"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

jueves, 19 de junio de 2014

Los Buitres y la República.

Anton Barreneche
La Gazeta de Concordia
Lo que hoy es Democracia Social Argentina fue en algún momento República Argentina.
No ha pasado demasiado tiempo.
Fue solo un siglo.
¿Qué es un siglo ?
Nada.
Menos que el vuelo de un buitre en una fria mañana de invierno en la toldería decadente.

Sin embargo, en estos cien años, la República Argentina fue perdiendo paulatinamente calidad en las Instituciones que la apuntalaban como República.
Quedó el monstruoso vuelo de buitres sobre la carroña que vivimos hoy.
Nuestros buitres son electos democráticamente.

La República nació con la Constitución Nacional de 1853, escrita por Juan Bautista Alberdi, inspirada en la Constitución de Estados Unidos, y ésta a su vez apoyada en la filosofía no solo de Gran Bretaña, sino de las propias ideas de británicos que vivían en EEUU y que huyeron por falta de libertad religiosa y altos impuestos con que eran asfixiados.
En esta gloriosa Constitución Nacional de 1853 queda muy claro cuales son los derechos individuales que se respetan:
El derecho a la vida, a la propiedad, al intercambio del fruto del trabajo, a buscar la felicidad por medios individuales y libertad de expresión y fé.
Pueden sobrevolar buitres que nada podrán hacer.
La República es defenderse de los gobernantes.
Esa Constitución fue un imán para inmigrantes que dudaban entre ir a Estados Unidos o Argentina.
Muchos vinieron a Argentina, que hoy serían nuestros bisabuelos.
Huían de una Europa Altruista que no respetaba esos derechos que tan sabiamente explicitó Alberdi.
Venían de una Europa con derechos relativos, no absolutos.
Viajaron a una Argentina con “derechos absolutos”:
Derecho a la VIDA, PROPIEDAD, LIBERTAD DE COMERCIAR EL FRUTO DEL TRABAJO.

Retocamos el “The Rule of Law” que protegía a los ciudadanos pero salió un monstruo.
A poco de andar, el primer intento monstruoso ensombrece la República:
En 1860 se reúne la Convención Nacional Constituyente para cobrar un canon a las exportaciones, que tendría carácter transitorio, y con ese dinero paliarían las dificultades del estado, que tenía las arcas vacías tras la guerra con el Paraguay.
Nacían así las Retenciones a las Exportaciones.
Nunca fueron eliminadas constitucionalmente.
Fue una señal. 

Unas décadas más e Irigoyen congela alquileres.
Violaba la propiedad privada que tenían los propietarios de departamentos.
Amparado en el “Altruismo”, el Peludo no duda un instante:
Si era por el bien de la chusma que lo adoraba, no importaba si caía por decreto presidencial el derecho absoluto de la propiedad privada:
Los propietarios no podían disponer de sus casas, ni pretender que se cumplan los contratos entre partes, ni aumentar los alquileres, ni echar a los malos pagadores. Infaltable en este coktail demagogo:
El aplauso de la patria planera.

Según la definición de tirano, es una persona que viola derechos individuales.
Que viola el derecho a la vida, o que viola el derecho a la propiedad privada, o que viola el derecho a la libertad de expresión, o que viola el derecho a comerciar al mundo el producto del trabajo del que produce.
Nuestros verdaderos buitres son nuestros tiranos que nos comen los ojos.
 
Al promediar el siglo XX, Perón cierra “La Prensa” por sugerencia de una actriz despechada.
Amparado en las sombras del “Altruismo”, un simple decreto del Ejecutivo alcanza para cerrar un diario filoso y libre de la República Argentina.
Caía así un derecho absoluto como es el de la libertad de expresión.
Nuestros buitres supieron disfrazarse de corderos mansos.

Alfonsín expropia la estancia “El Albardón”, baja las penas a los intrusadores de casas ajenas y baja las penas y las excarcelaciones a los pibes chorros.
El “Altruismo” brinda protección filosófica al santo de la democracia quien no duda en que se perjudiquen los propietarios, pues los pibes chorros eran las “víctimas” de un sistema injusto.
Nuestro buitre lo hizo con buenas intenciones desde luego.
Persuadido del bien común.

Nada queda de la gloriosa Constitución de Alberdi.
Esta monstruosidad jurídica es obra de cien años de “altruismo”, nunca lo hicieron por maldad pura. Contaron con la complicidad de la Justicia que permitió esta intromisión sobre los ciudadanos.
Simplemente los Jueces no sabían de las consecuencias que acarrearía su altruismo.

La forma de recuperar esos derechos absolutos de la vida, propiedad, libre intercambio de bienes, libertad de expresión es volver a la Constitución Nacional de 1853.
Anular todo el 14 bis, de plano, constitucionalmente, en la próxima Convención Nacional Constituyente.

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