"De Argentina para el mundo..."

A poco de ganar las elecciones por el 54%, sugerí que debíamos Ver venir la administración de la presidente.

Lamentablemente, somos muchos los ciudadanos (no habitantes) quienes notamos que estamos y vamos mal…

¿Hacia dónde nos dirige la presidente de todos los argentinos…?

El pueblo quiere saber

...
Ver venir


Caricatura de Alfredo Sabat

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Compañero Fidel

Progres y oligarcas honran al Líder Máximo
elmanifiesto.com

El actual orden del mundo nace del maridaje entre el capitalismo financiero global y las ideologías izquierdistas. 
Por eso los ricos lloran a Fidel.                
Ha sido conmovedor ver a la elite del mundo global tan contrita por la muerte de Fidel Castro.
Se diría que ha muerto un padre fundador del nuevo orden del mundo.
Periódicos que Castro no habría dudado ni un minuto en cerrar, lloran ahora el deceso del líder.
Políticos que Castro no habría dudado ni un minuto en encarcelar,
abren su corazón para derramar lágrimas de homenaje.
Pero esto, en realidad, no es nuevo:
Hace mucho tiempo que la glosa folclórica de la revolución cubana funciona como coartada sentimental para la izquierda de los países ricos.
El icono mayor de ese opio ideológico de la burguesía occidental es la camiseta del Ché Guevara.
Hacemos allí la revolución que no podemos –ni queremos– hacer aquí.
Jugar a redimir a un prójimo lejano, quiera él o no, conforta la mala conciencia del progresista aburguesado.

¿Contradicción?
Sí, pero sólo aparente.
Hay que tener en cuenta algo importante:
El actual orden del mundo no es producto del capitalismo occidental tradicional, sino del maridaje entre el capitalismo financiero global y las ideologías izquierdistas expandidas a partir de los años 60.
El progresismo ideológico ha venido funcionando como lenitivo moral para el mundo del capitalismo trans nacional.
Por eso un tipo como, por ejemplo, Jean-Claude Juncker, agente destacado del globalismo, enemigo de cualquier soberanía nacional, puede legítimamente –o eso cree él– llorar la muerte de alguien que fue “un héroe para muchos”.
Jamás habría dicho lo mismo de Pinochet, aunque el chileno mató menos e hizo prosperar a su país en vez de arruinarlo.
Y es que lo importante, para nuestras elites, no es quién fue objetivamente Fidel (el tirano comunista que extendió un manto de represión sobre su pueblo), sino qué función representa su icono.
La nostalgia fingida de una revolución que nunca se hará es el bálsamo de Fierabrás de la elite cosmopolita.

Entre Trump y Fidel, siempre preferirán a Fidel.
Porque el comunismo, después de todo, aspira a destruir lo mismo que el globalista contemporáneo pretende aniquilar:
Ese mundo tradicional de patrias, religiones e identidades.
Es delirante, pero así es.
Precisamente por eso se ha hecho tan urgente desmantelar la pesadilla globalista en la que vivimos.


© La Gaceta



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