Nada
que ver.
El
ejemplo de Boudou, quien terminó tras las rejas por mi denuncia del año 2012,
es el mejor ejemplo de ello...
Ya
es casi una moda esto de los “presos políticos”.
Por
Christian Sanz -08/02/2020
Una suerte de
eslogan que ha quedado vacío de tanto repetirlo.
Ni
siquiera el incipiente “albertismo” la cree.
Porque
es absurdo realmente.
Creer
que todas las fuerzas del universo se han confabulado para poner en prisión a
personajes que casi no tienen relevancia, es hasta hilarante.
¿Cómo
es que todos, jueces, fiscales y referentes políticos, han coordinado algo así
y no hay un solo encuentro, o conversación, o chat, o lo que sea entre ellos?
¿O
es que acaso se comunican por telepatía?
La verdad es que
no hay presos políticos en Argentina, lo que hay son presos por corrupción.
El
caso Amado Boudou es uno de los que voy a utilizar en esta columna para
ilustrar mi concepto.
Básicamente,
porque la primera condena —y
posterior prisión— que se le endilgó fue
a raíz de una denuncia por enriquecimiento ilícito que le hice en el año 2012.
No
se trató de ninguna genialidad, ni mucho menos.
Nada
de grandes investigaciones.
Solo
me puse a cotejar qué ingresos declaraba el entonces vicepresidente y lo
contrasté con sus gastos.
Y
descubrí que no le cerraban los números.
O
sea, no
le cerraba ni siquiera “el blanco”.
Luego
me puse a cruzar los nombres de sus “amigos” en diversas sociedades, en algunas
de las cuales aparecía él mismo.
Y
la revelación se hizo carne.
No
solo hice la pertinente nota periodística, sino que además hice una presentación
judicial, que cayó en manos de un juez “amigo” del kirchnerismo, Ariel Lijo.
La
contundencia de la presentación, lo obligó a imputar a Boudou.
Lo
hizo de manera inmediata. Ipso facto.
Ello
provocó que yo fuera víctima de “escraches” en programas como
678 y otros.
También
en diario Página/12.
Nada
que pueda extrañar a nadie.
Lijo
demoró lo más que pudo los peritajes y demás pruebas, pero la evidencia se fue
imponiendo de todas formas, sin prisa pero sin pausa.
Hasta
que los peritos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación —a quienes nadie puede achacar parcialidad
alguna— refrendaron todos y cada uno de los datos aportados.
Y confirmaron
que Boudou se había enriquecido ilícitamente.
Ello
derivó en que, en noviembre del año 2017 —¡Cinco
años más tarde!— Boudou fuera
detenido.
Insisto, las
pruebas fueron sustanciadas a través de las propias declaraciones del entonces
vicepresidente.
Nada de testigos
reservados ni mucho menos.
Ergo,
la pretensión de que es un “preso
político”, es absurda.
A
lo sumo se podrá decir que es un preso por imbecilidad.
Porque
él mismo se mandó “en cana” al exponer un lujoso modo de vida que no se
condecía con sus ingresos.
Lo
mismo ocurre con otros casos similares, como el de Milagro Sala o el de Julio
De Vido.
Ninguna
persecución.
Han
robado y los han castigado.
El
que las hace las paga.
La
prueba es abundante, en esos y otros expedientes.
Quien
lo dude, solo debe cotejarlo por su cuenta.
Y
dejar de creer en teorías conspirativas y absurdas, que no se sostienen
siquiera por el mínimo sentido común...


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