¿De qué manera plasmar siquiera en parte, lo visto y escuchado?
Me abruma el descubrir hasta qué punto llegan mis profundas limitaciones. “Tengo que intentarlo de cualquier manera”, me digo.
¿Por dónde empezar, por donde seguir, como concluir?
El mensaje de la señora Presidente de la Nación, seguramente el más desafortunado que le escuchara pronunciar, bien pudo haber sido a mi juicio, el detonante.
Si puede, porque evidentemente puede, pero no debe decir un Jefe o Jefa de Estado, que no está dispuesto o dispuesta a restablecer el orden, en tanto esto implique la posibilidad de que se pierda una vida.
Es de una inconsistencia legítima y legal tan aberrante que no resiste el menor análisis. Debo imaginar que la señora Presidente de la Nación se encuentra totalmente desbordada por las circunstancias; pensar en otra cosa, implica lisa y llanamente, hablar de locura o de una inspiración demasiado perversa. Y entonces por ahora, prefiero quedarme con lo primero, así haya expresado además y entre otras cosas, teniendo sentada a sus espaldas a Hebe de Bonafini, “que su Gobierno solo está dispuesto a dialogar, por ser enemigo del uso de la fuerza, y no saber de odios, venganzas ni rencores”.
¡Más no me pida!; lo que pudo haber dicho o no luego de esto, no lo tengo debidamente registrado… ¿acaso y desde el vamos no le hablé de mis profundas limitaciones?... inclúyalo entonces.
Y luego… muy a continuación, o casi como respuesta, si prefiere… el detonante que impulsó a algunos vecinos de Soldati, a interpretar que debían ser ellos mismos los encargados de desalojar el predio público tomado, y sobre el que ya se habían levantado varios campamentos.
De ahí en más, lo inexplicable, lo casi imposible de digerir en ésta tierra nuestra, y a comienzos del siglo XXI.
La autoridad, ¡AUSENTE!
Por un lado entonces, un grupo con el camino allanado para impulsar el desalojo. Por el otro, un grupo dispuesto a resistir, y mantenerse en el lugar. Y entonces, las escenas a las que seguramente todos pudimos asistir.
Quizá deberíamos preguntarnos, ¿era previsible que esto ocurriera?
¡Era más que previsible, porque además de los antecedentes de los dos días anteriores, están los antecedentes que desde hace años, vienen pesando sobre toda la población de la ciudad, avasallada constantemente en los que son sus derechos más elementales, por obra y gracia justamente, de esa incalificable idea de no restablecer el orden. Y le recuerdo que hasta el momento de la presente, ya son cuatro los muertos a contar y varios los heridos.
Por último le dejo una pregunta.
Toda esa gente que en un número superior a las dos mil personas, se vio obligada a abandonar el lugar, ¿por qué lugar de la ciudad y con qué intenciones, andará errando…?
Ricardo Jorge Pareja

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