"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

domingo, 1 de marzo de 2015

Perdón, Uruguay

La presencia de Boudou en representación del gobierno argentino en la asunción de Tabaré Vázquez constituye una afrenta a nuestros entrañables vecinos
  
Por decisión de Cristina Kirchner, la Argentina será hoy representada en la asunción del presidente electo de Uruguay, Tabaré Vázquez, por un funcionario doblemente procesado y enviado a juicio oral en una de las numerosas causas que se le siguen: Amado Boudou.

Es un hecho lamentable y vergonzoso, una afrenta.
En primer lugar, por la enorme gravedad institucional que significa que un vicepresidente de la Nación se encuentre en esa situación judicial.
En segundo término, por el desprecio político al que se somete a nuestros entrañables vecinos enviándoles a un funcionario al que la Presidenta ni siquiera quiere hoy sentado a su lado en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso Nacional.

Es absolutamente comprensible el malestar que en los últimos días han expresado muchísimos uruguayos por semejante ofensa lanzada desde nuestro país.

El gobierno nacional ha justificado la ausencia de Cristina Kirchner por coincidir la asunción en Uruguay con la asamblea parlamentaria local. Sin embargo, tanto Néstor Kirchner como la actual mandataria acomodaron los horarios en 2010 para poder viajar a Uruguay cuando quien asumía era José Mujica, el presidente saliente, a quienes los Kirchner habitualmente dispensaron mejor trato que al actual líder del Frente Amplio.

Como si todo ello no fuera suficiente, la presencia de Boudou en Uruguay ha sido precedida por tres hechos judiciales que la agravan todavía más: el 19 del mes último, la Cámara Federal confirmó el procesamiento del vicepresidente en la causa Ciccone, dejándolo a un paso del juicio oral y público por la compra de esa imprenta, a través del fondo The Old Fund cuando era ministro de Economía, y, anteayer, el mismo tribunal le rechazó un recurso de queja en la causa en la que se lo investiga por falsificar papeles de un automóvil para evitar tener que pagar la mitad de su valor a su ex esposa, por lo que también irá a otro juicio oral.

También anteayer el juez federal de Mendoza Walter Bento le negó la excarcelación al supuesto testaferro de Boudou, Alejandro Vandenbroele, al considerar que cuenta con los medios económicos como para intentar fugarse del país.
Precisamente, Vandenbroele está preso por pedido de la justicia uruguaya, por haberse negado a presentarse en una causa en la que se investiga si lavó dinero en una operación presuntamente vinculada con la adquisición de la ex Ciccone.

Con su decisión de enviar a Boudou a Uruguay, Cristina Kirchner ha pretendido sacarse de encima el lastre que le significaría tener que dejar para la historia la foto de su último discurso ante la Asamblea Legislativa sentada junto a la figura más desacreditada de su gobierno, el mismo funcionario del que ella alguna vez dijo sentirse orgullosa. 
Sin embargo, ese lastre seguirá atado a la Presidenta mientras no le pida la renuncia al cargo y el kirchnerismo siga protegiéndolo de todas las formas posibles con increíbles argumentos que desafían la razón.

Boudou es un vicepresidente que no sólo avergüenza a los argentinos. 
Su presencia en la asunción de Tabaré Vázquez es un deshonor también para los uruguayos y una enorme afrenta a quien hoy asume la presidencia de ese país.

Como ya hemos dicho desde estas columnas, no se trata de la situación personal y aislada de uno o más funcionarios, sino de la propia salud de la República

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