"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

sábado, 19 de febrero de 2011

Otra mala nota

Editorial II
LA NACION

A juicio de otro organismo internacional que defiende la libertad de prensa, en la Argentina peligra el derecho de informar

Las insistentes embestidas del Gobierno contra los diarios LA NACION y Clarín, así como contra Papel Prensa, se han instalado en la agenda de preocupaciones del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), con sede en Nueva York.

Al igual que lo han hecho otras instituciones de primer rango en la defensa de la libertad de prensa, tanto de la Argentina como de los ámbitos continental y mundial, la CPJ ha tomado nota, entre las múltiples situaciones generadas por la administración de los Kirchner, de la absurda y maliciosa pretensión de imputar a accionistas de los mencionados diarios de "conspirar con el ex régimen militar para cometer crímenes de lesa humanidad".
La insólita acusación, tildada de "controvertida y agresiva", lleva al CPJ a inferir, en el informe titulado "Ataques a la Prensa en 2010", que el espacio para el ejercicio de un periodismo equilibrado e imparcial se ha visto reducido de modo significativo en el país.

El informe del CPJ destaca la "tormenta que se desató cuando Cristina Kirchner presentó los resultados de una investigación oficial sobre la historia y las actividades económicas de Papel Prensa".
Y pone de relieve la declaración conjunta de los diarios que describen el proceder del Gobierno "como un ataque contra la libertad de prensa, posición -hace notar la CPJ- que fue apoyada por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP)"

Como lo reflejan los mismos hechos que se están viviendo en estas horas y que han derivado en la grave cuestión diplomática abierta con los Estados Unidos, resulta patética ante el mundo la imagen de un gobierno empeñado en atacar a diestra y siniestra a quienquiera se le ponga adelante y sirva, como blanco ocasional o no, a los subalternos intereses que persigue en el frente doméstico.

Uno de los capítulos contemplados en el informe de CPJ deja constancia de la información de que en 2010 Papel Prensa proveía papel a 170 diarios argentinos, o sea, al 75 por ciento del mercado local.
Esa sola información alcanza para abonar la respuesta de esa empresa a las acusaciones del Gobierno de que sólo atiende a las necesidades de abastecimiento de papel de sus accionistas privados.
Como se sabe, el Grupo Clarín es dueño del 49 por ciento de las acciones de la compañía; La Nacion, del 22,5 por ciento; y el Gobierno, del 27,5 por ciento.

Clarín y La Nacion negaron toda ilegalidad en la compra de la empresa productora de papel y acusaron al Gobierno de minar negocios legales, de los que es parte y han sido realizados invariablemente con el consentimiento de los representantes del Estado argentino, incluso durante los años del matrimonio Kirchner.

El Gobierno, según expertos jurídicos consultados por el CPJ, "insistió con acusaciones vinculadas a delitos de lesa humanidad en contra de las empresas porque el mencionado delito es imprescriptible". Tales acusaciones han encontrado un eco excepcional en los medios de propiedad estatal y en los que difícilmente existirían sin el favor de una cuantiosa publicidad oficial.

La visión externa ha quedado así impresionada, en principio, por la colisión entre un periodismo prokirchnerista y un periodismo anti, como si no pudiera haber un necesario término medio en el contexto caracterizado por la crispación y los excesos gubernamentales.


Mucho ha hecho el gobierno de los Kirchner para llegar a tan penosa situación. 


El CPJ advierte, además, que el proyecto de ley oficial para regular la producción de papel para la prensa podría violar garantías constitucionales y la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

El periodismo es un sector estratégico de la sociedad.
Es el resguardo de la libertad que asegura la preservación de los demás derechos esenciales del hombre y sobre lo cual ningún gobierno debería interferir.
Cuando esto ocurre es porque no se respeta el disenso ni se toleran las críticas.

En el particular caso de la Argentina de hoy, tamañas demasías van acompañadas, además, por visiones parciales y maniqueas de una historia nacional que se pretende reconstruir en beneficio de la facción cuyo predominio en el partido que gobierna comienza a dar signos de tambalear.

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