"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

viernes, 9 de abril de 2021

¿Cuándo lo harás, Cristina?

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 780)

“La única manera de enfrentarse a la violencia de la muchedumbre, mediante la cual los comunistas pretendían apoderarse de la ciudad y presentarse al mundo como el gobierno que reclamaba el pueblo …, era por la fuerza de las armas”. Winston Churchill

Hagamos un ejercicio de imaginación. Supongamos que Cristina Fernández se convenciera de que las elecciones legislativas no le permitirán hacerse con las mayorías necesarias para su pretensión de modificar las leyes que obstruyen la impunidad que anhela. Supongamos, además, que a partir de octubre comenzaran a llegar al Gobierno las facturas de la fiesta preelectoral: descontrolada emisión para cubrir tarifas atrasadas, subsidios y planes; explosión inflacionaria y consecuente aumento de la pobreza; reprimida devaluación; desabastecimiento por falta de insumos importados; cierre total de acceso al crédito por el seguro default; falta de inversiones para crear empleo genuino; deuda del BCRA y sus escandalosos intereses; etc..

Coincidirá conmigo en que, de darse ese escenario, seguramente la Presidente/Vice caería en la desesperación. Falta saber qué haría entonces.

A total contramano de las necesidades imperiosas de la angustiada sociedad, la agenda judicial que la afecta es su única preocupación, pero las encuestas están informando la masiva fuga del voto independiente de clase media que, engañado, permitió al Frente de Todos ganar en 2019. Ese factor, sumado a la pauperización por la inflación de los alimentos (superior en 50% a la media), la inseguridad y la droga, que golpean principalmente a su base electoral del Conurbano y, sobre todo, al penoso proceso de inmunización, a la torpeza y la manipulación en la administración de las cuarentenas y a la incesante revelación de corrupción en la compra de insumos, vacunas y hasta en el transporte de éstas, con las que, por si fuera poco, se inocula a jóvenes militantes mientras se deja indefensos a los más vulnerables, han hecho que la postergación, la unificación o la suspensión de estas elecciones se transformen en algo esencial para no perder el poder.

Que estén utilizando la pandemia y las sospechosas cifras de contagiados y muertos para sostener que será imposible realizarlas, habla muy claro de la catadura moral de quienes son, precisamente, los responsables directos de tamaña catástrofe; son los mismos que fundieron el país (cerraron 30.000 empresas y se perdieron 1,5 millón de trabajos) y ahora reinciden en aplicar recetas fracasadas e inconstitucionales. Espero que la oposición no vuelva a caer en la trampa, aduciendo que no dispondrá de suficientes fiscales para controlar los comicios por miedo al virus; de todas maneras, el oficialismo está proyectando ya un fraude masivo en la Provincia de Buenos Aires, tutelado por un integrante de la manada de rottweilers vengadores, el Juez electoral Alejo Ramos Padilla.

Esa salvaje jauría, en la que destacan el Ministro y el Secretario de Justicia, Martín Soria y Juan Martín Mena, el Diputado Rodolfo Tailhade y el Procurador del Tesoro, Carlos Zannini, a la cual el energúmeno Alberto Fernández no sabe/puede/quiere controlar, está royendo las cadenas institucionales de la Argentina, comenzando por la Corte Suprema, los jueces federales y el Procurador General y sus fiscales, a los que no conseguirán ampliar o reemplazar por vías legales salvo que haya deserciones en la oposición (algo poco probable a esta altura), y todas esas maniobras terminarán, otra vez, en un monumental fracaso. La peregrina teoría del lawfare se debilita porque la enorme mayoría de las causas –salvo “Cuadernos”- que afectan al kirchnerismo (como los bolsos de José López en el convento, por ejemplo), fueron iniciadas antes de diciembre de 2015, cuando Cristina Kirchner era oficialmente Presidente.

Por ello, cabe preguntarse cuándo ordenará ella la toma violenta del Palacio de Justicia, donde reside la Corte; se podría inspirar en los ataques al Palacio de Invierno (Rusia, 1917) y al Cuartel de la Moncada (Cuba, 1953). Si usted cree que deliro al imaginar algo así, recuerde qué sucedió en la plaza el 24 de octubre de 2018, cuando se discutía una fórmula de ajuste de las jubilaciones y las asesinas hordas kirchneristas –demuestran esa pertenencia al guardar un cómplice silencio ahora pese a que el Gobierno está licuando los haberes- pretendían invadir el Congreso, con la complicidad de los diputados Leopoldo Moreau y Horacio Pietragalla, después de arrojar catorce toneladas de piedras sobre la Policía de la Ciudad.

Dispondría, para esa aventura, de nuevas y sanguinarias tropas de asalto: barrabravas, narco-sicarios, criminales liberados, delincuentes importados, soldados de Sendero Luminoso y de las FARC, etc. Esta misma semana, hubo un ensayo general cuando “organizaciones sociales” fueron al Palacio a exigir la liberación de dos delincuentes condenados, Amado Boudou y Milagro Sala, privilegiadas estrellitas de esa maloliente galaxia.

Se me podría replicar que, en 2015, ella entregó el poder pacíficamente pero, a mi entender, las circunstancias son distintas, porque más temprano que tarde llegarán las definiciones en las causas judiciales que, llenas de pruebas concluyentes de corrupción, lavado de dinero y enriquecimiento ilícito, tanto la preocupan, sobre todo por la suerte de Florencia Kirchner. Además, ahora está en juego no sólo la aspiración dinástica de la familia sino su intención de subsumir al peronismo en La Cámpora; es decir, llevar a la victoria el proyecto de los Montoneros de los 70’s, cuyos hijos ya se han encaramado a todas las instituciones del Estado; lo mismo sucede en el sur, donde los terroristas del ERP se han unido a los pseudo-mapuches para reeditar la tentativa de un Tucumán independiente.

Y la dramática pregunta es: ¿de qué recursos morales y físicos dispondrá entonces la sociedad para combatir ese probable golpe de Estado?

En la respuesta estará el futuro de la Argentina que conocemos.

Bs.As., 10 Abr 21

martes, 6 de abril de 2021

San Rafael

Rafael significa "el Señor sana" o "medicina de Dios"

San Rafael Arcángel es uno de los siete arcángeles que está delante del trono de Dios.

Se le conoce como el Arcángel sanador, por su intervención divina con el personaje Tobit, a quién sanó de una ceguera

A San Rafael también se le conoce principalmente como el patrón de los viajeros porque con su ayuda, guía en los viajes espirituales en la búsqueda de la verdad y el conocimiento.

También es el patrono de los médicos y de los ciegos.

En el libro de Tobías, capítulos 5 al 9, (Antiguo Testamento), San Rafael ayudó a Tobías a hacer un bálsamos con las vísceras de un pescado, para así ayudar a sanar la ceguera de Tobit, su padre.

Rafael significa «El Señor sana» o «Medicina de Dios» y es comúnmente invocado por los médicos, enfermeras y todo aquel que sufra alguna dolencia o enfermedad.

San Rafael Arcángel es un poderoso intercesor que ayuda, por voluntad de Dios, a sanar la enfermedad física, mental y espiritual.

lunes, 5 de abril de 2021

Cuando “todos” significa “ninguno”

Carlos Mira   

Todos conocen la inclinación “todista” del castrochavismo kirchnerista.

Ese berretín está presente siempre,  incluso en las últimas elecciones presidenciales cuando ese conjunto de impresentables utilizó el nombre de Frente de “Todos” para ganar y volver al poder.

Una parte importante de la sociedad sabe que se trata de un slogan de marketing demagógico y populista que sólo sirve a los fines de conseguir los objetivos de acceder al poder y conservarlo.

Pero hagamos de cuenta por un momento que somos un conjunto de inocentes y que nos ponemos a analizar fríamente el “todismo”.

¿Qué hay detrás de él? ¿Qué se quiere decir cuando se lo enarbola  y qué se persigue con su constante repiqueteo? (Últimamente, incluso, con el tedioso agregado de “todos” y “todas”).

Con un gran esfuerzo de desaprensión, digamos que la idea detrás de ese concepto (aplicado con éxito no solo en la Argentina sino en muchos países que caen presos del populismo) es que no se permitirá el progreso de algunos si no se da el progreso “de todos”.

Algo así como “nadie podrá asomar la cabeza hasta que no la asomen todos”.

Este parche, blandido sobre una sociedad sometida desde hace décadas a millones de discursos resentidos que inflamaron la vena odiosa de la envidia, ha dado resultado. O, al menos, ha producido los resultados electorales buscados por el populismo fascista.

Hoy en día el mundo no admite el acceso al poder por la vía de aventuras militares o paramilitares: la comunidad internacional exige una validación “democrática” que provenga de la legitimidad del voto mayoritario.

Ese mecanismo es una suerte de salvoconducto que los gobiernos deben exhibir para que su legitimidad quede demostrada.

De modo que los buscan llegar al poder para establecer verdaderos regímenes autoritarios o directamente totalitarios deben, previamente, arbitrar los medios que le aseguren el acceso al poder por la vía pacífica de las elecciones.

Las elecciones se ganan con masa electoral, de modo que la clave para todos estos trasnochados acceda al gobierno estará dada por la capacidad que tengan para conformar esa masa crítica de electores.

Naturalmente si esos electores llegaran al convencimiento de que su única posibilidad de tener acceso a lo mínimo indispensable para vivir proviene de lo que puedan darle los personeros del populismo, éstos habrán conseguido el preciado salvoconducto.

¿Cómo se relaciona este análisis con la teoría del “todismo”?

Muy sencillo. Si la idea es que nadie puede progresar hasta que no progresen “todos”, simplemente no habrá progreso porque el progreso es desparejo por definición.

Solo una sociedad que ha sido bombardeada por décadas con mantras que dicen que es efectivamente posible construir una trama social en donde los ingresos sean de hecho iguales, puede creer que el progreso puede darse simultáneamente de modo igual y parejo en toda la comunidad.

El progreso es un proceso acumulativo que comienza por algunos y va sumando capas geológicas como la bola de nieve suma capas de polvo por cada vuelta que da.

Si una imaginaria “ley de nieves” considerara socialmente injusto que unas capas de nieve se formen antes que otras y por lo tanto prohibiese su formación no habrá bola de nieve para nadie, ni para las que habrían sido las primeras capas ni para las que hubieran sido las últimas: la aspiración de que la bola se forme completa y de una sola vez para “todas” las capas hará que no haya “ninguna” capa.

¿Y qué ocurre en estos regímenes cuando se verifica que nadie está progresando, que no hay, directamente, “bola de nieve”?

Para estos regímenes es un éxito. Es lo que se comprobó la semana pasada con la publicación de los índices de pobreza: para el castrochavismo kirchnerista tener 42% de pobres y 6 de cada 10 chicos menores de 14 años en la pobreza es un éxito, no un fracaso. Ya pauperizaron medio país; ahora les falta la otra mitad. Ese ejército de votantes que no progresa se va convenciendo cada día más que su única posibilidad de subsistencia es la teta del Estado, en otras palabras, la dependencia de la nomenklatura kirchnerista.

Allí está su salvoconducto para eternizarse en el poder.

El populismo sabe que si no permite que algunos asomen la cabeza primero, nadie la asomará.  Y como precisamente eso es lo que quiere, maliciosamente “vende” el verso igualitario de “habrá progreso para todos o no habrá progreso para nadie” porque que nadie progrese es el desideratum de su estrategia: si todos están hundidos, todos dependerán de ellos.

Cuenta un ex asesor económico de Hugo Chávez que cuando entrevió los problemas que se avecinaban para la economía del país pidió una audiencia con el comandante y lo fue a ver. Cuando le planteó sus temores, Chávez le respondió: “me parece que usted no entendió lo que es la ‘revolución…’ Nosotros no podemos sacar a los pobres de la pobreza porque los pobres son los que votan por nosotros… Entonces nosotros tenemos que mantener a los pobres, pobres, pero “ilusionados…” Si nosotros sacáramos a los pobres de la pobreza, ellos ya no nos precisarían y dejarían de votar por nosotros”.

La mayor máquina de pobres es la prohibición del progreso. El progreso se prohíbe por la vía de impedirlo a algunos bajo el argumento de que debe ser para “todos”. El progreso como suceso único ocurrido para todos en el mismo instante, no existe.

Por eso, cada vez que leamos “todos” en las proclamas kirchneristas tengamos el buen tino de leer “ninguno”. Cuando escuchemos “no queremos un país para algunos sino un país para todos” leamos “no queremos un país para nadie que no seamos nosotros”.

 

Yo lo único que sé es que....

Yo lo único que sé es que....

A mí me tomó de la mano cuando más lo necesitaba.

Me enseñó a sonreír y a agradecer por las pequeñas cosas.

Me enseñó a llorar con fuerzas y a dejar ir.

Me enseñó a despertarme agradecido y a acostarme con la cabeza tranquila.

A caminar muy lento y sin preocupaciones

Me enseñó a abrazar  al que me necesita

Me enseñó mucho, me enseñó todo.

Me enseñó a quererme con ganas.

A querer a quien está al lado y a darle la mano.

Me enseñó que siempre me está hablando en lo cotidiano, en lo sencillo, a manera de mensajes y que para escucharlo, tengo que tener abierto el corazón.

Me enseñó que un gracias o un perdón lo pueden cambiar todo.

Me enseñó que la fuerza más grande es el amor y que lo contrario al amor es el miedo.

Me enseñó cuánto me ama a través de lo que yo amo a mi familia

Me enseñó que los milagros si existen.

Me enseñó que si yo no perdono, soy yo el que se queda prisionero, y para perdonar primero tengo que perdonarme.

Me enseñó que no siempre se recibe bien por bien, pero que actúe bien a pesar de todo.

Me enseñó a confiar en mí y a levantar la voz frente a la injusticia.

Me enseñó a buscarlo adentro y no afuera.

Me dejó que me aleje, sin enojarse, que salga a conocer la vida, a equivocarme y a aprender.

Y me siguió cuidando y esperando.

Me enseñó que solo vengo por un tiempo, y solo ocupo un lugar pequeño.

Y me pidió que sea feliz y viva en paz, que me esfuerce cada día en ser mejor y en compartir Su Luz conociendo mi sombra, que disfrute, que goce, que ría, que llore y que valore, que Él SIEMPRE va a estar conmigo....

Que aunque dude y tenga miedo, confíe, ya que esa es la fe, confiar en Él a pesar de mí....

Gracias Jesús por estar en mi vida y enseñarme a vivirla...

Juan lucas Martin

miércoles, 31 de marzo de 2021

El lawfare como delito

Carlos Mira   

Como se sabe existe una versión avanzada de que la comandante de El calafate ha instruido a su tropa para arremeter contra el Código Penal para introducir por la fuerza un nuevo tipo que castigue el “delito” de lawfare.

Es decir, se intenta configurar en el texto de la ley la recepción legislativa de un instrumento de penetración política, de una alquimia inconcebible que solo puede haber nacido en las retorcidas mentes de acusados completamente conscientes de que están perdidos, para dar un paso más en el sentido de la impunidad.

La argumentación fue tomada de peregrinas ideas europeas que pretenden convencer (no sé muy bien a quién) de la supuesta utilización del Derecho para continuar, por otros medios, el warfare, es decir el estado de belicosidad declarado y explícito con el uso de armas.

La “señora” ha identificado esta estafa como su herramienta preferida para defenderse de los cargos que enfrenta y pasar al ataque bajo el argumento que, mediante el lawfare, la persiguen por ser ella una representante de los “movimientos populares”.

Más allá de que el yeite de los movimientos populares es intragable porque -en el caso de ella- debería mirarse primero al espejo para hablar de cualquier cosa que tenga que ver con lo “popular” y, segundo, porque es muy burdo construir un muñeco de “soy líder de un movimiento popular y por eso me persiguen los poderosos” para eludir el pedido de explicaciones que la Justicia le hace frente a la abrumadora evidencia de sus crímenes.

Siguiendo ese criterio, todos los delincuentes estarían en posición de armar una historia revolucionaria para hacerse pasar por perseguidos políticos.

Lo cierto es que una de las nuevas misiones del incivilizado nuevo ministro de justicia consistirá justamente en promover esta incorporación legislativa al Código Penal. Es decir transformar en delito una conducta que será muy interesante ver como la tipifican.

Pensemos un poco cómo debería estar redactado el nuevo tipo penal: “Será reprimido con prisión o reclusión perpetua el que iniciara acciones judiciales contra la señora Cristina Fernández de Kirchner, o contra algún miembro de su familia o contra personas que ella designe, sea cual sea el motivo de la imputación y sea cuál sea el carácter que invoca el denunciante”.

O bien, la señora Fernández podría indicarle a su hijo Máximo, que es diputado, que sea él el autor del proyecto y que el agregado al Código diga más o menos así: “Será reprimido con prisión o reclusión perpetua el que iniciara cualquier acción penal, civil o administrativa contra mi mamá”.

A su vez se podría aclarar que la señora Fernández podría, ante la sola presentación de una denuncia en su contra, presentar una querella penal por calumnias e injurias y una demanda civil por daños y perjuicios.

La sola exageración de los argumentos alcanza para demostrar el contrasentido que significa toda la idea del lawfare. Resulta francamente sorprendente cómo se puede tener la audacia de enarbolar ese argumento como defensa y más sorprendente aún que haya una porción de la sociedad dispuesta a creer semejante verdura.

La señora Fernández es la responsable por los crímenes que cometió contra el pueblo argentino; contra su bolsillo, contra su buena fe y contra el esfuerzo que le costó aportar los fondos que luego ella terminó robando.

Hay una prueba abundantísima que refrenda por testigos, por documentación escrita, por videos y por escuchas grabadas el alcance de la formidable operación de atraco a las arcas públicas que comandó primero el matrimonio Kirchner, con Néstor a la cabeza como creador ideológico de la banda, y luego con su mujer como la continuadora de la obra criminal.

La técnica de hacerse pasar por perseguido porque uno es un supuesto “defensor de los pobres” y porque los “oligarcas y entreguistas quieren arruinar a los que defienden a los pobres” es de tal ridiculez que no debería pasar el filtro de ninguna sociedad más o menos avispada y más o menos noble.

El problema con los pueblos a los que se les plantea este escenario, es que han sido pauperizados física y mentalmente de modo sistemático durante varias décadas de modo que cuando estos personajes lanzan su abordaje final sobre el botín representado por el Tesoro Público y son descubiertos, no tienen vergüenza en esgrimir estos argumentos porque saben que ese nivel de pauperización mental, educativo, nutricional finalmente rendirá sus frutos y muchos incautos les creerán.

Puede resultar chocante plantear esta explicación, pero hay una evidente relación entre el nivel de educación, de desarrollo neuronal y de ingesta nutricional y los versos que una determinada cantidad de gente esté dispuesta a aceptar en un momento determinado de la vida social de un país.

La pauperización de la sociedad argentina durante los últimos 75 años, sazonada con altos niveles de adoctrinamiento y engaño ha jugado el papel de un movimiento de pinzas sobre el razonamiento libre de modo de aprisionarlo de tal modo que se ha vuelto inútil o inexistente.

Solo en este contexto de orfandad, los delincuentes, encima de sus delitos, tienen la posibilidad de alegar semejantes contrasentidos como sus mejores arietes de defensa.

lunes, 29 de marzo de 2021

Carta abierta al Presidente Lacalle Pou

Carlos Mira  

Hace 40 años Joan Manuel Serrat decía en Pueblo Blanco “Si yo pudiera unirme a un vuelo de palomas y, atravesando lomas, dejar mi pueblo atrás, juro por lo que fui que me iría de aquí. Pero los muertos están en cautiverio y no los dejan salir del cementerio”. Usted no está en cautiverio, señor Presidente. Y menos aún, en el cementerio.

Levante vuelo Presidente Lacalle. Libérese y libere, al mismo tiempo, al Uruguay de la atadura atávica del fracaso. Deje atrás esta unión con un fracasado, con un terco corrupto que, no conforme con tener cautivo a su propio pueblo, quiere condenar al cementerio a los demás.

No se arrepienta ni de una sola de las palabras que usó.

En efecto: la Argentina, esta Argentina kirchnerista, totalitaria, gris, antigua y frustrada, es un lastre.

Es, como bien lo dijo usted, la pretensiosa administradora de un corset que mantiene atados a los demás a su propia antigüedad, a su propio encierro, a su propio aislamiento.

Usted y su pueblo no tienen ninguna obligación de rendirle pleitesía al señor feudal ni tampoco la necesidad de condenar a su gente al atraso pobre, a la escasez miserable, solo porque un proyecto bueno y ambicioso en su momento se ha convertido -por la obcecación de algunos- en una carga insoportable de reglamentaciones aislacionistas y enemigas del progreso.

Cómo las palomas de Serrat usted y su pueblo tienen ganas de volar…

¡Quién pudiera, Presidente Lacalle!

¡Qué afortunado es usted de no deberle obediencia a un conjunto de zánganos que está destruyendo la Argentina, o lo poco que va quedando de ella!

¡Qué enorme posibilidad tiene en sus manos!

¡Deje este pueblo atrás, Presidente Lacalle!

¡Atraviese las lomas del fracaso y salga del cautiverio colectivista, del resentimiento atávico, de la envidia que paraliza!

Usted, Presidente Lacalle, está frente a la posibilidad de emprender un vuelo hacia la libertad, un vuelo hacia el progreso, un vuelo hacia la integración mundial con naciones desarrolladas.

Usted está en el umbral de poder liberar a los uruguayos de una alianza maltrecha y arruinada. Usted puede ser el primer presidente de una era en la que Uruguay comience su incorporación a un mundo moderno, de confort para su pueblo, de libertades y de modernidad, de apertura y de asociaciones libres.

No tema dar un golpe sobre la mesa para decir “mi país no está dispuesto a convalidar los extravíos de un socio envuelto en épicas vacías y en revoluciones de  pacotilla… Uruguay es un país sensato y no será bajo mi presidencia que abandone la sensatez”.

Lo que Uruguay debe abandonar, señor Presidente, es la asociación con una roca obtusa e incomprensible que está llevando a la miseria a todo un país.

No deje, Presidente, que este virus penetre las fronteras uruguayas. Tome imaginariamente de la mano a cada uruguayo y levante el vuelo de su vida. Deje atrás el atavismo antiguo del fracaso socialista. Apunte alto hacia el sentido común. Escuche el reclamo de su gente que le pide libertad y soltura.

Rompa las ataduras coloniales que le han impedido a Latino America ser una tierra de progreso y realización.

Retome los sueños grandes de Alberdi, de Sarmiento y de Artigas y rompa este tablero de conveniencias para unos pocos y de miseria para todos.

No se deje amedrentar por un compadrito de barrio que ni siquiera tiene la dignidad de hacer valer el poder de su investidura frente a las presiones de quien detenta el poder real en la Argentina.

Usted puede, presidente Lacalle. Usted no le debe pleitesía a ninguna faraona del odio, ni a ninguna arquitecta del resentimiento.

Usted y el Uruguay son libres de elegir levantar un vuelo histórico y, de aquí a unos años, mirar con satisfacción cómo su inteligente decisión permitió independizar a su país de la escasez y de la miseria en la que lamentablemente habrán caído otros de modo casi irreversible.

Usted está a tiempo, Presidente Lacalle, de decir: “Hasta aquí llegó la paciencia de Uruguay; la paciencia con la insensatez, la paciencia con la terquedad, la paciencia con una furia inexplicada que no conduce más que a la infelicidad y a la bronca contra todo”.

Libere a Uruguay del lastre de la tristeza, de estar enojados siempre, de estar peleados con todo el mundo; libere a Uruguay de la envidia, del echarle la culpa siempre a otro; libere a Uruguay de las caras de culo, del sarcasmo, del amateurismo administrativo y de la corrupción rampante.

Confirme la tradición uruguaya del respeto educado, del civismo claro, de la tranquilidad de los espíritus.

Confíe en que el futuro, lejos de los rencorosos, de los guapos de barricada, de los socialistas con el dinero ajeno y de los capitalistas con el dinero robado a otros, será mejor que con la permanencia en una unión tóxica, contagiada por los efluvios malignos de un país que prefirió concentrarse en el caldo hirviente de la envidia antes que lanzarse a la inocente conquista del desarrollo.

Usted, presidente Lacalle, está a tiempo de levantar ese vuelo de palomas.

Está a tiempo de atravesar lomas y dejar a los descerebrados atrás. Usted no está, como nosotros, bajo ningún cautiverio.

Y menos aún su pueblo tiene la obligación de dirigirse a ningún cementerio.

viernes, 26 de marzo de 2021

Las pavorosas mentiras sobre Cristina

por Enrique Guillermo Avogadro

“Cuanto más se desvíe una sociedad de la verdad, más odiará a aquellos que la proclaman”.    George Orwell

Esta semana, música celestial sonó en el Instituto Patria cuando el Supremo Tribunal Federal de Brasil resolvió que el Juez Sergio Moro había sido parcial en el proceso contra Luiz Inácio Lula da Silva por la adquisición de un triplex en Guaruyá. Ese fallo se sumó al que declaró la incompetencia de la Justicia Federal de Paraná para juzgar al ex mandatario, y ordenó que la causa se sustancie en Brasília y, con ello, devolvió al líder del Partido dos Trabalhadores (PT) los derechos civiles, incluyendo el ser candidato.

El coro sinfónico local extendió, con toda razón, las derivaciones de esas sentencias a las múltiples y claramente injustificadas penurias judiciales por las que atraviesan aquí Cristina Fernández, sus hijos y sus amigos por la ya reconocida lawfare desatada, mintiendo descaradamente, por la poderosísima mesa judicial de Mauricio Macri con el apoyo de los periodistas asalariados de los medios de prensa concentrados, de los Estados Unidos y el FMI, y de los jueces y fiscales obsecuentes y venales.

Es mentira que Lázaro Báez haya creado sus empresas constructoras tres días antes que Néstor Kirchner ocupara la Presidencia, y es mentira que, hasta entonces, haya sido sólo un empleado raso del Banco de la Provincia de Santa Cruz, de propiedad de Enrique Eskenazy.

Es mentira que esas empresas recibieran un enorme (90%) porcentaje de las obras públicas en esa provincia, y es mentira que muchas de ellas, ya pagadas, nunca fueran terminadas.

También es mentira que Báez sea dueño de tantas estancias y que haya tenido innumerables negocios inmobiliarios con la familia Kirchner.

Y es mentira que el video en que se vio a sus hijos contando millones de dólares en La Rosadita sea auténtico.

Es mentira que ese banco, y su familia propietaria, hayan tenido mucho que ver con la desaparición de los fondos de Santa Cruz –US$ 1.100 millones- y que eso estuviera vinculado, después, a la compra por los Eskenazy del 25 % de las acciones de YPF. Es mentira que Kirchner haya permitido a la privatización de la empresa durante el gobierno de Carlos Menem, y es mentira que haya enviado el avión de la provincia a buscar a un diputado cuyo voto resultaba indispensable para aprobarla. Es mentira que el Senador Oscar Parrilli haya sido el miembro informante del proyecto de privatización; y es mentira que haya ocupado el mismo rol en la expropiación (“estatización”) de las acciones de Repsol en la petrolera argentina.

Es mentira que decenas de empresarios hayan confesado haber pagado coimas que eran transportadas en bolsos voladores, y es mentira que los Kirchner sean propietarios de tantos inmuebles en el sur, incluyendo varios hoteles. Es mentira que los cuartos de esos establecimientos hayan sido utilizados por Báez y Cristóbal López para que durmieran empleados que trabajaban a 600 Km y así lavar dinero mal habido. Y es mentira que López y Fabián de Souza se hayan quedado con $ 8.000 millones de entonces de impuestos para financiar la compra de varias empresas, y también es mentira que, para protegerlos de las investigaciones fiscales, Ricardo Echegaray, desde la AFIP, haya cerrado la delegación de Bahía Blanca.

Es mentira que Daniel Muñoz, Ricardo Barreiro, Fabián Gutiérrez, Rudy Ulloa y tantos otros secretarios de los Kirchner se hayan enriquecido locamente, y es mentira que Ricardo Jaime hasta haya sido dueño de un Lear Jet. Es mentira que Gildo Insfrán haya pagado a The Old Fund para renegociar la deuda provincial con el Estado nacional, y es mentira que ello haya servido para que Amado Boudou se quedara con la “fábrica de billetes”.

Es mentira que Cristina Fernández no sea abogada y no esté inscripta en ningún colegio profesional, y es mentira que todos los inmuebles y varios hoteles, los US$ 5 millones en la caja de seguridad de Florencia Kirchner no provengan de su exitoso desempeño como tal. Y es mentira que las fastuosas joyas con que la PresidenteVice se decora hasta convertirse en un arbolito de Navidad sean auténticas y le pertenezcan. También es mentira que el propio contador de su familia, Víctor Manzanares, haya contado a la Justicia todas sus imaginadas trapisondas. Y es mentira que Hugo Chávez le prestara a la Argentina, al doble de interés, el dinero para pagar al FMI; y también es mentira que Antonini Wilson haya traído dinero en efectivo en valijas para la campaña electoral de 2007.

Y, dado lo sucedido con el Grupo de Lima, también corresponde señalar que es mentira que el kirchnerismo haya apoyado los reclamos por los derechos humanos sólo a partir de 2003, cuando llegó a la Casa Rosada y que hoy respalde al asesino Nicolás Maduro. Y, por supuesto, es mentira que Estela Carlotto y Hebe de Bonafini hayan lucrado desde entonces con los enormes fondos públicos transferidos a las Abuelas y a las Madres de Plaza de Mayo, algo tan falso como que hayan existido Sueños Compartidos o que Milagro Salas sea una mafiosa y ladrona.

Pero, por todas esas mentiras, me sigue sorprendiendo que, en lugar de apurar los tiempos para ser juzgada y lograr que su total inocencia sea reconocida por la Justicia, como ya lo fue por la Historia, sus abogados continúen trabando el avance de los procesos.

Pese a que todos sabemos que Cristina es una mujer honrada, cualquier similitud de esta nota con el “Discurso de Marco Antonio”, en “Julio César”, de William Shakespeare, sólo podría buscarse con mala fe.

Bs.As., 27 Mar 21

Los últimos escrúpulos se cayeron ayer

Por Carlos Mira   

En el inexplicable “recuerdo” de otro 24 de marzo (la Argentina tiene esa inescrutable inclinación a elegir las fechas equivocadas para sus remembranzas, como el día de la muerte de sus próceres en lugar de recordar el día de su nacimiento o, en este caso, elegir el día del golpe militar y no el día, por ejemplo, en que Raúl Alfonsín ganó las elecciones de regreso a la democracia poniéndole fin, justamente, a aquel período militar) el país asistió a varios hechos simbólicos que tienen el denominador común de la preocupación.

Ayer parece haberse escrito el capítulo final de la caída de la “máscara de Alberto con el que la comandante de El Calafate consiguió engañar con éxito a una franja intermedia de incautos que votaron aquella fórmula permitiéndole el triunfo a un huevo de serpiente que venía escondido en el caballo de Troya que siempre fue el actual presidente.

Toda esa parodia, justamente, pareció terminar ayer. En un acto en donde la locutora oficial cometió el “error” de presentar a Cristina Fernández como la “Sra. presidenta” (sic), la comandante dinamitó las supuestas negociaciones de Martín Guzmán con el Fondo Monetario al decirle a todo el mundo, a cara descubierta, “no podemos pagar la deuda porque no tenemos plata”.

La “señora” echó, con ocho simples palabras, a cientos de miles de argentinos adicionales a la vergüenza de la pobreza y fulminó con el escarnio el poco prestigio que tiene ya el país en el contexto mundial.

Desautorizó la gestión de un ministro del presidente e hizo estallar cualquier posibilidad de acuerdo.

El riesgo país voló por los aires y la cotización de los bonos argentinos se cayó como un piano, en una exhibición fenomenal de dilapidación de riqueza gratuita, como si la riqueza nos sobrara.

Todo fue una puesta en escena pensada a propósito. Sin embargo, la movida no fue novedosa. Recuerdan ustedes cuando en 2014 Axel Kicillof estaba en New York prácticamente con un acuerdo cerrado y en medio del final de la negociación recibió la orden de la entonces presidente de regresar a Buenos Aires sin firmar nada. Ahora la “señora” volvió a repetir la jugada.

Una secuaz, lugarteniente de la comandante, Hebe de Bonafini, enfrentaba al presidente (que había dicho iba a honrar las deudas) preguntándole si sabía lo que era el honor o si pensaba pagar la deuda con los salarios de los trabajadores, sin advertir que el sistema que su facción impulsa hará que en un tiempo más corto que largo, no haya más trabajadores.

La condición de “trabajador” es una situación en la que una persona está a partir de la existencia de trabajo.

Para que haya trabajo tiene que haber alguien que lo genere.

Y el sistema propiciado por el kirchnerismo tiende a hacer desaparecer de la faz de la Tierra a todo aquel que genera trabajo.

De modo que matando a quien genera el trabajo, no habrá trabajo y por lo tanto no habrá trabajadores. Es curioso como toda esta gente da por sentado que ciertas cosas van a seguir ocurriendo hagan ellos lo que hagan. Pues no: frente a un sistema que asfixia a quienes crean trabajo, no habrá trabajo y por lo tanto no habrá trabajadores. La señora de Bonafini debería identificarse a sí misma como una agente profesional de la extinción del trabajo.

El gobierno eligió también el simbólico día de ayer para retirar a la Argentina del Grupo de Lima, que busca una solución para Venezuela con la terminación de la dictadura castro/chavista de Maduro.

Para ello emitió un comunicado que es, a los fines prácticos, un documento en donde el país pasa a endosar ese régimen de servidumbre.

Luego de los severísimos informes de los organismos internacionales de Derechos Humanos que verificaron violaciones espeluznantes de esos derechos en Venezuela, el gobierno kirchnerista no tiene mejor idea que elegir el día de la Memoria y los Derechos Humanos para respaldar lo que se hace en ese país.

Como señal de lo que pretende imponerse aquí, es francamente alarmante.

Ayer también Estela de Carlotto pidió meter preso a Macri, en otro alarde de la pasión comunista por la cárcel. Es tanto el éxtasis que sienten en poner a la gente entre rejas, simplemente porque expresan ideas contrarias al totalitarismo, que no pueden contener exigir esos objetivos a los cuatro vientos, como ya lo han logrado, por ejemplo, con el esposo de Carolina Píparo que hace tres meses que está preso con la excusa de haber lastimado a los motochorros que quisieron asaltar a su esposa por la calle.

También ha comenzado el coqueteo del país con el Banco Asiático de Inversiones, un ariete con sede en Beijing para seguir profundizando la cabecera de playa china en la Argentina y en la región. El Banco Asiático de Inversiones reemplazaría al Fondo como fuente de préstamos, porque esos dineros están bendecidos por el aura comunista en contraposición con los que vienen con el anatema de Washington.

Y para rematar una jornada francamente para el olvido, el ex presidente Macri, en un reportaje que concedió a Jorge Lanata, dijo que si Perón viviera se afiliaría a Juntos por el cambio, en una nueva vuelta de pretender ganarle al peronismo siendo más peronista que los peronistas.

Yo no sé cuándo la oposición va a aprender la lección de que debe olvidarse del peronismo y concentrarse en ofrecer a la sociedad una concepción social de la Argentina y del mundo completamente diferente a la del peronismo. Aquí no es cuestión de hacer bien lo que el peronismo hace mal: aquí es cuestión de hacer algo distinto. Ya son muchos los que se lo señalaron a Macri incluso durante su gobierno. Pero parece ser que el ex presidente no termina de entenderlo.

El 24 de marzo de 2021 debería ser una fecha que, a partir de ahora, deberíamos aprender a recordar como el día en que se rompieron los últimos diques de escrúpulos que, hasta ese momento, trataban de disimular el rumbo chavista del gobierno.

Desde ayer no quedan dudas…

viernes, 19 de marzo de 2021

Los tres miedos

POR MARÍA ZALDIVAR 

La sociedad argentina hoy tiene tres grandes preocupaciones: no quedarse sin ingresos, no enfermarse de covid y no morir en un hecho de inseguridad.

Dicho de otro modo, la inmensa mayoría de la población teme perder el trabajo, que la vacuna sea otro cuento chino (o ruso) y que lo maten entrando a su casa.

El empleo, el covid y la inseguridad son los conflictos cotidianos con los que se convive. Mientras tanto para el gobierno, más alienado que nunca, sus desvelos son muy otros.

La vicepresidente está obsesionada con los desaguisados económicos que la familia Kirchner no puede explicar y en el intento de salir de ese laberinto parece haber elegido el estrecho, incómodo y vergonzoso pasillo de apremiar al sistema judicial.

Cualquiera reconoce que ese ámbito reclama una parva de mejoras pero también cualquiera rechaza que los cambios se hagan a los empujones y con fines políticos y/o personales.

No satisfecho con el embate sobre el poder judicial en el que está embarcado desde aquel engendro que denominaron “democratización de la justicia” allá por 2015, el kirchnerismo ahora personaliza su diatriba en determinados funcionarios, ejerciendo un acoso explícito.

Nombra, acusa, amenaza y revolea el dedo en la nariz de ciertos magistrados, como para que el resto tome nota y se cure en salud.

El presidente, por su parte, tras un año de paupérrima gestión, colecciona sobrenombres.

En la era del feminismo rabioso que ellos mismos alientan, hay quienes lo llaman “el varón domado” en referencia a aquella icónica obra de los años ´70.

Para otros es el “vocero presidencial”; más allá de las ironías, la coincidencia general es que Alberto Fernández ejerce un poder fuertemente condicionado que se le deshilacha, sin prisa y sin pausa, con el paso de los días.

Su agenda también merodea entre las nubes de Úbeda.

Le estalla en la cara el escándalo del vacunatorio paralelo (justo a ellos que adoran los monopolios y detestan los mercados alternativos) y en lugar de hacerse cargo y reclamar una investigación exhaustiva y un castigo ejemplar para los responsables (muchos más que el reemplazado ministro que no funcionaba hacía rato), garantizando a la población con su propio prestigio (ponele) que no volverían a ocurrir más salvajadas, se embarcó también él en una lucha cuerpo a cuerpo contra el poder judicial, para vergüenza de la investidura presidencial.

El profesor de derecho pareciera que quedó debiendo “División de poderes” o, lo que es aún más grave, ignora el formato de “república” al que juró lealtad el 10 de diciembre de 2019.

Mientras tanto, los barrios del conurbano se van pareciendo cada día más a las películas del far west, donde los ciudadanos honestos sortean la muerte a diario ante el silencio y la inacción de los funcionarios políticos y no pocos judiciales, cómplices y complacientes con el delito.

 

Un país dividido

La política va delineando un país dividido y enfrentado: los que, directa o indirectamente, viven de la política y los que producen.

En el primer grupo, masivamente mayoritario, están los burócratas, los empleados públicos, los agentes de los tres poderes del estado y los millones de planeros en sus diversas versiones.

El otro, son los exprimidos entre los que la clase media se lleva la peor parte.

Porque ese segmento socio-económico fue históricamente pujante, motivado por un deseo de superación que los llevaba a elegir el camino de la preparación académica y el esfuerzo laboral.

Para ellos el problema actual es de doble entrada: el estado necesita cada vez más recursos para mantener una planta de improductivos que no para de aumentar y como el kirchnerismo se dio cuenta de que el segmento de los productivos no son su base de votantes, le importa poco y nada ahogarlos con impuestos, subas y trabas a la actividad.

 

En este panorama y bien deslucida, anda por ahí la única oposición política estructurada en un partido, que es Juntos por el Cambio.

Amparados en su condición de burócratas con los privilegios que eso implica, ellos, que cobran puntualmente sus abultados estipendios y viajan al interior con los pasajes que solveta la sociedad, están enfrascados en su interna. Claro, desde la ventana favorecida por la que observan los acontecimientos las cosas se ven distintas porque para ellos efectivamente las cosas son distintas.

Ellos ven otro jardín; en realidad ellos ven un jardín, no el lodazal en el que la casta política ha transformado el país, en el que está enterrado el grueso de la población.

Los apremios de los mortales les son ajenos. 

Así las cosas, inmersos en su realidad paralela, ya se subieron a la pelea por la candidatura presidencial.

¿Tu hermano se quedó sin trabajo?

¿Vos no llegás a fin de mes?

¿Tu padre tiene 80 años y aún no tiene turno para la vacunación?

¿Te robaron la moto de la puerta de tu casa?

Bueno, tranquilo que acá hay que pensar con estrategia:

Patricia no puede con todo porque si va al conurbano no llega a Formosa a cacerolear contra Insfrán ni al sur a sacarte fotos con los anti-minería.

Y aunque la moto de Berni sea súper rápida es imposible desplazarse desde un corte de rutas a AméricaTV en simultáneo.

Hasta ahora, Ricardo López Murphy es la única voz que se alzó en serio frente al escándalo de la falta de vacunas y reclamó al gobierno nacional un plan algo más inteligente y efectivo que el de encerrarnos otro año más.

Pero López Murphy es un ciudadano de a pie.

Está de este lado de la grieta, la de los no-privilegiados.

Tanto distorsiona la intervención del Estado que ni siquiera obtiene de los incentivos naturales los resultados que funcionan en la actividad privada.

Allí, los sueldos van atados a la productividad y eficiencia, principio que a los burócratas no les roza.

Ellos mejoran sus niveles de vida mientras la devolución a la sociedad ya es negativa y empeorando.

Para resumir, nadie de lo que se ve parece dispuesto a atender las preocupaciones que a nosotros nos desvelan, para no mencionar los poderes económico y sindical, siempre corporativos tirando a mafiosos que, en lugar de defender derechos, presionan por privilegios.

Estamos solos.

Es hora de admitirlo y pensar qué hacemos con eso…

viernes, 12 de marzo de 2021

El síndrome del cortoplacismo

 Por María Zaldívar

Agobiada por la coyuntura, la sociedad argentina va tomando como grave la última noticia mientras se apilan las anteriores, sin resolución ni análisis. Entre las enormes pérdidas que colecciona la Argentina una de las más críticas es la capacidad de considerar el largo plazo.

La casta política de todos los colores se encargó de borrar del inconsciente colectivo, incluido el propio, la preocupación por adelantarse a lo que vendrá.

En la crisis del 2001 el titular de una importante compañía extranjera reflexionaba sobre la orfandad intelectual que percibía en nuestro país.

Las universidades no tenían voz y señalaba que no reconocía reductos de pensamiento que aportaran a la sociedad, abrumada y confundida, una explicación profunda de los procesos que transitaba.

Veinte años después, la sociedad argentina padece la misma carencia, más el arrastre de varias décadas donde ningún contemporáneo hizo una disección severa y objetiva de los problemas. Así, agobiados de coyuntura, vamos tomando como grave la última noticia mientras se apilan las anteriores, sin resolución ni análisis.

Este tic favorece a la casta política, que ya ha obtenido inmunidad de rebaño.

Quienes pertenecen se volvieron de amianto, van, vienen y vuelven con absoluta impunidad; cambian de partido y de cargo sin sonrojarse porque el paraguas de los pares los protege y porque el “cortoplacismo” del público los vota.

Hoy la mitad de la sociedad, o tal vez algo más, mira con horror el derrotero de desastre que despliega el país.

Sin embargo, no logra articular una respuesta, una salida, un rescate.

Y esa respuesta tiene que ver con las décadas de vaciamiento cultural que arrastramos.

Los diarios y la TV chorrean corto plazo.

El último asesinato tapa el anterior; el escándalo más reciente trepa y copa las primeras planas; la declaración más desafortunada le gana a otras de similar inconsistencia; la barbaridad reciente desplaza a otras de igual envergadura.

La fiebre del “último momento” se ha transformado en una histeria colectiva.

Un viejo periodista, gran conocedor de la sociedad, solía repetir “que la verdad no empañe una buena primicia”.

Hemos caído tan bajo que ser primero es más importante que ser riguroso.

Hoy se puede ver con claridad el tic del corto plazo aplicado a la política en las dos fuerzas que componen el universo de poder.

El kirchnerismo destroza lo que va encontrando a su paso, sean personas, valores, verdades o instituciones.

Se roba vacunas y las reparte entre privilegiados al tiempo que desde el vértice más alto de la pirámide de poder formal reclama a “jueces y fiscales que terminen con las payasadas”.

En el proceso de degradación institucional, lento y constante, primero quedó arrumbado el principio de la división de poderes, eje del sistema republicano, y luego se perdieron también la vergüenza de la casta dirigente por avasallarla y la reprobación general por la impunidad de los dirigentes.

Así llegamos hoy a escuchar sin espantarnos al presidente de la nación reclamando gestiones a otro poder del estado.

Es una evolución en dos instancias: el momento en que se traspasa el límite entre el bien y el mal y el momento en que ya no se distingue la diferencia. Claramente, el kirchnerismo llegó ahí.

¿Se puede pedir o esperar un cambio de su parte?

Nada parece indicarlo, tal vez más probablemente una profundización de sus formas porque eso es lo que ha hecho siempre el kirchnerismo: elevar la apuesta. Siendo realistas, en el horizonte oficialista solo hay más cristinismo.

La radicalización del régimen luce inexorable. A la gravedad de esta circunstancia, se suma una oposición que también rifa el largo plazo en aras del aquí y ahora.

La interna de Juntos por el Cambio viene escalando de una manera feroz pero no es en la búsqueda del mejor candidato para batir la inmoralidad y el desorden que siembra, controla y alienta el oficialismo.

Horacio Rodríguez Larreta, el peronista cool, moderado y camuflado del PRO, apuesta a todo o nada por su proyecto presidencial 2023 y en ese trayecto están las elecciones de medio término.

Y Rodríguez Larreta aprovecha el tic del corto plazo general mientras esconde sus cartas.

Habla de “democracia interna” para imponer su candidato de cara a las legislativas de octubre sabiendo que quien tiene el control del aparato estatal es imbatible; si alguien duda de esta premisa, que le pregunte a Gabriela Michetti cómo es competir con el oficialismo PRO.

Larreta juega con la figura de su ministro Fernán Quirós, seguro de la imagen positiva que obtuvo durante la gestión de la cuarentena eterna y calcula que sea suficiente para batir a su adversaria personal: Patricia Bullrich.

El jefe de Gobierno especula con sacarla de la cancha ahora y así allanar su carrera a la elección presidencial.

Sabe que si ella aumenta su capital político es su competidora más peligrosa.

Patricia Bullrich es un dolor de cabeza para él pero también para el Gobierno; para Rodríguez Larreta, porque es su contracara en cuanto a la forma de pararse frente al kirchnerismo y para el oficialismo, por su conocimiento del espinel peronista.

El corto plazo hace que el electorado elija hoy y no repare en que ese mandato se ejerce por cuatro años.

En el corto plazo, Quirós puede ser un candidato amigable para los ciudadanos de la ciudad de Buenos Aires; sin embargo, se desconocen sus habilidades políticas y su capacidad o determinación para enfrentar semejante oposición.

Bullrich, escasamente conciliadora con las forma y el fondo K, concita la adhesión de vastos sectores no peronistas y de quienes están hartos de ver a la política recular ante el avance de una verdadera topadora.

El discurso de Bullrich rebasa a Juntos por el Cambio cuando se presenta intolerante e implacable con el delito y cuando no se sonroja dando apoyo político a las fuerzas del orden; es la mano dura que representa a la ciudadanía exhausta de tibieza y eso traspasa las fronteras de Juntos por el Cambio. 

No admitir que esta elección de medio término, usualmente menos clave, puede ser el inicio de una definición del futuro cercano es poner en riesgo la única oportunidad de evitar una victoria kirchnerista en dos tiempos.

La fractura de la oposición o el error de no elegir el candidato más abarcador ahora puede significar que se consagre una mayoría legislativa kirchnerista.

Hay que alertar de este inmenso peligro a una población que solo baraja el corto plazo y que cree que siempre hay tiempo para corregir.

En 2019 era “votemos nuestras preferencias en la PASO y en la primera vuelta, total en el ballotage, vemos”.

Anticiparse no siempre da resultados satisfactorios pero es una posibilidad más. La dispersión de votos favorece a la primera minoría de manera inexorable y una dirigencia responsable debería evitarlo.

La situación política, sanitaria, social y económica se han vuelto insostenibles y el embate contra la justicia, amenazante y perturbador.

El partido de gobierno ya ni disimula.

Juntos por el Cambio tiene la obligación de elegir el candidato que más votos pueda reunir.

Tras décadas de prácticas políticas ineficientes e indecentes, estamos lejos de elegir el mejor pero la gravedad institucional es de tal magnitud que tampoco nos podemos dar el lujo de especular con proyectos personales.