Malú
Kikuchi
De
acuerdo a la aritmética más elemental, tres
por diez es igual a treinta.
En
política tres por diez, da menos.
El
ejecutivo presentó un decálogo y llamó al diálogo a la oposición para asegurar
la gobernabilidad.
Algunos
contestaron, otros no.
Entre
los que contestaron, hay dos decálogos más.
Sergio Massa
presentó sus diez compromisos y se negó a dialogar.
Roberto
Lavagna presentó su diez propuestas, al principio se negó al diálogo, luego
recapacitó y como es el apóstol del diálogo
(dice que salvo con CFK) cambió de opinión sobre el posible diálogo con
Mauricio Macri.
Desde
el principio.
Decálogo
es el conjunto de diez mandamientos que, según los judíos y los cristianos,
Dios le entrego a Moisés en el monte Sinaí.
A
partir de ahí, todo conjunto de 10 preceptos, “compromisos”, normas o leyes, se
define como decálogo.
Origen
griego, deka, 10; lògos, precepto.
Los
tres decálogos, el de Macri, el de Lavagna y el de Massa, son distintos, se
supone que todos ellos son bienintencionados, que creen en lo que
sostienen. Que se sienten capaces de
cumplir sus propuestas si…
Consiguen
el apoyo de las mayorías en las dos cámaras del legislativo.
Los
3 decálogos no suman 30 propuestas, algunas son reiterativas y otras difieren en la forma, pero la intención es la
misma.
Los
3 hablan de federalismo, los 3 mencionan a los jubilados (Macri que gobierna,
aclara “sistema previsional sostenible”).
Macri
y Lavagna mencionan al mundo.
Lavagna
y Massa hablan de educación, Massa se compromete a defender el ambiente.
El decálogo de
Macri es el de alguien que está ahora en el gobierno y sus propuestas son
concretas y básicamente económicas.
Las
de Lavagna y Massa, son más políticas, como
promesas de campaña.
El
llamado al diálogo, de acuerdo con Massa que lo rechazó, llega tarde y es una
clara maniobra electoral, que el presidente hubo de hacer hace años.
Probablemente tiene razón.
Pero nunca es
tarde y Macri como cualquier otro candidato, tiene derecho a una estrategia
electoral.
El
llamado al diálogo es amplio, llega a la CGT y a CFK.
A
esta última, nadie le está reprochando la aparición de su libro “Sinceramente”
(título mentiroso salvo que la autora sea realmente una mitómana) que es sin
lugar a dudas, un lanzamiento de campaña, al que tiene derecho.
Al
cotejar los tres decálogos, se advierte que tanto el de Lavagna como el de
Massa, tienen 5 y 6 propuestas (para Massa “compromisos”), que son válidas, no
se sabe si posibles, pero se comprometen a hechos concretos y
necesarios.
El
resto es electoralista, en lenguaje político, “nac & pop”.
Mucha
“soberanía nacional”, Lavagna y Massa.
“DDHH
y Paz”, Lavagna. Massa, “compromiso contra la pobreza y la desigualdad”, “con
la niñez”, “con el trabajo”, “igualdad de género y contra la violencia machista”.
Lavagna,
“proyecto de desarrollo integral”, “igualdad de oportunidades”.
El
decálogo de Macri habla de lo que debe hacer su gobierno, si se lo permiten.
La
mayoría de las propuestas son económicas claramente enfrentadas a las que hizo
y haría CFK, de ser reelecta.
Es
un llamado de apoyo a la oposición anti K, para que la gobernabilidad sea
posible.
Y
con decálogos o sin ellos, la oposición (sin CFK) y el gobierno, sin chicanas
políticas y con patriotismo (¿es demasiado utópico?), alrededor de una mesa y
poniendo por delante los intereses de la gente que habita el territorio
nacional, pueden, deben ponerse de acuerdo sobre lo básico.
¿Qué
es lo básico?
Muy
simple, vuelva al secundario y relea el preámbulo de la Constitución Nacional.
Si
se ponen de acuerdo sobre esos puntos, lo demás vendrá por añadidura.
Pero
de los argentinos depende.
De
los políticos argentinos y de los ciudadanos argentino de a pie.
La Republica
está en peligro,
es imprescindible defenderla.
La
república se basa en la división de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial.
Los
3 de igual importancia, los 3 necesarios.
Y
esto debería ser inamovible, desde 1853 y hasta el lejano futuro.
No
se toca, no se cambia.
Y
tres por diez, en aritmética da treinta,
en política argentina es igual a
diecinueve...

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