"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

lunes, 3 de junio de 2019

M i vida sin K (VI)


-Como dice María Elena Walsh de los ejecutivos, "del sillón al avión"...
AF: Es cierto. Como el poder te aleja, hablar con gente que piensa es muy útil. Pero eso no se dio con Carta Abierta; no fue el tábano en la oreja.
A veces los intelectuales son como esos señores que están en la platea y viven insultando a los jugadores.
Y desde la cancha ellos piensan "¿por qué ese gordo no viene acá y patea él"?

-Pero no olvidemos al que está en la popular, que se banca los codazos, que llega cansado...
AF: Es cierto. Está bien su reflexión.

-¿En qué momento se siente la presión de los empresarios? ¿Usted lo podía identificar?
AF: Siempre. Porque se gobiernan intereses en pugna.
No todos quieren el mismo país.
Cuando se le pide a un empresario que pague un poco más de "ganancias" para redistribuir, te dicen que no.
Y te hablan de redistribuir el ingreso de otro modo.
Tampoco los trabajadores aceptan tan fácil resignar una cuota de poder.

-Pensemos en un presidente como Lula, que oficia de "director de orquesta" entre intereses. En Brasil hay inversiones, los empresarios avanzan, los trabajadores reciben parte de ese funcionamiento y hay una política de "hambre cero".
AF: Recuerdo haberle regalado a Cristina un libro que se llama En torno a lo político, que escribió Chantal Muf.
Ese libro plantea que la política es representación de intereses:
De intereses contrapuestos.
Pero una vez en el poder uno no gobierna para el que lo votó:
Gobierna para todos.
Ese es Lula.
A Lula lo vamos a extrañar todos; no sólo los brasileños.

-Claro que ellos vienen de Cardoso, que tampoco era una pavada. ¿Por qué Brasil puede y nosotros no?
AF: Brasil, ni con Cardoso ni con Sarney generó una crisis de la magnitud de la nuestra.
Brasil nunca tuvo una política de deterioro de la industria nacional.
En realidad, hace un culto del empresariado nacional.

-En la Argentina, el éxito económico está mal visto. En Brasil no.
AF: En el año ´89, cuando llegó Menem, el presidente de la Unión Industrial era el dueño de Terrabusi, que lo primero que hizo fue vender la empresa nacional a una empresa extranjera.
Cuando llegó Duhalde, el presidente de la UIA era De Mendiguren, un señor con una empresa textil importante que la vendió a un fondo de inversión.
Los empresarios argentinos están mucho más atentos a los resultados financieros que a los resultados productivos.

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