"De Argentina para el mundo..."

A poco de ganar las elecciones por el 54%, sugerí que debíamos Ver venir la administración de la presidente.

Lamentablemente, somos muchos los ciudadanos (no habitantes) quienes notamos que estamos y vamos mal…

¿Hacia dónde nos dirige la presidente de todos los argentinos…?

El pueblo quiere saber

...
Ver venir


Caricatura de Alfredo Sabat

lunes, 10 de octubre de 2016

LA PURIFICACIÓN DEL ALMA

Purificar significa quitar a una cosa lo que le es extraño, dejándola en el ser y perfección que debe tener según su calidad.
También significa limpiar de toda impureza a algo no material.
Y en sentido místico que Dios acrisole las almas por medio del trabajo y el ejercicio de la voluntad.
La purificación del alma tiene como principal objetivo la intencionalidad de las acciones, ya que promueve que esa intención sea buena, correcta y adecuada.
Qué es lo que motiva el cometido de las acciones, porque se comete y cual es la guía y el tramo que lleva desde el pensamiento y la ideación a la acción misma.
En mi mente, en mi espíritu se concibe un acto determinado, el cual a veces se evalua, se considera, pero a veces no, funcionando como una respuesta automática.
Muchos de estos actos corresponden a estímulos que recibimos y ante los cuales reaccionamos.
¿Cómo reaccionamos?
¿Por qué reaccionamos?

Hay tres formas de reacción, la aceptación, el rechazo o la indiferencia.
Si el acto concuerda con nuestras ideas y nuestras proyecciones, lo aceptaremos, si está en oposición a lo que pensamos lo rechazaremos y si no nos toca en absoluto lo recibiremos con indiferencia.
Estas reacciones se forjan desde nuestra tierna infancia, donde el estímulo exterior, los modelos que observamos y las conductas que nos inducen moldean nuestra personalidad.
Se va creando una estructura mental que atesora respuesta a cada situación, que se repite casi rutinariamente en la vida.
La existencia de los niños está signada por la repetición de sucesos, de estímulos y respuestas, que se producen día a día y que terminan creando una condición, una constante que señala el comportamiento ante las contingencias de todos los días.
Levantarse, asearse, nutrirse, relacionarse con los demás, estas respuestas orgánicas y psicológicas se dan de acuerdo con la cultura adquirida, con la tradición del lugar y de la sociedad a la cual se pertenece y con las prioridades de la familia íntima del sujeto.
Termina en una especie de automatismo ya que los estímulos son tantos, tan variados y tan seguidos que casi no se procesan las respuestas.
Solo unos pocos durante el día merecen una reflexión y son aquellos a largo plazo que no condicionan el presente inmediato.
Aunque a veces circunstancias especiales hacen que haya que evaluar respuestas perentorias y ajustar conductas no estandarizadas y fuera de lo común.

En los momentos de distorsión el hombre reflexiona sobre lo que hizo y como lo hizo.
En un marco de buenas intenciones, de deseos de progreso y de adaptación a la sociedad en que se vive, poder cuestionarse y evaluar el nivel de respuesta puede llevar a una perfección y un crecimiento personal
Hay en ellos una dosis de humildad y una gran voluntad que poner en práctica.
Comienza la purificación del alma, que consiste en separar las conductas correctas y adecuadas de las que no lo son, para que en el momento de la respuesta a los estímulos estemos preparados paras cambiar nuestro comportamiento.
Como se logra adecuar la conducta a ese cambio dependerá de la percepción personal y de la priorización de valores que tenga cada uno.
Así como hemos aceptado y copiado las respuestas que nos indujeron de pequeños, es posible que podamos aceptar y copiar las conductas sociales que observamos ser más adecuadas para un buen funcionamiento del grupo humano en el que vivimos.

La primera condición es la claridad de pensamiento, saber y entender como principio de comprensión las consecuencias de nuestro comportamiento.
Luego forjar una escala de valores, en las que se priorice la verdad, la bondad, la justicia, la paz y la solidaridad.
Lograr que nuestra alma posea una perfecta armonía y paz interior, y que esa armonía y paz se irradie al exterior, a nuestros semejantes, a nuestros actos y a la proyección de nuestras ideas e ideales.
Es el estado en el cual el alma se encuentra purificada, despojada de toda impureza material y espiritual y habremos alcanzado el grado de bendición y felicidad para nosotros y para nuestros semejantes.
Elías D. Galati

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