"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

viernes, 9 de septiembre de 2016

Siguen asesinando a Nisman.

José Benegas.

El juez Rafecas desestimó "in limine" una denuncia contra la ex-presidente tomándose varias páginas, lo que desde el vamos es incompatible con el concepto de desestimación, que consiste en quitarle todo crédito a la instancia por lo absurdo de la pretensión.
Si la carencia de fundamentos es tan grande, eso se escribe en una oración.
Un ejemplo de denuncia que merece una desestimación sería la de un secretario de comercio que imputa delitos a profesionales de la economía por estimar una inflación a su juicio equivocada, con más razón si es evidente que es acertada.

El denunciante de la presentación que Rafecas tira la a la basura era uno de los fiscales más importantes del país, llevando adelante una investigación de peso internacional, como el atentado contra la AMIA.
Ese denunciante había aparecido muerto en su departamento con un disparo en la cabeza.
En sus manos no había huellas de pólvora.
Sus celulares y computadora habían sido intervenidos con posterioridad a su muerte.
La justicia se negó a investigar un posible homicidio, lo que ni si quiera significa condenar a alguien por homicidio, simplemente averiguar si es posible que lo hayan matado.

La desestimación de Rafecas incluye la incorporación de pruebas que contribuyen a enterrar la investigación, lo que hubiera requerido abrir el proceso, dado que si es necesario averiguar algo antes de resolver, quiere decir que la denuncia no es desestimable.
Eso no hace más que evidenciar lo forzado del destino de la actuación de Nisman.
Esas pruebas son una nota de un ex director de Interpol, con la ilegal intervención de la Procuración del Tesoro que actúa en defensa de los intereses de los imputados y no del Estado Nacional.
El agregarlas y valorarlas, es un acto jurisdiccional, por lo tanto la investigación se abrió solo para cerrarla, sin cumplirse los requisitos, plazos y garantías de un sobreseimiento.
Rafecas no denuncia a la Procuración del Tesoro por intervenir en defensa de los imputados.
Rafecas decide un entierro forzado e ilegal de la causa abierta por un fiscal asesinado el fin de semana anterior a exponer en el Congreso los detalles de su denuncia.
Para que cierre el proceso, tuvo que caer en una sala caracterizada por avalar los intereses del kirchnerismo sin ninguna vergüenza y el recurso de casación contra esa resolución "cajonearse" hasta que el turno en la Alzada le tocara a un fiscal identificado partidariamente con el gobierno anterior.

Un grupo de ciudadanos firma una solicitada pidiendo la destitución de Rafecas por esa actuación.
Entonces se producen contra ellos el tipo de reacciones a las que el kirchnerismo nos acostumbró pero desde lugares muy variados:
La exhibición obscena de una gran complicidad, la descalificación bestial y burda de la petición que no hace más que darle crédito, mezclándose en esta tarea abiertos miembros de la banda kirchnerista con otros que desde su identificación como “moderados”, han descalificado toda resistencia contra la banda en cuestión hablando de maldad y odio en los disidentes, no como ellos, imbuidos en esa la moderación rayana en la funcionalidad.
Todo, como en épocas K, sin responder a los cuestionamientos a Rafecas, parte esencial de la técnica cubana del asesinato de la reputación y modus operandi burdo del kirchnerismo, sino centrando la discusión en la solicitada y las malas intenciones de sus suscriptores.
Rafecas no tiene nada que explicar, los que deben explicar, parece, son los que lo cuestionan, verificar si son suficientemente "republicanos", buenos, correctos o si están cometiendo el pecado de “ampliar la grieta” o tener malos sentimientos.

Ahí están juntos Aníbal Fernández, Federico Pinedo, Luis D’Elía, Gustavo Vera (Bergoglio), Alberto Fernández y Luis Novaresio.
Alberto Fernández, actual acólito de Sergio Massa, afirmó que los que firmaron la solicitada eran unos trogloditas por cuestionar la actuación de un juez.
El mismo que como jefe de Gabinete capitaneo la destitución de la parte de una Corte que le molestaba a sus planes políticos por el contenido de sus sentencias, que era correcto, mientras dejaba indemne a la otra parte de la misma Corte, que había suscripto los mismos fallos.
Novaresio dijo que el caníbal se comía al caníbal.
Lo que acabo de describir de Rafecas me convierte en caníbal.

Como en el apogeo K unos demonizan, los otros juegan a la moderación igualando a denunciantes y denunciados, pero centrando el problema en los últimos y sus supuestos malos sentimientos, y decretando que la realidad está en algún lugar intermedio entre la denuncia y la falsedad de la denuncia, dando a entender que esa maniobra es “moderación” o “verdadero periodismo”, además de bondad consistente en “querer cerrar la grieta”.

¿Qué une a toda esta gente en una postura tan forzada?
No hay como pegarle al chancho para saber quién es el dueño.

Rafecas también tiene a su cargo la (no) investigación del monasterio del señor López.
Dijo la semana pasada que las pobres monjitas que no son monjitas eran unas víctimas.
No me extiendo en el tema, ya lo hice en el post anterior.

Es grande la conspiración contra Nisman, pero ya se ve.
Lo que queda por saber es por qué el gobierno de Macri no investiga su muerte, ni su denuncia.
No hablo de juzgar, la investigación de campo es función también del gobierno, máxime en un asunto de semejante importancia institucional.
Para eso comanda la policía y a los organismos de inteligencia

¿O hay que pensar que nadie quiere saber lo que pasó?

¿Será muy troglodita semejante inquietud?

No hay comentarios: