Lo último es que duerme en su tumba.
“A veces vengo en las noches y me quedo a dormir aquí. Bastantes veces. Y ustedes no se dan cuenta”.
El anfitrión tampoco, cabe pensar.
Acto seguido, Maduro precisa: “Los vecinos son los que se dan cuenta de que entramos en la noche y nos quedamos a dormir aquí”, de modo que hay testigos. Durante la noche venezolana, mientras se mantiene la vigilia, Maduro y los vecinos testigos “reflexionamos”, según dice el presidente.
De todos modos, Nicolás Maduro no necesita la dura piedra que custodia los restos de Hugo Chávez para comunicarse con él.
Le va le la intervención de un pajarito.
El pasado 2 se abril, en un discurso de la campaña electoral, Maduro lo explicaba con estas palabras:
De repente entró un pajarito, chiquitico, y me dio tres vueltas acá arriba.
Se paró en una viga de madera y empezó a silbar, un silbido bonito (dijo, y se puso a silbar cual pajarico, por si su audiencia no le seguía).
Me lo quedé viendo y también le silbé, pues, 'si tú silbas, yo silbo' (lo cual, todo sea dicho, es justo).
Y silbé.
El pajarito me vio raro, ¿no?
Silbó un ratico, me dio una vuelta y se fue, y yo sentí el espíritu de él”, en referencia a Chávez


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