"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

sábado, 11 de diciembre de 2010

Excitación por la muerte en Argentina

Hugo Alberto de Pedro

Otros días más de luto -no oficial/gubernamental claramente y sin “K”, sino con “C” de cobardía o de cretinismo que nunca suponen/proponen/imponen colocar a la bandera nacional a media asta como señal de otro tipo de respeto y consideración humana- caen sobre la historia de la Argentina, como si las muertes de los “hijos del pueblo” podrían ser encuadernados o enviadas a simples planillas de cálculo en sucias estadísticas oficiales o periodísticas; tanto como en amarillentas páginas de nuestras crónicas escritas e impresas publicadas.

Hacer un racconto, pormenorizado de todos los casos en forma individualizada, de los sucesos históricos a esta altura de las vivencias sería por demás de denso e incompleto seguramente y por lo tanto injusto, lo que supondría una falta de respeto a los muchos de los colonizados, torturados, desaparecidos, caídos y asesinados en diferentes circunstancias y pasajes históricos de nuestra existencia. Pero están en nuestra memoria impoluta la colonización/evangelización -verdaderos genocidios- y sumisión en todos nuestros ricos territorios de la América indígena, los que murieron en las fratricidas luchas intestinas americanas posrevolucionarias, las matanzas de los inmigrantes europeos posteriores a la primera guerra mundial: anarquistas, socialistas y por sobre todo dignos trabajadores, obreros y peones que habían llegado a nuestras tierras escapando de las hambrunas del otros lugares del mundo, nuestros compañeros detenidos-desaparecidos por las dictaduras vernáculas y los luchadores sociales que pagaron con su vida por sostener sus principios de oponerse a la opresión imperante.

En la Argentina de nuestros días comprobamos como los procesos judiciales y las matanzas cobardes e impunes caen sobre las mujeres y hombres pertenecientes a nuestros pueblos originarios -en las provincias del Neuquén y Formosa por ejemplo-.

Ahora, en estos momentos, la realidad se hace patente en los barrios de Villa Soldati y Villa Lugano, en el denominado Parque Iberoamericano (cuyo nombre hoy parece lo más cercano a una parodia) a pocos kilómetros de las mismísimas Casa de Gobierno -Casa Rosada-, del Congreso Nacional -Parlamento-, de la Corte Suprema de Justicia de la Nación -Palacio de Justicia- y de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación cuando caen muertas y muertos habitantes de nuestro país que reclaman el más elemental de los derechos a una vivienda o un lugar para vivir con sus familias y que no están enrolados en las asquerosas fauces de las prebendas punteriles políticas o de supuestas Organizaciones de Desocupados o deleznables -cooptadas -otrora dignas, incorruptibles y contestatarias- Asociaciones de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo a las que durante decenas de años acompañamos por sentirnos orgullosos de su existencia y valentía.

Vuelven en estos días las más lesivas descalificaciones hacia los inmigrantes, pobres y desocupados de nuestro país por parte de la clase política gobernante en la Nación o en las Provincias, como si ellos, los dicentes que en muchos casos a nivel nacional o provincial se trata de multimillonarias y multimillonarios, recién habrían descendido de una nave extraplanetaria. Tienen y demuestran una temible y terrible insidia hacia los inmigrantes de nuestros países hermanos del mundo y con un nivel de ensañamiento feroz si se trata de nuestros países limítrofes. Los descalifican y matan abominablemente delante de las filmaciones televisivas a las que cualquiera podemos tener acceso.

Todo esto produce un profundo dolor y malestar a cualquiera, y más aún a los que tenemos en nuestros mayores a inmigrantes pobres y desposeídos de todo lo imaginable, analfabetos totales al llegar a nuestro país en la búsqueda de tener un lugar mejor en el mundo y que han hecho sus vidas y familias con el esfuerzo de sus trabajos y las posibilidades de una mejor vida que nuestra tierra les otorgó sin beneficio político ni de inventario alguno y que han honrado a nuestro país.

Por honor y reconocimiento a todos ellos - los referenciados antes en estas líneas - no podemos mantenernos en silencio, menos inertes, ni tampoco dejar de luchar de cualquier forma por su acompañamiento y reconocimiento de derechos. De las miserias de sus vidas que se hagan cargo buscando las soluciones definitivas los que tienen cargos políticos o públicos y viven de la política, algunos enriqueciéndose con ella, o bien defienden sus intereses mediante estar dentro de la cosa pública, parapetados o enquistados sin duda alguna.

Justamente a más de seis décadas de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en la Argentina sus gobernantes (nacional y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) se apartan cobardemente de hacerse cargo de las problemáticas humanas sobre la falta de viviendas y la posibilidad de acceder a trabajos bien remunerados y legalmente establecidos.

Para ellos la única solución debe ser abordada por la violencia entre los mismos habitantes a cualquier costo creíble como impredecible, o sea, entre aquellos que tienen una vivienda digna y conforman la condición de ser considerados clase media trabajadora - por ahora, porque el modelo capitalista vigente en gran parte del orbe cada día demuestra mejor que no garantiza estabilidad laboral y social alguna - y los que están desposeídos de todo.

Por lo menos la “clase política” debería tener la dignidad, moral e impronta frente a los últimos nombrados de no ocuparse de ellos con: planes sociales de la miseria que únicamente hacen posible que la hambruna no se configure en un hecho social incontrolable; y de no utilizar a muchos como mano de obra o simple presencia física en los actos partidarios para los que sí aparecen los medios necesarios para que puedan ser transportados hasta donde el “poder” establece que deben hacerse presentes para aplaudir a cualquiera y gritar consignas impuestas.

Muchas de las Organizaciones de Desocupados como de los autodenominados de Tierra y Vivienda, quizás originariamente constituidas con laudable intención, se han convertido en alas políticas o masa para los actos de algunos partidos políticos, incluido la propia facción peronista gubernamental que los utiliza sin ruborizarse.

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