Entre los vaivenes del euro y la crisis de la deuda que asola el Viejo Continente, una de las cuestiones que se están suscitando para prever qué Europa nos quedará cuando todo esto acabe es la de la soberanía. Sabido es que amplias parcelas de la misma se cedieron en su momento a las instituciones europeas a la hora de firmar y aprobar los tratados en los Parlamentos.
Pero el descabezamiento y la falta de liderazgo al frente de las instituciones resulta tan explícito como la iniciativa política del dúo franco-alemán para tomar las decisiones, y hacer y deshacer el supuesto consenso que debe presidir el proyecto europeo.
Unos hablan de eurobonos.
Otros hablan de avanzar en la gobernanza económica desde un punto de vista federal, con la creación de un ministro europeo de Finanzas.
Otros denuncian la involución que se avecina con los nuevos nacionalismos.
¿En qué quedarán las soberanías nacionales tras la crisis?
Los Gobiernos de los países en crisis, incluida España, han cedido antes las exigencias del mercado para sostener sus deudas públicas y no caer en la bancarrota.
Pero la batuta en la disciplina presupuestaria la marca Angela Merkel y Alemania.
Las decisiones parecen ser tomadas en Berlín, y no en Madrid, Roma o Atenas.
El último ejemplo clarificador es la reforma constitucional en España que marca un tope de déficit.
Y parece ser que no hay otra.
Durante la última crisis económica de 1992, el Gobierno español devaluó la peseta como medida central para restablecer la competitividad de la economía.
Desde la adopción del sacrosanto euro, esto ya no es posible.
El problema es que lo inédito de la crisis está provocando decisiones improvisadas y una enorme incertidumbre sobre hacia dónde queremos dirigirnos.
La falta de un liderazgo europeo visible impulsa la vuelta al Estado-nación y el refugio bajo un liderazgo nacional identificable.
¿Estamos dispuesto a ser "más" Europa? ¿Significa eso ser "menos" España?
¿La crisis dará una nueva oportunidad a la construcción del proyecto europeo?
¿O por el contrario entraremos en una época en la que los países se mirarán al ombligo para salvarse de la quema?
Lo primero supone menos soberanía, o, mejor dicho, más soberanía compartida, como defiende Soledad Gallego-Díaz en El País, manifestando que vivimos desde hace tiempo en una Europa en la que los ciudadanos han aceptado ceder parte de la soberanía nacional a las instituciones europeas, "no cederla miserablemente a otro país", en alusión a la fortaleza alemana en una Europa en crisis y a sus decisiones sobre el futuro de la misma.
Y sobre el euro se manifiesta con claridad:
"El Banco Central Europeo está obligado a defender el euro, pero no el euro de Alemania, Holanda y Finlandia, muchos de cuyos políticos y analistas no paran de predecir hecatombes, sino el euro que compartimos todos. Y no está tampoco de más recordar que la moneda única nació como una garantía de prosperidad, no para Alemania, Holanda o Finlandia en exclusiva, sino para toda la Unión".
Lo que resulta evidente es que quien manda en Europa hoy es Alemania.
Más Europa hoy en día supone dejar en manos alemanas las grandes decisiones económicas y presupuestarias.
¿Estamos dispuestos a que nos marquen el camino?
¿Resulta necesario para salvar el euro y salvar a Europa?
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AUTOR
Sergio Cebrián Sanz (1968) es un periodista español, licenciado en ciencias políticas, que también ha realizado estudios en periodismo, economía y filosofía.
Es el editor de la versión española de Presseurop.
Ha trabajado como periodista freelance para varias publicaciones y agencias de prensa españolas.
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