Muy divertida ilustración:
"Piratas!" grita el banquero en el yate anclado en un paraíso fiscal cuando aparece el buque de guerra de la autoridad impositiva estadounidense IRS.
Paraísos fiscales, un tema muy de la Argentina:
La fuga de capitales nunca ha cesado desde 2001 a la fecha, y el dinero no queda en Uruguay -que no es un paraíso fiscal- sino que, en general, sigue su viaje.
El tema es mucha actualidad cuando el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner vuelve a tener en su agenda cuestiones vinculadas a litigios financieros externos, hedge funds, etc.
PENNSYLVANIA (Wharton Universia)
Cuando
Google elaboró su sistema internacional de impuestos, siguió un
camino muy conocido por otras compañías multinacionales. La empresa registraba
sus ventas fuera de USA en su sede internacional en Irlanda.
La
mayor parte del beneficio se enviaba entonces a Holanda, donde
casi no hay que pagar impuestos. De allí, el dinero seguía hacia un paraíso
fiscal muy conocido: las soleadas islas Bermudas.
En el momento
en que la empresa de tecnología depositaba allí su dinero, ella había reducido
su carga tributaria en el exterior hasta el orden de un dígito.
El sistema, conocido en los círculos de evasión fiscal como "Doble
irlandés" seguido de un "Bocadillo holandés", ayudó a Google a
ahorrar miles de millones en impuestos.
El año pasado, por ejemplo, la
empresa registró US$ 4.000 millones en ventas en Reino Unido, pero pagó sólo US$
10 millones en impuestos en el país europeo.
Las multinacionales y los ricos sacan provecho desde hace mucho tiempo de
los paraísos fiscales, de las Islas Caimán a Singapur
—territorios que retienen poco o ningún impuesto sobre las operaciones
internacionales—, hasta donde llevan su dinero evitando así el pago de impuestos
elevados.
Apple, Facebook y Pfizer emplearon, a propósito, una
versión del sistema "Doble irlandés".
Un estudio conducido por la
Red de Justicia Tributaria, en julio, constató que personas
ricas ocultaron entre US$ 21 billones y US$ 32 billones en
cuentas en el exterior.
El valor más bajo corresponde a la suma de las economías
estadounidense y japonesa. Además de eso, los analistas prevén el crecimiento de
la industria de fondos hedge, lo que significa más negocios para los
paraísos fiscales.
Pero esa industria también está bajo riguroso escrutinio
actualmente.
Los gobiernos, cansados de ver a las empresas evadir los
impuestos (aunque de manera legal), están presionando a los bancos extranjeros
exigiendo que sean más transparentes en sus procedimientos.
Los paraísos
fiscales también tienen un problema: ingresos fiscales escasos.
Después
de años sin cobrar impuestos a las empresas y, en muchos casos, sobre las ventas
efectuadas y sobre la renta, los paraísos fiscales han acumulado deudas
enormes.
Por primera vez, muchos de los lugares consagrados para el
depósito oculto de dinero están comenzando a cobrar nuevos impuestos o
tarifas sobre el dinero extranjero.
"Diversos paraísos fiscales pasan por un periodo de extrema presión
presupuestaria. El Gobierno británico, por ejemplo, dio instrucciones a las
Islas Caimán, como responsable de las deudas de la isla, de cobrar nuevos
tributos", dice John Christensen, director de la Red de
Justicia Tributaria.
Al considerar el cobro de nuevos impuestos y tarifas, los paraísos fiscales
entran en un juego peliagudo en que deben equilibrar la fuente de la vitalidad
de sus economías —basadas en servicios financieros— y la necesidad de lidiar con
déficits estructurales.
"Esos países han creado una reputación y
[...] los inversores se sienten bien allí porque las políticas adoptadas no
cambian", observa Michael Knoll, director adjunto del
Centro de Derecho y de Política Tributaria [Center of Tax Law and Policy] de la
Facultad de Derecho de la Universidad de Pensilvania. "Basta con amenazar
con cambiar de dirección para que la situación adquiera tintes
peligrosos".
Una espada de doble filo
La cantidad impresionante de empresas registradas en las Islas Caimán
podría llevar a alguien a pensar que el lugar está nadando en dinero. Hay
empresas muy conocidas como Procter & Gamble, Intel, partes
de Bain Capital, de Mitt Romney, y más de
90.000 otras empresas, fondos hedge y vehículos de inversión. Hasta los
dueños del célebre club de fútbol inglés Manchester United
escogieron el territorio británico para depositar los US$ 233 millones
recaudados en la Oferta Pública de Valores del equipo este año.
Para las empresas, la fascinación es obvia: las Islas Caimán, un conjunto
de tres pequeñas islas en el Mar Caribe, no cobra impuesto alguno, ni
sobre ganancias de capital u otros tributos.
En realidad, después de
pagar algunos miles de dólares para registrarse, y algunos miles más por el
registro anual y tarifas de franqueo, el Gobierno saca muy poco de los US$ 1,6
billón que empresas e individuos depositan en el paraíso fiscal.
Aunque
autoridades gubernamentales y activistas cuestionen la moralidad de esa
práctica, la utilización de paraísos fiscales es un procedimiento
perfectamente legal.
Las empresas también tienen la obligación con los
accionistas de minimizar la carga tributaria como parte de una estrategia más
amplia de maximización de beneficios.
No es una sorpresa, por tanto, que el número de empresas y de fondos
hedge que recurren a los paraísos fiscales esté aumentando.
Un
informe de la consultoría jurídica offshore Appleby Group constató un aumento,
desde 2010, del 13% en el número de registros de las Islas Caimán, así como un
crecimiento del 10% en las Islas Vírgenes Británicas en el 1er.
semestre de 2012, además de un aumento del 20% en el número de registros en las
Islas Seychelles, localizada en la costa oriental de África.
"En el caso de los fondos hedge, observamos una expansión en la
industria que no habíamos visto en años", dice Andrew
Schneider, presidente y consejero delegado del Global Hedge Fund
Advisors.
Schneider calcula que la industria esté creciendo en torno a un 20%
y un 30%, lo que él define como "espada de doble filo.
Eso
significa un volumen mayor de crecimiento en el sector, pero el riesgo también
de que un número mayor de gente no cualificada quiera gestionar los fondos".
Son excelentes noticias para territorios como las Islas Caimán, donde crece
el volumen de negocios en el sector financiero, un área que se ha vuelto
fundamental para su economía.
Pero el Gobierno de la isla y de otros paraísos
fiscales muy solicitados tiene actualmente deudas cada vez mayores, como
consecuencia de la poca tributación impuesta por ellos.
Las Islas Caimán tuvieron una década de rápido crecimiento de la deuda, de
cerca de US$ 143 millones hasta cerca de US$ 600 millones.
Irlanda, de
donde las empresas retiran los beneficios obtenidos en Europa, tiene un índice
deuda/PIB de cerca de un 105%.
Singapur no se queda muy atrás con cerca de un
101%. En las Islas Seychelles, la deuda corresponde a un 83% del
PIB.
Los índices elevados de deuda/PIB no son exclusividad de los paraísos
fiscales. Ni USA se escapa a una deuda que es mayor que su
economía.
Es bien conocida la dificultad que atraviesan países europeos
como Grecia y Portugal a causa de sus deudas.
Pero convivir con una
deuda así no ayuda al crecimiento económico.
Un estudio de la
Universidad de Harvard constató que, históricamente, países con deudas
superiores a un 90% del PIB crecieron más del 1% más despacio que países con
deudas menores.
Por lo tanto, los gobiernos de los paraísos fiscales están
meditando elevar los impuestos y las tarifas sobre inversiones
extranjeras.
El ministro de finanzas de las Islas Vírgenes Británicas
propuso la introducción de licencias de comercio más elevadas,
un requisito necesario para empresas extranjeras, además de una tarifa de
permiso de trabajo escalonada cuyo valor sería más elevado para los trabajadores
mejor remunerados.
En las Islas Caimán, el primer ministro propuso una
tarifa de registro más elevada para los fondos hedge, lo que
traería cerca de US$ 3 millones más a los cofres del Gobierno.
Bahamas, cuyo
índice de deuda/PIB es de sólo un 50%, medita por primera vez cobrar
impuesto sobre ventas e impuesto corporativo.
Nuevos tributos y tarifas podrían acabar expulsando a las empresas a otros
lugares. "La lógica política de la competición tributaria indica que quien
evita el pago de impuestos podrá perfectamente buscar otros paraísos fiscales
que cobran tarifas más bajas y/o no planean introducir el cobro de impuestos
sobre los beneficios corporativos", dice Christensen.
Escrutinio más riguroso
En algunas circunstancias, el Gobierno británico exige que sus
territorios extranjeros cobren impuestos porque, a fin de cuentas, él
es el responsable de la deuda de esos territorios.
Además de eso, Reino Unido
tiene dificultades propias con sus deudas.
Esa demanda encuentra respaldo en un
movimiento más amplio por parte de gobiernos extranjeros en el sentido de tomar
medidas rigurosas en relación a los paraísos fiscales y a las empresas que
recurren a ellos, aunque algunos de esos países sean ellos mismos paraísos
fiscales bien conocidos.
Knoll dice que aunque la reducción de la deuda pueda ser uno de los motivos
detrás de los tributos y tarifas propuestos, gobiernos como el de Reino Unido y
de USA están, probablemente, más interesados en recuperar los impuestos
perdidos.
"Si mira hacia el presupuesto de esos paraísos fiscales y lo
compara con los ingresos fiscales que un país como USA no está recaudando, verá
que los presupuestos son [comparativamente] mínimos", dice.
De hecho, un estudio realizado en 2011 por California Public Interest
Research Group mostró que la evasión fiscal le cuesta a USA en torno a
US$ 100.000 millones al año, un montante muy superior a la deuda acumulada por
los paraísos fiscales.
En noviembre, en audiencias celebradas por el Parlamento británico, los
miembros de aquella casa interrogaron a ejecutivos de Amazon, Google y
Starbucks acusados de evasión fiscal.
En Francia, la agencia de
recaudación fiscal envió a Amazon el cobro de impuestos atrasados impagados por
valor de US$ 252 millones.
El Gobierno australiano envió a Apple un cobro por
valor de US$ 29,5 millones de impuestos atrasados. Las empresas alegaron que
operan según los sistemas establecidos por los políticos y que pagan el impuesto
que les es solicitado que paguen en los países en que operan.
La investigación más rigurosa puede llevar a las empresas a buscar
refugio en lugares de baja carga fiscal, como Irlanda, que cobra un
impuesto de renta corporativo del 12,5%, en vez de no cobrar impuesto alguno
como en los paraísos fiscales.
Un miembro del ministerio de Finanzas de Bahamas
que no quiso que apareciera su nombre porque no tenía permiso para
identificarse, dijo que aunque el país creara su primer impuesto corporativo, el
efecto sería mínimo.
"Si las empresas tuvieran que pagar un impuesto
corporativo aquí, ellas pueden perfectamente dirigirse a otras jurisdicciones y
decir 'Miren, estamos pagando aquí. Estamos pagando impuestos", dice.
Además, las tasas que los paraísos fiscales piensan cobrar son tan
insignificantes comparadas con el montante de activos colocados allí, que es
poco probable que haya un éxodo de empresas. "Habría sólo una tasa
muy pequeña añadida a sus operaciones", dice Schneider. "No veo cómo
eso podría perjudicar los negocios".
Un golpe más doloroso
Las nuevas reglas contables pueden ser un golpe aún más doloroso para los
paraísos fiscales.
El año que viene, una de las exigencias más duras de USA para
los paraísos fiscales entrará en vigor.
La Foreign Account Tax
Compliance Act (FATCA), aprobada en 2012 como parte de un proyecto de
ley mayor, obliga a los bancos extranjeros y las instituciones financieras a
compartir informaciones con el Servicio de Impuestos Internos de USA
(IRS).
Por ley, las instituciones financieras extranjeras deberán divulgar
el nombre, dirección, número de identificación del contribuyente, saldo de la
cuenta y otras informaciones del titular al IRS.
Las instituciones
tienen hasta el 30 de junio de 2013 para llegar a un acuerdo con el
IRS.
Rechazar totalmente la consecución de un acuerdo puede salirle
caro a los accionistas de los bancos, que estarían sujetos a una cuota del 30%
sobre los rendimientos generados por las cuentas.
Los analistas dicen que la ley ayuda a hacer el sistema más transparente,
pero tiene limitaciones.
"La FATCA es un paso enorme que permitirá
transformar el cambio automático de informaciones fiscales en patrón global,
pero tiene la limitación de ser una medida unilateral introducida por USA,
aunque permita la reciprocidad de intercambio entre los signatarios del
tratado", dice Christensen. "Se admite hoy que el intercambio
automático de informaciones sea el patrón global más eficaz para evitar la fuga
de divisas. El próximo paso consiste en hacer ese patrón genuinamente
multilateral comprendiendo varios países".
El Gobierno británico parece inclinado a introducir una versión
propia de la FATCA que sería extendida a sus territorios y países
anejos, como la Isla de Man y Jersey.
Un borrador de la ley se
filtró a la revista International Tax Review.
El documento muestra que el
Gobierno de Reino Unido exigirá los mismos niveles de transparencia que USA
exige bajo la FATCA.
"La decisión representa un golpe prácticamente fatal a
la evasión fiscal a través de los paraísos fiscales de Reino Unido",
concluyó la revista.
El Gobierno de Caimán, en una declaración a Knowledge@Wharton, dice que
trabajó en asociación con la industria de servicios financieros en torno a
nuevas tarifas e impuestos.
El Gobierno distribuyó por correo electrónico
borradores de las nuevas reglas para la industria antes de hacerlas públicas.
"Para el año fiscal de 2012/2013, el Gobierno renueva el énfasis sobre las
reducciones de gastos, que aliviaron las medidas tomadas respecto a los ingresos
y que están en vigor actualmente", dice la declaración.
El Gobierno ya dio
marcha atrás respecto a un plan controvertido de imponer un impuesto del 10%
sobre los trabajadores que trabajan en el exterior después de recibir
críticas dentro y fuera del país.
El acto desafiante impuesto a las Islas Caimán muestra que hay un
esfuerzo mayor en los paraísos fiscales para obtener nuevos ingresos sin
amenazar a la comunidad empresarial que acogen.
Según dijo
Bruce Zagaris, abogado tributario de Berliner, Corcoran y Rowe,
bufete de abogados de Chicago: "Toda jurisdicción tiene que considerar dos
lados: aumento de ingresos de un lado y, de otro, la necesidad de continuar
atrayendo inversiones que gestionan más empleos y más ingresos".

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