Anton Barreneche
La Gazeta de Concordia
Lo que hoy es Democracia Social Argentina fue en algún
momento República Argentina.
No ha pasado demasiado tiempo.
Fue solo un
siglo.
¿Qué es un siglo ?
Nada.
Menos que el vuelo de un buitre en una
fria mañana de invierno en la toldería decadente.
Sin embargo, en estos cien años, la República Argentina fue
perdiendo paulatinamente calidad en las Instituciones que la apuntalaban
como República.
Quedó el monstruoso vuelo de buitres sobre la carroña
que vivimos hoy.
Nuestros buitres son electos democráticamente.
La República nació con la Constitución Nacional de 1853, escrita por
Juan Bautista Alberdi, inspirada en la Constitución de Estados Unidos, y
ésta a su vez apoyada en la filosofía no solo de Gran Bretaña, sino de
las propias ideas de británicos que vivían en EEUU y que huyeron por
falta de libertad religiosa y altos impuestos con que eran asfixiados.
En esta gloriosa Constitución Nacional de 1853 queda muy claro cuales
son los derechos individuales que se respetan:
El derecho a la vida, a
la propiedad, al intercambio del fruto del trabajo, a buscar la
felicidad por medios individuales y libertad de expresión y fé.
Pueden sobrevolar buitres que nada podrán hacer.
La República es defenderse de los gobernantes.
Esa Constitución fue un imán para inmigrantes que dudaban entre ir a
Estados Unidos o Argentina.
Muchos vinieron a Argentina, que hoy serían
nuestros bisabuelos.
Huían de una Europa Altruista que no respetaba esos
derechos que tan sabiamente explicitó Alberdi.
Venían de una Europa con
derechos relativos, no absolutos.
Viajaron a una Argentina con
“derechos absolutos”:
Derecho a la VIDA, PROPIEDAD, LIBERTAD DE
COMERCIAR EL FRUTO DEL TRABAJO.
Retocamos el “The Rule of Law” que protegía a los ciudadanos pero
salió un monstruo.
A poco de andar, el primer intento monstruoso
ensombrece la República:
En 1860 se reúne la Convención Nacional
Constituyente para cobrar un canon a las exportaciones, que tendría
carácter transitorio, y con ese dinero paliarían las dificultades del
estado, que tenía las arcas vacías tras la guerra con el Paraguay.
Nacían así las Retenciones a las Exportaciones.
Nunca fueron eliminadas
constitucionalmente.
Fue una señal.
Unas décadas más e Irigoyen congela alquileres.
Violaba la propiedad
privada que tenían los propietarios de departamentos.
Amparado en el
“Altruismo”, el Peludo no duda un instante:
Si era por el bien de la
chusma que lo adoraba, no importaba si caía por decreto presidencial el
derecho absoluto de la propiedad privada:
Los propietarios no podían
disponer de sus casas, ni pretender que se cumplan los contratos entre
partes, ni aumentar los alquileres, ni echar a los malos pagadores.
Infaltable en este coktail demagogo:
El aplauso de la patria planera.
Según la definición de tirano, es una persona que viola derechos
individuales.
Que viola el derecho a la vida, o que viola el derecho a
la propiedad privada, o que viola el derecho a la libertad de expresión,
o que viola el derecho a comerciar al mundo el producto del trabajo del
que produce.
Nuestros verdaderos buitres son nuestros tiranos que nos comen los ojos.
Al promediar el siglo XX, Perón cierra “La Prensa” por sugerencia de
una actriz despechada.
Amparado en las sombras del “Altruismo”, un
simple decreto del Ejecutivo alcanza para cerrar un diario filoso y
libre de la República Argentina.
Caía así un derecho absoluto como es el
de la libertad de expresión.
Nuestros buitres supieron disfrazarse de corderos mansos.
Alfonsín expropia la estancia “El Albardón”, baja las penas a los
intrusadores de casas ajenas y baja las penas y las excarcelaciones a
los pibes chorros.
El “Altruismo” brinda protección filosófica al santo
de la democracia quien no duda en que se perjudiquen los propietarios,
pues los pibes chorros eran las “víctimas” de un sistema injusto.
Nuestro buitre lo hizo con buenas intenciones desde luego.
Persuadido del bien común.
Nada queda de la gloriosa Constitución de Alberdi.
Esta monstruosidad
jurídica es obra de cien años de “altruismo”, nunca lo hicieron por
maldad pura. Contaron con la complicidad de la Justicia que permitió
esta intromisión sobre los ciudadanos.
Simplemente los Jueces no sabían
de las consecuencias que acarrearía su altruismo.
La forma de recuperar esos derechos absolutos de la vida, propiedad,
libre intercambio de bienes, libertad de expresión es volver a la
Constitución Nacional de 1853.
Anular todo el 14 bis, de plano,
constitucionalmente, en la próxima Convención Nacional Constituyente.
Boletín Info-RIES nº 1116
-
*Ya pueden disponer del último boletín de la **Red Iberoamericana de
Estudio de las Sectas (RIES), Info-RIES**. **La suscripción es gratuita en *
http://ww...
Hace 3 meses



%2B(1).jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario