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Carlos Manuel Acuña no ha sido para mí sólo un amigo.
Ha sido mi hermano mayor.
Deja un vacío imposible de llenar.
El amigo.
El escritor consumado.
El investigador e historiador.
El periodista de nota.
El hombre de principios.
Con valores en un mundo de veletas, Carlos Manuel fue una brújula, una rosa de los vientos, el compás que marcaba el inalterable Norte.
El amigo.
El amigo entrañable, afable y sin doblez.
Un señor.
Un hombre que sabía disfrutar de la vida y de la amistad.
Un hombre entendido y entretenido.
Pero, por sobre toda otra condición, saludamos aquí a un guerrero, un patriota y caballero sin par.
Un combatiente infatigable.
De los que no saben qué es rendirse.
Un valiente.
En un mundo donde el coraje escasea, en esta Argentina de hoy en que los cobardes sobreabundan, éste fue valiente entre los valientes.
En lo alto del Cielo, el Señor ha hecho sentir su voz:
—Señores, de pie, que el que llega es un guerrero...


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