La Argentina busca una salida para evitar otro calote externo.
La Argentina ya dejó de pagar sus vencimientos externos en siete ocasiones desde su independencia de España en 1816.
El calote más reciente fue en el 2001.
Su mal histórico, agravado por el populismo en los últimos años, imposibilita al país a recibir inversiones externas significativas. Siempre no fue así.
A fines del siglo XIX, rico por las exportaciones de carne y granos, el país conseguía hasta levantar libras en el mercado financiero de Londres vendiendo títulos impresos en una propia moneda, el peso, algo raro para un país en desarrollo.
Pero, los argentinos pronto caerían en el descrédito.
El gasto público y la emisión acelerada de dinero elevaron la inflación, y en 1885, el presidente Julio Argentino Roca desvalorizó el peso en relación a la paridad con el oro.
La crisis llevó al calote y el banco Baring Brothers, en ese entonces uno de los principales de Inglaterra se fue a la lona.
Después de más de una década de apuros y un proceso conflictivo de renegociación con los acreedores, la Argentina hacía en los últimos meses ajustes en la tentativa de retornar a los mercados internacionales.
Ahora, un revés de los tribunales americanos pone al país ante la posibilidad de un nuevo calote.
Quien había entrado en el acuerdo de renegociación de la deuda, aceptaba perder el 75% del valor nominal de los títulos.
Otros inversores, llamados por la presidente Cristina Kirchner de fondos “buitres” decidieron pelear en la justicia – y ganaron.
En noviembre del 2012 el Juez Tomás Griesa, de New York, decidió que la Argentina debería honrar el pago en el valor integral.
El gobierno argentino recurrió.
El lunes pasado, la Suprema Corte rechazó finalmente el recurso, confirmando así la sentencia del juez Griesa.
La acción habla al respecto de 1,3 mil millones de dólares, pleiteados por el fondo NML, Capital, pero puede superar los 18 mil millones de dólares en caso que la decisión sea extendida a los demás acreedores. Si no se hace ese pago, la justicia americana podrá determinar el embargo de activos argentinos en el exterior.
El país corre el riesgo de quedar atrasado en los pagos a los inversores que aceptaron la negociación.
Esas, prestaciones podrían ser bloqueadas si fuesen depositadas en los Estados unidos.
“No puedo someter al país a tal extorción” reaccionó Cristina Kirchener.
El juez Griesa respondió,
“Los comentarios no transmiten buena fe y el compromiso de honrar las obligaciones de la Argentina".
Para Griesa, los títulos fueron emitidos sobre jurisdicción americana, por lo tanto las leyes de los Estados Unidos deben ser cumplidas.
Traducido de la revista VEJA – Rio de Janeiro – Brasil.
Edición 2379 – Ano 47 – No 26 -
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