la Nave de los Locos
Entró al último cuatrimestre de su primer año de gobierno y navega completamente al garete. Sonríe, llora, sobreactúa, saluda con la mano… e inaugura todo lo que se le ponga a tiro.
Pero no ignora que hasta aquí, dilapidó casi todo su capital político por su propia inoperancia y también por la formidable influencia de su ingenioso marido.
No le queda demasiado margen político, ni resto de tiempo para hacer algo con el escenario de conflictos que tiene en las narices.
En verdad sólo un imbécil puede considerar superado el problema del campo. Ella apostó al silencio. Y después de ser derrotada decidió tapar ese “cadáver” con diarios.
Consume el tiempo crucial… irresponsablemente.
Trata de mostrar malabarismos, pero ya agotó hasta su retórica.
Su instrumento ortopédico mas preciado, practicado y pulido frente a un espejo una y mil veces, supo ser la virtud oral que deslumbró a los peronistas apenas vieron el modo en que ella lo expectoraba.
La mayoría de ellos han sufrido, desde siempre, la desgracia de las enormes dificultades de dicción casi como un mal ingénito de sus intentos para hacerse entender. Como el país siempre fue mayoritariamente pobre o indigente, les fue imperativo hablarle a la muchedumbre en el lenguaje de quienes no pudieron ir a la escuela.
Dejar de pronunciar las “eses” era pues casi una obligación mimética.
La retórica vacía, repetitiva y abstrusa de esta señora fue, al principio, en el Congreso, casi como el relámpago inesperado en una especie de nueva falsa intelectualidad, que pareció impactante, sólo en sus formas y en su contexto.
La fórmula, sin embargo, empezó a mostrar muy rápido, que el libreto se hallaba construido por frases siempre idénticas que eran usadas para toda ocasión, desde la inauguración de un tramo de pavimento hasta la recepción de alguna autoridad mundial.
Y siempre querían decir lo mismo: Es decir… nada
Por ejemplo, veamos esta famosa frase de la retórica presidencial:
“Tenemos la vocación permanente y democrática de articular un diálogo esencialmente constructivo con la mayor amplitud entre todos los sectores del país y el firme propósito de mantener siempre las puertas abiertas para recibir las inquietudes de aquellos que deseen ser oídos”.
Esta, es una frase que se la dedicó primero a Duhalde, cuando fue declarado casi un mafioso escindido en Parque Norte, después a la oposición, que se quejaba amargamente de no ser llamada a opinar, más tarde a los piqueteros que fueron finalmente comprados con la chequera y nombrados en cargos oficiales, y así sucesivamente hasta llegar al Agro, a quienes, luego de más de dos meses de paro, les sugirió este pomposo mensaje, sin dar lugar, sin dar fecha, sin hora y por supuesto, poniéndolo en fuerza cuando todo ya estaba perdido y en un protocolo teatral que sólo le sirvió a ella para la foto.
Tal como aquella frase retórica sin ningún contenido y absolutamente divorciada de la formalización, de la praxis y tan siquiera de la menor viabilidad, hay un catálogo de trescientas que dibujan prolijamente la misma consecuencia trágica: La más absoluta incertidumbre
Cuando el Imperio Romano estuvo al borde de caer para siempre bajo el dominio de Cartago por el avance fulminante de Aníbal, el peor castigo que se ensañaba con el pueblo de Roma era la sensación de zozobra y de total incertidumbre.
Todos los ejércitos que se habían enviado a detener a las tropas cartaginesas eran arrasados uno tras otro. Y entonces, allí mismo, en el corazón del Senado no se tardó mucho en advertir que había que actuar precisamente contra los tres peores males de un Estado:
Contra el desorden de las ideas, contra la improvisación y contra la incertidumbre.
Los senadores que pontificaban con retórica, eran abucheados.
Si hay algo contra lo que este gobierno conyugal no ha hecho nada en 5 años, es precisamente respecto del factor “incertidumbre”, aún advirtiendo, como es forzoso hacerlo, que las consecuencias que eso está provocando empiezan a perfilarse como un mal permanente y fatal.
Peor que eso: Viendo los pormenores de ese tipo de frases, ya aquí todo ocurre como si ella se hubiese propuesto, casi científicamente, que, en la Argentina, reine la mayor incertidumbre y que la sociedad toda, pueda metabolizar ese clima, como algo natural.
Algún fundamento objetivo para esta hipótesis, no falta:
Ella ha dicho siempre (para defender la gran fábula de la emergencia económica vigente) que no cree en absoluto en los planes, lo cual no puede significar otra cosa que creer en lo opuesto: La improvisación.
Dentro de muy pocos días, se van a cumplir 9 meses de gestación de este gobierno femenino y caratular, inseminado desde una sociedad nupcial en comandita por acciones. Y todavía no se ha parido ni ha de parirse una sola idea. No se le ha dicho a nadie qué rayos es lo que se piensa hacer, ni siquiera en el corto plazo
Pero no ignora que hasta aquí, dilapidó casi todo su capital político por su propia inoperancia y también por la formidable influencia de su ingenioso marido.
No le queda demasiado margen político, ni resto de tiempo para hacer algo con el escenario de conflictos que tiene en las narices.
En verdad sólo un imbécil puede considerar superado el problema del campo. Ella apostó al silencio. Y después de ser derrotada decidió tapar ese “cadáver” con diarios.
Consume el tiempo crucial… irresponsablemente.
Trata de mostrar malabarismos, pero ya agotó hasta su retórica.
Su instrumento ortopédico mas preciado, practicado y pulido frente a un espejo una y mil veces, supo ser la virtud oral que deslumbró a los peronistas apenas vieron el modo en que ella lo expectoraba.
La mayoría de ellos han sufrido, desde siempre, la desgracia de las enormes dificultades de dicción casi como un mal ingénito de sus intentos para hacerse entender. Como el país siempre fue mayoritariamente pobre o indigente, les fue imperativo hablarle a la muchedumbre en el lenguaje de quienes no pudieron ir a la escuela.
Dejar de pronunciar las “eses” era pues casi una obligación mimética.
La retórica vacía, repetitiva y abstrusa de esta señora fue, al principio, en el Congreso, casi como el relámpago inesperado en una especie de nueva falsa intelectualidad, que pareció impactante, sólo en sus formas y en su contexto.
La fórmula, sin embargo, empezó a mostrar muy rápido, que el libreto se hallaba construido por frases siempre idénticas que eran usadas para toda ocasión, desde la inauguración de un tramo de pavimento hasta la recepción de alguna autoridad mundial.
Y siempre querían decir lo mismo: Es decir… nada
Por ejemplo, veamos esta famosa frase de la retórica presidencial:
“Tenemos la vocación permanente y democrática de articular un diálogo esencialmente constructivo con la mayor amplitud entre todos los sectores del país y el firme propósito de mantener siempre las puertas abiertas para recibir las inquietudes de aquellos que deseen ser oídos”.
Esta, es una frase que se la dedicó primero a Duhalde, cuando fue declarado casi un mafioso escindido en Parque Norte, después a la oposición, que se quejaba amargamente de no ser llamada a opinar, más tarde a los piqueteros que fueron finalmente comprados con la chequera y nombrados en cargos oficiales, y así sucesivamente hasta llegar al Agro, a quienes, luego de más de dos meses de paro, les sugirió este pomposo mensaje, sin dar lugar, sin dar fecha, sin hora y por supuesto, poniéndolo en fuerza cuando todo ya estaba perdido y en un protocolo teatral que sólo le sirvió a ella para la foto.
Tal como aquella frase retórica sin ningún contenido y absolutamente divorciada de la formalización, de la praxis y tan siquiera de la menor viabilidad, hay un catálogo de trescientas que dibujan prolijamente la misma consecuencia trágica: La más absoluta incertidumbre
Cuando el Imperio Romano estuvo al borde de caer para siempre bajo el dominio de Cartago por el avance fulminante de Aníbal, el peor castigo que se ensañaba con el pueblo de Roma era la sensación de zozobra y de total incertidumbre.
Todos los ejércitos que se habían enviado a detener a las tropas cartaginesas eran arrasados uno tras otro. Y entonces, allí mismo, en el corazón del Senado no se tardó mucho en advertir que había que actuar precisamente contra los tres peores males de un Estado:
Contra el desorden de las ideas, contra la improvisación y contra la incertidumbre.
Los senadores que pontificaban con retórica, eran abucheados.
Si hay algo contra lo que este gobierno conyugal no ha hecho nada en 5 años, es precisamente respecto del factor “incertidumbre”, aún advirtiendo, como es forzoso hacerlo, que las consecuencias que eso está provocando empiezan a perfilarse como un mal permanente y fatal.
Peor que eso: Viendo los pormenores de ese tipo de frases, ya aquí todo ocurre como si ella se hubiese propuesto, casi científicamente, que, en la Argentina, reine la mayor incertidumbre y que la sociedad toda, pueda metabolizar ese clima, como algo natural.
Algún fundamento objetivo para esta hipótesis, no falta:
Ella ha dicho siempre (para defender la gran fábula de la emergencia económica vigente) que no cree en absoluto en los planes, lo cual no puede significar otra cosa que creer en lo opuesto: La improvisación.
Dentro de muy pocos días, se van a cumplir 9 meses de gestación de este gobierno femenino y caratular, inseminado desde una sociedad nupcial en comandita por acciones. Y todavía no se ha parido ni ha de parirse una sola idea. No se le ha dicho a nadie qué rayos es lo que se piensa hacer, ni siquiera en el corto plazo
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