado a un acuerdo con el kirchnerismo.
Lo definió como "una persona a la que le costó encontrar un camino".
"Le cuesta encontrar su identidad, que está dada por los votantes.
Creo que el tiene dificultad para encontrar a sus votantes.
No se puede estar pensando si vas a ir a la Segunda Guerra Mundial con los aliados o el eje.
“Así no se construye política", concluyó.

miércoles, 12 de junio de 2019

"Pichetto es la primera expresión de abrirse al porvenir"


Santiago Kovadloff

Tras el anuncio de la fórmula Pichetto-Macri, el ensayista y filósofo Santiago Kovadloff dialogó con el programa Terapia de Noticias, que se transmite por LN+ y allí realizó un análisis del acuerdo y de la puja entre el oficialismo y la principal fórmula opositora:
La de Fernández-Fernández.

"De repente Macri se vuelve imprevisible con una decisión que realmente muy pocos esperaban y que coloca a Cambiemos en un terreno donde la palabra 'cambiemos' alcanza su nivel más alto de intensidad paradojal", dijo el filósofo.
"Creo yo que Pichetto es la primera expresión cabal de abrirse al porvenir en el marco de una sociedad en la que las fuerzas políticas compitan por el fortalecimiento del sistema y a partir de allí se dé el diálogo con todos los sectores sociales".

Para Kovadloff, el hecho de que Macri haya convocado a Pichetto demuestra que el mandatario "comprendió por dónde pasaba la disfuncionalidad de Cambiemos previo a esta convocatoria".
Asimismo, sostuvo que este pacto político representa un acuerdo verdadero:
"Creo que Pichetto se incorpora a la fuerza oficialista pero que la fuerza oficialista también se incorpora a lo que Pichetto representa.
Creo que es un acuerdo, un verdadero acuerdo.
Es una colación de un proyecto que de ambas partes necesita ser fortalecido".

Su definición más significativa tuvo que ver con un análisis crítico al gobierno de Cambiemos al señalar que, en contraposición a cómo el oficialismo se presenta, no existe un republicanismo oficialista y un populismo con posibilidades de llegar al poder.
"Creo que la disyuntiva no es exactamente entre un modelo republicano y el populismo, yo diría que es entre el populismo y un proyecto aún muy frágil de republicanismo".

Señaló entonces que la decisión de sumar a Pichetto a la fórmula de Macri es la muestra de ello.
Pichetto se incorpora a este sistema para tratar de ayudar a consolidar el proyecto republicano de Cambiemos.
Y Alberto Fernández se incorpora al populismo para tratar de atenuar el semblante totalitario que el populismo tiene...