"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

miércoles, 21 de octubre de 2020

El gobierno de los Fernández cierra el collar de la impunidad

La OA abandona las causas. Para eso volvieron...

Por: Rubén Lasagno

Falta de personal. Con esa simple excusa, el titular de la Oficina Anticorrupción, Félix Crous, justificó un anuncio que venía madurando desde su llegada al organismo: La OA dejará de ser querellante en todas las causas penales. Eso incluye todos los expedientes de corrupción de la gestión kirchnerista. El retiro no será inmediato en todos los casos. 

En los expedientes que ya están en juicio, la OA se mantendrá hasta que termine la recepción de la prueba o haya sentencia, dice una resolución a la que tuvo acceso Infobae.

Esta noticia era absolutamente esperable por quien escribe esta nota, por cuanto no se necesitaba ser un pensador magistral para entender el objetivo que tenía el kirchnerismo, en el mismo momento en que Cristina Fernández diagramó la fórmula eligiendo como candidatos a Alberto Fernández y Sergio Massa para arrimar los votos que necesitaba, mientras ella agazapada (no puede dar la cara) seguía taladrando la cabeza de algunos argentinos, haciéndoles creer que volvían mejores, como Alberso lo decía en sus discursos falaces durante la campaña política.

“Habrá de disponerse el desistimiento del rol de querellante en los procesos penales en los que se interviene en tal carácter. Para contribuir al orden de la Litis, en aquellos que transitan la etapa de audiencia oral de juicio, se dará cumplimiento a lo aquí dispuesto cuando culmine la recepción de la prueba propuesta por la representación de esta Oficina. 

En aquellos en que, concluida la audiencia oral, se ha concretado la pretensión punitiva, cuando el Tribunal de juicio dicte sentencia”, expresa la disposición que replica Infobae.

En mayo, la OA dejó de ser querellante en el juicio unificado por las causas de Hotesur y Los Sauces, donde están acusados la vicepresidenta Cristina Kirchner, sus dos hijos, y los empresarios Lázaro Báez y Cristóbal López, entre otros. 

A mediados de julio de este año la Oficina Anticorrupción decidió no apelar una resolución que beneficia a Cristina Kirchner en un tramo del caso Cuadernos y en octubre 2020, a principio de este mes la Oficina Anticorrupción disolvió su oficina de Litigios y ya no intervendrá en las causas contra funcionarios y ex funcionarios. Hoy deja de ser querellante en las causas contra los funcionarios K. Todo planificado, en esto – contrariamente a las acciones de gobierno – Alberto Fernández  y su vicepresidente, saben lo que hacen, cómo lo hacen y para qué llegaron.

No era esperable otra cosa. 

Si alguno pensaba algo distinto, evidentemente no entiende la realidad nacional y mucho menos conoce al kirchnerismo; o es cómplice.

El gobierno nacional constituido de, procesados, ladrones, cómplices y asociados, vino con el solo y firme objetivo de bajar todas las causas en contra de los Kirchner y sus colaboradores de la banda y llevarnos a una destrucción de la Argentina tal como la conocemos, instalando un modelo venezolano que todavía hay muchos que no ven venir y lamentablemente, si no lo advierten, luego será tarde.

La Oficina Anticorrupción va a desaparecer; por el momento están desvinculándola de todas las denuncias y “limpiando” el camino a los fines de no dejar “residuos” en los tribunales. Una vez logrado este paso, la harán desaparecer, la renombrarán o la sacarán del juego; para eso fue puesto allí Félix Crous.

Para esto volvieron. 

No pocos recuerdan cuando los gremios y organizaciones sociales salían a la calle llevando el helicóptero de cartón para bajar al gobierno constitucional de Macri, al que tildaban de “dictador”. 

Hoy nadie le pide a estos ladrones que se vayan del poder, sino hasta que cumplan los 4 años, oportunidad en que seguramente la propia gente los va a eyectar con el voto.

No pocos recuerdan cuando gremios, organizaciones y partidos de izquierda tiraron toneladas de piedra al Congreso donde se debatía la ley de jubilaciones porque era injusto el índice de aumento. Cuando llegó el kirchnerismo al poder congeló las jubilaciones, anulando aquella ley que le permitía a los jubilados vivir dignamente. Hace casi un año no hay aumentos y ninguno de los gremios y OOSS están en la calle protestando.

Los gremios y las organizaciones sociales llenaban el centro del CABA quejándose de la inflación y el dólar a 48 pesos, el asado a 220 pesos, la pobreza que era del 30% y la desocupación del 12%. 

Hoy el dólar está a 182 pesos, el asado a $ 770, al pobreza de más del 50% y la desocupación supera el 25% y ningún gremio se queja en la calle.

Obvio, hoy los gremios y las organizaciones sociales son parte del gobierno, manejan la caja y gozan de los privilegios de la argentina lapidada por ladrones, inútiles y cómplices de la corrupción anterior y la actual. 

Lo cual nos lleva a concluir que cuando salían a la calle no lo hacían por una causa justa, lo hacían por su propio beneficio y buscando el golpe social a un gobierno democrático, típica actitud destituyen del kirchnerismo, que en santa Cruz nunca dejó terminar a ningún gobernador o intendente que no le respondiera.

El gobierno de Alberto Fernández de Kirchner viene destruyendo todas las instituciones y fundamentalmente la justicia. Solo basta saber qué resuelve próximamente la Corte Suprema, para saber si tenemos algún tipo de esperanza de salvar a la República o ya está todo perdido. 

(Agencia OPI Santa Cruz)


martes, 20 de octubre de 2020

Quitan a Argentina de registro mundial de casos de Covid-19

El centro de estudios especializado en estadística Our World in Data, dependiente de la Universidad de Oxford, decidió este martes eliminar a la Argentina de sus bases de datos por carecer de "la calidad suficiente" los informes referidos a los contagios de Covid-19.

"Para asegurar la calidad y confiabilidad de Our World in Data con los datos de prueba de Covid-19, hemos decidido eliminar a la Argentina de nuestro conjunto de datos por el momento. Las cifras oficiales agregadas por el Gobierno no tienen la calidad suficiente para reflejar correctamente el alcance de las pruebas", aseguró Edouard Mathieu, uno de los principales investigadores a cargo de este proyecto sin fines de lucro.

"Los contagiados son seis veces más de los que se informan"

"El Gobierno de Argentina anunció hace unos días que implementaría un nuevo sistema para asegurarse de que todas las pruebas se registran correctamente en todas las provincias. Sin embargo, no está claro si esto también corregirá los datos históricos retrospectivamente", indicó a través de su cuenta de Twitter.Mathieu explicó que en la Argentina "recientemente se supo que muchos test negativos no habían sido añadidos al conteo oficial", lo que incluía a provincias grandes como Santa Fe y Córdoba, y "esto generaba un aumento de la tasa de posibilidad".

Y concluyó: "Como explicamos en nuestro sitio, las pruebas son nuestra ventana a la pandemia y cómo se está propagando. Esperamos que los datos corregidos para Argentina se publiquen muy pronto, en cuyo caso los incluiremos nuevamente en nuestro conjunto de datos".

lunes, 19 de octubre de 2020

La mesa arreglada para que Sergio Massa no pase vergüenza o un apuro indeseable

Por: Ruben Lasagno

El día sábado el programa de Mirtha Legrand, conducida por Juana Viale, su nieta, concitó cierto interés político porque entre los invitados estaba Sergio Massa del Frente Renovador, aliado al kirchnerismo, rodeado por los periodistas Jorge Asís, María O’Donnell y Marcelo Bonelli, una mesa que prometía algún tipo de “revelación” o al menos ver en acción a periodistas de tal calibre, ante un controvertido político que viró 180º su discurso y sus acciones, entre 2015 y 2019 cuando decidió pasarse al kirchnerismo con todo su partido y ponerse al servicio de Cristina Fernández, alguien muy atacado por él con acusaciones de tanta gravedad como las denuncias por corrupción, el proyecto para recuperar los robado por los corruptos y los desastres gubernamentales del kirchnerismo en el último gobierno de CFK, como mínimo.

Gracias a ese discurso confrontativo, Massa logró conformar lo que se llamó “la ancha avenida del medio”, un espacio que no abrevaba en ningún lado de la grieta y jugaba su perfil propio, captando indecisos y/o aquellos que no querían votar al peronismo/kirchnerismo.

Lamentablemente no supo o no quiso esperar su momento y destruyó la iniciativa, volviendo a las fuentes.

Cuando todos esperábamos ver a los periodistas de la mesa hambrientos por obtener información, observamos una mesa con hombres y mujeres atragantados con preguntas, un Massa tenso que disparaba cada palabra de forma medida y pensándolo bien, con rictus de padecimiento en algunos tramos del programa, ante el posible giro de la conversación en temas que el diputado evitaba abordar y así, entre algunas preguntas fronterizas y chistes usados como chicanas, Sergio Massa campeó el temporal de una mesa que no llenó las expectativas, con el agravante de estar sentados allí gente con gran propensión a hacer quedar mal a cualquier político con cosas para esconder y poco para decir.

De todos los artículos que he leído en los diarios, no encontré una sola crítica hacia la gran ausencia en la mesa de Legrand: la verdad y el periodismo, con todo el respeto que me merecen los colegas de gran prestigio y capacidad intelectual que allí estaban.

Y voy a puntualizar algunos aspectos, a mi criterio, que debían ser infaltables en la mesa:

El tema de mayor vigencia “La reforma judicial”, brilló por su ausencia.

Nadie en la mesa ni siquiera esbozó una mínima pregunta o hizo mención a un tema fundamental y del cual Sergio Massa, que hace alarde de ser un Houdini dialéctico, podría estar ausente en esta discusión. Está claro que su participación estuvo fuertemente condicionada a que de este tema no se hablara.

Esta clara censura previa, desnaturaliza todo lo demás y fundamentalmente la presencia de tres periodistas de trayectoria y reconocimiento.

No es lógico que ninguno de los allí presentes hayan obviado este tema si no estaba previamente establecido por la producción del programa.

Una verdadera vergüenza, tanto para la mesa en sí como para el propio Sergio Massa, quien evidentemente no puede responder nada que se contraponga a los claros y contundentes mensajes que daba cuando era oposición de los Kirchner y decía que eran corruptos, manipuladores de la justicia, que la única “Justicia legítima” era la que deja preso a los chorros y como única meta de CFK en la década pasada, fue acondicionar la justicia para limpiar sus causas y modificar la Corte Suprema para lograr impunidad.

Claramente Massa no quería hablar de ello, se le veía en la cara la tensión de que algún diálogo derivara hacia ese tema.

Si debía hablar, el deja vú lo aplastaría; pues es lo que precisamente ahora está ocurriendo y con su colaboración inestimable en el Congreso.

El salto (nuevamente) hacia el kirchenrismo, que él mismo había puesto enfrente quedó como “no respondida”.

La pregunta inesperada para Massa, pero necesaria para el público, vino de la mano de quien no es periodista, aún cuando excelentes periodistas estaban en la mesa: Juana Viale.

Cuando la conductora le hizo la pregunta sobre cómo habiendo sido tan crítico del kirchnerismo hoy gobernaba con ellos, Massa recibió un mazazo.

Por un momento el rictus de su boca se agravó.

Sus ojo grandes apuntaron al techo y rápidamente funcionó el escapismo dialéctico que lo sacó del berenjenal que le armó Juana Viale y dijo lacónicamente que su partido (Frente Renovador) hizo una alianza política, evitando que la gente piense (como sucede) que Sergio Massa se volcó a kirchnerismo más procaz, aún luego de decir en televisión que “a esos no vuelvo nunca más” y por ejemplo “yo no pertenezco a La Cámpora, me gano la vida con mi trabajo y nunca heredé una fortuna para hacer campañas”, en clara alusión a quien hoy es alter ego, su alma matter, dentro de la Cámara; quien lo ungió Presidente y el que le indica lo qué hacer: Máximo Kirchner.

Todo el resto del almuerzo transcurrió entre la sarasa de Massa para salir indemne de las preguntas posiblemente incómodas (aunque ninguno de los cuestionamientos de este tipo se le hicieron allí), una marcada intención del diputado por cuidar cada palabra y de esta forma se transformó en un “relator de la realidad”, al punto que la conductora en un momento, lo cortó y le dijo “Eso ya lo sabemos, todos sabemos que estamos mal y lo que necesitamos”, con lo cual, a Massa se le notó el disgusto de la aclaración, porque su meta era poner un montón de palabras vacías, para no responder nada, lo que técnicamente se denomina: una falacia. 

Bonelli con una cara de periodista contrariado que nada le podía preguntar, lo trató entre algodones y espinas, pero nunca pasó el límite que le habían marcado, aún cuando se le notaba su incomodidad y las ganas de lanzarle repreguntas claves que solo quedaron en la intención.

Jorge Asis, jugó a hacer lo que mejor sabe y entre sus ingeniosas frases como la del caramelo de madera leventemente espolvoreado de azúcar impalpable, que le dieron a Alberto, puso incómodo a Massa que se la vio venir y con una sonrisa nerviosa y una mirada inquisidora hacia el periodista, trató de desarticular a tiempo la estocada, aunque Asis solo jugaba al gato y al ratón, pero nunca iba a faltar a la palabra de ponerlo en la encrucijada. Esa incomodidad de Massa fue la mejor respuesta que tuvo Asis.

Lo único más relevante del dueño de Asis Digital, fue cuando en medio de la lucha de Sergio Massa por salirse del atolladero en el que lo había metido Juana, claramente Jorge le dijo que ninguno resiste un archivo. En la elipsis estaba la mejor respuesta a nuestras dudas. 

Y esa frase fue fatal para Massa que cambió la dirección de la vista y se vio venir una tormenta la cual, sabiamente, los comensales evitaron. A O´Donnel le sobra metralla periodística para poner mal a cualquier entrevistado. Sin embargo en esta oportunidad, más allá de algún dardo disparado no tanto hacia Massa como al gobierno, lo puso en guardia al presidente de la Cámara, pero finalmente todo estuvo controlado. Especialmente cuando junto con Asis le bajó el precio al NODIO de Miriam Lewin, asegurando que se hace “mucho ruido” con un observatorio que lo tienen muchas organizaciones y luego de subestimar al organismo en actividades de control de contenidos, ninguno se refirió a lo importante: el presupuesto de 250 o 300 millones que demanda y sus más de 120 empleados en la estrcutura.

Concluyendo: me defraudó la mesa y no estuvo a la altura de los periodistas que allí estaban sentados. 

Siento que hubo dos pecados: pactar previamente no hablar de ciertos temas para “cuidar” a Massa y hacerle el juego a un político que supo despertar grandes expectativas y fue él mismo, el partícipe necesario de su caída en los gustos de la opinión pública.

Me da la impresión que Massa fue llevado allí para “dar explicaciones edulcoradas” de un gobierno que lo involucra, no puede explicar nada y “cuidarlo” como reserva política. No creo que lo hayan logrado. Personalmente aprecio la evidente censura previa que existió para no preguntar ni repreguntarle al diputado.

En la mesa de Legrand se han hecho grandes escándalos por mucho menos y en esta oportunidad, lo mínimo esperado, era que tan buenos periodistas fueran nuestras voces, nuestros oídos y aprovecharan la oportunidad para sacarnos de una duda:

¿De qué lado está Sergio Massa?; aunque todos lo sabemos, no por boca del personaje. Nada de esto ocurrió, pero nos sirvió para reafirmar una idea:

Sergio Massa esperaba que lo llamen y Cristina Fernández lo supo ver antes que nadie.

Massa incómodo defendió al gobierno (obviamente) pero trató de aparecer como parte de “un frente”, de manera que si la cosa sigue mal como hasta ahora, pueda escapar diciendo que nunca perteneció al kirchnerismo. 

Sólo él lo cree, la gente ya lo tiene medido y su capital política está muy disminuido. 

Ahora solo le queda seguir jugando con Máximo y Cristina; ese fue y es su destino. 

(Agencia OPI Santa Cruz)

sábado, 17 de octubre de 2020

Los problemas sin solución de Alberto Fernández VI

Una diferencia que trae algo de optimismo en el presente: lo que sucede en este momento en Argentina es inédito y no sólo por la pandemia.

Por la propia lógica de la joven democracia argentina.

No es 2001.

Ahora hay una oposición que terminó su mandato y perdió por solo 7 puntos: el riesgo de alternancia para el oficialismo de turno, cualquier oficialismo, es una buena noticia para la sociedad.

Y por otro lado, hay un peronismo que por primera vez está perdiendo su fama de garante de la paz social en momentos de crisis.

Ya no es el partido piloto de tormentas.

Quedó claro que nadie puede gobernar solo la tormenta perfecta: esa es una lección que empieza a tomar forma después de 37 años de una democracia que generó sus propias deudas.

La marcha de la historia de la recuperación de la democracia es una flecha lanzada hacia el futuro.

Una evolución que muestra nuevos especímenes y nuevos eventos tectónicos.

El problema es que estamos justo en una de sus grietas.

Ese el mayor desafío...

Los problemas sin solución de Alberto Fernández V

Y ese es otro de los grandes problemas del kirchnerismo en sus distintas versiones:

La dificultad para administrar la convivencia entre mayorías y minorías.

El presente argentino además subraya ese desafío en la medida en que la mayoría, el 52% de los argentinos, no votó al binomio Fernández - Kirchner.

La idea de que el oficialismo gobierna y la oposición se mantiene en su rol es cuestionable en Argentina:

Por un lado, en este caso, por el peso de cada sector: un 41% de los votos es una parte sustantiva de la sociedad, que debe ser escuchada.

Por otro lado, porque las demandas estructurales insatisfechas durante tantas décadas exigen un cambio de lógica en el que el punto de vista de la oposición sea incorporado como dato en el presente.

Y no patearlo hacia adelante para cuando arme un partido y gane las elecciones.

Las mayorías son siempre temporarias.

Nada bueno dura tanto: tampoco el poder.

Y un país en marcha piensa el presente en función de un futuro sustentable:

Los volantazos en las visiones del mundo no le convienen a nadie.

En las sociedades con una paz social naturalizada, los cambios de gobierno se perciben apenas en las diferencias marginales de sus políticas.

Difícilmente se vivan con estrés por la gente de a pie.

La vida ciudadana está volcada a otras cuestiones: no hay pérdida de energía social en el correr agotador detrás de un futuro que se escapa de las manos.

La velocidad en la escalada del dólar es la representación de ese horizonte de bonanza que es escurre entre los dedos.

La definición más inquietante de Alberto Fernández esta semana, en la entrevista con Horacio Verbitsky, tuvo que ver con eso, con la utopía de la hegemonía pero-kirchnerista.

Para Fernández, su gobierno es "el último proyecto para que todos juntos no permitamos que el conservadorismo vuelva a hacerse cargo de la Argentina nunca más".

Es decir, la negación, exclusión y borramiento de la mirada de un 41% de los argentinos.

Pero no de los dirigentes opositores sino de las ideas y visiones de la argentina que la ciudadanía que integra ese 41%.

Esa ilusión de excluir al otro distinto es otro de los grandes problemas argentinos.

Hay tolerancia de género al infinito.

De religión. De origen.

Pero la tolerancia hacia el que piensa políticamente distinto no encuentra su lugar en la gramática política.

No hay lenguaje inclusivo que integre a los que piensan distinto.

Los problemas sin solución de Alberto Fernández IV

¿Cuál es la matriz estatal que le conviene a Argentina?

Combatir al capitalismo no parece ser la mejor opción: los países que mejor atraviesan esta pandemia cruzan capitalismo con un Estado de bienestar en serio, es decir, el que integra la justicia social en una macro eficiente y en un mercado libre con reglas claras y sostenibles.

Los países nórdicos, por ejemplo.

Ahora el Gobierno plantea una empresa estatal para competirle a Mercado Libre: Correo Compras.

Un Estado ineficiente como el argentino, impotente para proveer servicios básicos, ¿se pone a jugar el rol de Estado empresario en un sector como el e-commerce?

¿Por qué?

¿Cuál es el sentido de sumar desafíos inabordables cuando las demandas de infraestructura, sobre las que los privados pueden hacer su aporte son más urgentes?

¿Es el momento para hacer la revolución estructural de la Argentina?

¿O es el mejor momento para una política de consenso?

Distribuir responsabilidades para que haya continuidad de futuro.

La postergación de pagos de la deuda que logró este Gobierno quedará reducida a un patear para adelante el problema si la sustentabilidad de la deuda no se convierte también en sustentabilidad política: una visión del mundo negociada entre sectores.

Diciembre de 2017 es un ejemplo inquietante de este problema argentino:

La Ley que fijó entonces la fórmula de actualización de las jubilaciones fue finalmente sancionada a pesar de la enorme resistencia de la calle, con niveles de violencia imposibles de olvidar, y una tensión dentro del Congreso, también lamentable.

Obtuvo el 49% de los votos: 127 votos a favor, el 45% la rechazó: 117 votos en contra y hubo dos abstenciones y 10 ausentes.

A pesar de esa mayoría, una de las primeras decisiones de la presidencia de Fernández fue suspender esa ley, como parte de la Ley de Emergencia de diciembre de 2019.

Es decir, ni siquiera una votación legítima en el Congreso garantiza que una ley se convierta en política de Estado.

La resistencia del kirchnerismo en aquellos días era prueba de que sin consensos más amplios que los que se logran con el voto, consensos que luego sí por supuesto, deberán encontrar su legitimidad en esa votación legislativa, no hay políticas de Estado que perdure más allá de cada gobierno de turno.

Los problemas sin solución de Alberto Fernández III

Es el correlato de una relación entre la ciudadanía kirchnerista y sus líderes políticos más estructurada por la lealtad militante donde la lealtad está antes que la exigencia de la rendición de cuentas.

Una ciudadanía que tiende a justificar en exceso los errores de sus líderes.

Hay poco hábito de un ejercicio ciudadano que exija y demande al líder político y al Estado:

Esa distancia crítica de la ciudadanía empoderada, la verdadera dueña del Estado, se ejerce poco y menos todavía cuando hay simpatía, o lealtad, con quien gobierna.

No es privativo del pero-alber-kirchnerismo.

Pero es especialmente perfecto en el pero-alber-kirchnerismo.

El 17 de octubre y la lealtad peronista son un ejemplo claro de un tipo de relación con la clase política donde la subordinación y el agradecimiento reverencial está antes que la voluntad de cuestionar, exigir, demandar.

Un problema histórico de Argentina. Que agrava la densidad del problema presente.

Justicia social con macro eficiente

El Estado puede serlo todo: regulador prudente del juego del mercado; interventor abusivo de la economía; proveedor de servicios básicos, más o menos eficientes, o más o menos ineficiente; participante activo de la economía, asumiendo un rol también en el sistema productivo.

Algunas experiencias ya han quedado desacreditadas por el paso del tiempo: la historia trae lecciones.

Los problemas sin solución de Alberto Fernández II

El modo en que el ministro de Economía Martín Guzmán y el mismo presidente Alberto Fernández relativizan el peso del dólar blue y su impacto en la vida real funciona de la misma manera que la insistencia del Gobierno en negar la necesidad de la gente de recuperar su trabajo y su vida de afectos en medio de la pandemia.

O se demoniza o se niega esa necesidad.

La pandemia también está demostrando que no se puede gobernar de espaldas a la realidad.

Pero volvamos a la economía.

¿Hay un problema de incomprensión de la economía?

¿O la gravedad del problema está claro pero la dificultad de dar con la solución obliga a la retórica de la minimización, la condena o la negación de la fijación argentina en el dólar?

La grieta de fondo agrava el problema.

Pero la grieta más estructural no es la que enfrenta a kirchneristas con anti kirchneristas.

La grieta fundamental se da en realidad en torno a una manera de concebir el Estado y el rol del sector privado.

Es llamativa la vocación kirchnerista por el "animismo de Estado": el "Estado te cuida" es la insistencia por dotar de cualidades humanas y paternales al Estado, un ente abstracto que en realidad funciona sobre todo gracias a aquellos que según esa concepción del Estado son "cuidados": los ciudadanos privados que aportan con sus impuestos.

'Estado presente" y "el Estado te cuida" son inefectivos a la hora de cumplir con sus responsabilidades.

Sin esa alianza interesante con el sector privado, los ciudadanos particulares, y sin la eficiencia en el gasto y en su financiación, el "Estado te cuida" se vuelve la mayor de las ficciones sobre las que descansa el pero-alber-kirhnerismo.

"Estado presente" y "Estado te cuida" no son sinónimos de Estado de bienestar.

Esa visión paternalista del Estado se ve también en el modo en que la ciudadanía kirchnerista se relaciona con el presidente Fernández, lo mismo que con Cristina Kirchner o Néstor Kirchner, en el pasado.

Pero con Fernández es más llamativo el efecto porque su trayectoria, que lo mantuvo alejado del contacto con la ciudadanía y más involucrado en las bambalinas del poder, contrasta con la operación ternura con la que se lo agasaja.

Se notó sobre todo en los primeros meses de su gobierno y de la pandemia: niños, mujeres e inclusive hombres adultos no dudan, aún ahora, en incluir corazones y otros emoticones tiernos en sus menciones a Fernández en Twitter, por ejemplo.

Los problemas sin solución de Alberto Fernández

Luciana Vázquez

La Argentina es hoy una superposición de problemas y pocos caminos de solución. 

Ante cada necesidad, ya no hay un derecho sino una dificultad. 

Hay una lectura instalada esta semana entre políticos de la oposición y analistas críticos de la situación actual, un gradualismo que preocupa: el inicio de un camino de empobrecimiento atípico por las memorias de Venezuela que dispara, que empieza a notarse en varios aspectos.

La pérdida del poder adquisitivo del salario mínimo: si el presidente Alberto Fernández expusiera este problema en alguna filmina, Haití es ahora el horizonte de comparación: un salario argentino que en dólares cayó por debajo del de Haití. Con el dólar a 178, es el menor de América Latina, sacando a Venezuela. 

La venezolización es percibida también en la velocidad con que los productos empiezan a escasear y los precios a subir.

El dólar hoy volvió a batir récords y ése es otro desvío en el camino hacia la salida de la crisis. 

Problema endémico para el que todavía no hay vacuna. 

El peso histórico del dólar es un termómetro de la incertidumbre pero, sobre todo, es una muestra de su funcionamiento como institución clave de la vida social argentina: regula expectativas y define destinos nacionales. 

Gobiernos nacionales. 

Es contante y sonante pero también es un intangible que absorbe deseos y decepciones argentinas.

Desconocer su peso simbólico y su poder de sintetizar visiones del mundo es un error: no se puede gobernar de espaldas al dólar en Argentina. 

Al paralelo, al blue me refiero. 

En el dólar se lee la fe en un gobierno, la sensación de tranquilidad y futuro asegurado, la posibilidad real de disfrute al alcance de la mano o, por el contrario, ansiedad y estrés ante el futuro.

viernes, 16 de octubre de 2020

Gas: El error de Alberto Fernández al cuestionar a Macri

Por: Pablo Fernández Blanco

Alberto Fernández sostuvo hoy en Vaca Muerta que la producción de gas había caído en la gestión de Mauricio Macri. Los números oficiales desmienten esa afirmación.

Es probable que a esta altura de los hechos el presidente Alberto Fernández deba revisar quién le hace las estadísticas que usa al momento de hacer anuncios.

A los entuertos pasados con los números relacionados con el coronavirus se le sumó este jueves otro vinculado con la producción de gas en la Argentina.

Fernández participó de un acto en Loma Campana, el centro neurálgico de Vaca Muerta, para dar a conocer un nuevo plan de estímulo a la extracción de gas.

En la práctica, se trata de más subsidios.

Allí sostuvo: "Han pasado cuatro años muy difíciles en la Argentina, donde parece haberse vivido la metáfora del olvido. Todos se olvidaron de la gente y se pagaron aumentos siderales de tarifas, mientras la producción de gas declinaba. Vamos a corregir las cosas. Vamos a ser la Argentina que nos merecemos", sostuvo.

La primera parte de la afirmación anterior puede quedar para la discusión política, aunque la relacionada con la producción de gas es difícilmente sostenible desde los números oficiales.

La producción de 2015, cuando Cristina Kirchner entregó el poder, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Energía, era de 42.906 millones de metros cúbicos anuales.

Al final del mandato de Macri había alcanzado los 49.350 millones. Es decir, no sólo no cayó, sino que se recuperó un 15%.

Y contrasta con la caída de 6% que anotó Cristina Kirchner en su segundo mandato, cuando la energía se había convertido en un problema de Estado.

Dicho en números más manejables y comunes a la industria petrolera, en 2015 la producción de gas natural promedió los 117,5 millones de metros cúbicos diarios.

En 2019, los 135,2 millones.

Aunque el partido recién empieza a jugarse, los números de Alberto Fernández no son promisorios.

En los primeros ocho meses del año la producción de gas cayó 7,5% en comparación con el mismo período del año anterior.

Tiene algo a favor: le tocó convivir con la pandemia, algo que alteró producción y consumo.

De manera que hay espacio para recuperar el terreno perdido.

Allegados a la Casa Rosada deslizaron que es posible que Fernández quisiera referirse a la producción de YPF.

Según las mismas fuentes, en el período de Macri la petrolera bajo control estatal relegó posiciones a favor del sector privado.

Las cifras de Macri incluyen el traspié petrolero del final de su mandato, algo que los empresarios aún le recuerdan al ex presidente.

Poco antes de las PASO, y al calor del año electoral, el gobierno puso freno a la política de aumentos tarifarios, algo que tuvo un correlato en la inversión.

En un contexto de malos resultados económicos en variables clave como el crecimiento, la inflación y la pobreza, la energía fue una de las banderas positivas que agitaron los anteriores inquilinos de la Casa Rosada.

En noviembre pasado, cuando el Frente de Todos ya había ganado las elecciones, el secretario de Energía, Gustavo Lopetegui, mostró como un logro sobresaliente la marcha del mercado de gas, donde destacó el aumento de la producción y la reapertura de las exportaciones a Brasil y a Chile. Según sus números, medido en términos de crecimiento interanual, la producción de gas creció en la gestión de Macri a razón de 4,6%. Desde el punto de vista de la extracción de gas, es posible que la década kirchnerista represente 10 años perdidos.

Los números oficiales muestran que la extracción de ese insumo cayó de manera sostenida a partir de 2004.

La caída en la producción de ese insumo contaminó otros elementos de la economía, dado que la menor oferta llevó a aumentar las importaciones, que se pagan en dólares, y provocaron la implementación del cepo cambiario.

Varias decisiones de Cristina Kirchner encuentran explicación en esa debacle. La más resonante es la estatización de YPF, en abril de 2012.

En diciembre del año anterior, la presidenta había tenido una reunión con Sebastián Eskenazi, gerente en los hechos de la petrolera, donde le había endilgado los problemas que la factura de importación le traía al país. Cuatro meses después, la empresa dejó la órbita privada.

Con Miguel Galuccio como presidente de YPF, y con mejores precios para la producción de hidrocarburos que los que habían tenido la española Repsol y la familia Eskenazi, la oferta de gas de YPF creció más de 12% desde 2011 hasta el final del mandato.

Pero la mayor parte del resto de la industria no acompañó esa tendencia.

Con responsabilidades mayores, Kicillof se volvió pragmático, algo que lo alejó del pensamiento de Néstor Kirchner y de De Vido.

En lugar de pelearse con las petroleras, les dio estímulos económicos a través del denominado Plan Gas.

Sin aumentos de tarifas en los últimos meses y con baja expectativa de que ocurran en los próximos, Alberto Fernández anunció este jueves un plan, hijo de esas viejas necesidades para apuntalar la producción.