"De Argentina para el mundo..."

A poco de ganar las elecciones por el 54%, sugerí que debíamos Ver venir la administración de la presidente.

Lamentablemente, somos muchos los ciudadanos (no habitantes) quienes notamos que estamos y vamos mal…

¿Hacia dónde nos dirige la presidente de todos los argentinos…?

El pueblo quiere saber

...
Ver venir


Caricatura de Alfredo Sabat

domingo, 4 de diciembre de 2016

LA TRAGEDIA

La tragedia es un suceso de la vida real que produce lástima y terror, es considerada una desgracia o desdicha producida por un suceso fatal e infausto.
El hombre convive con la tragedia, y es una de las circunstancias más cercanas a su condición ya que son imprevisibles, en su mayoría, impactan emocional y sentimentalmente y condicionan el después de toda actitud y acción humana.
La tragedia se globaliza y se expande, ya que sus consecuencias abarcan mucho más del individuo, grupo o sociedad que la sufre, y señala un antes y un después que cambia muchas veces las reglas y las normas que imperan como las condiciones sociales en las que se mueven los grupos involucrados.

Dicen los psicólogos que la tragedia es un drama que termina en una catástrofe producida por un conflicto inevitable.
Que lo trágico provoca reacciones de horror en la vida real similares a las que suscita la tragedia en el arte dramático.
Pareciera que hay un ida y vuelta que motoriza tanto a la tragedia real como al drama en el arte.
La vida del hombre se dramatiza, y en ese drama muchas veces se desata la tragedia.
Es como si lo dramático llamara o fuera inexorablemente hacia lo trágico, sin desconocer que hay dramas tragicómicos, como que hay dramas que encuentran una resolución la mas de las veces emotiva, otras racional, pero todas siguiendo el curso de la voluntad que pone el individuo en pos de la resolución del conflicto y de un fin correcto, concreto y efectivo.

Pero la tragedia asola el mundo, tragedias naturales de todo tipo, otras provocadas por el hombre desde la guerra, la enfermedad, el desatino hasta la impericia que provoca desastres.
Y se convive con la tragedia, nos toca en nuestra condición de humanos y nos mancha, nos condiciona y nos altera desde todo punto de vista.
Cualquier tragedia que ocurra deja una marca indeleble y es condicionante de allí en más para el grupo social.
Terremotos, huracanes desbastadores, tsunamis, inundaciones, sequías y fenómenos naturales que no se pueden controlar y muchas veces ni siquiera prevenir.
Tragedias provocadas por el hombre desde la guerra hasta accidentes que la negligencia, la impericia o la desidia de muchos hacen suceder sin sentido ni control.

Convivir con la tragedia es un aprendizaje que debemos hacer todos los días y estar atentos a mejorar  y progresar en sentido positivo.
¿Qué es lo que se pudo evitar?
¿Cuáles fueron las causas que lo provocaron? ¿Quién fue responsable y quién debía controlar?
A  veces pequeños detalles, pequeñas fallas humanas hacen que se arme y provoque una gran tragedia.
Hay un concepto de la vida que prevalece en todos nosotros, en especial en relación a los valores que priorizamos y que tratamos de ejercer fielmente y a conciencia.
Este concepto de la vida es el que determina la actitud  y el comportamiento ante la tragedia.
La prioridad es la comprensión de la inevitable, es decir de aquello que está fuera de nuestro alcance, que no podemos modificar, y que debemos entender que con esa imprevisible realidad vivimos.
Después tratar de aprender aun de las tragedias, las cosas que fueron erradas, equivocadas o desacertadas y buscar los medios de corregirlas individual y socialmente evitando que se repitan en el futuro, con las mismas trágicas consecuencias.

Finalmente y aquello que hace a la realidad humana es enfrentar la tragedia, solidarizarse efectivamente con las víctimas, para que sea la acción y nuestras obras las que consigan paliar un poco el dolor, la angustia y la fatalidad.

Frente a la tragedia emerge el amor entre los hombres, la actitud desinteresada, solidaria, benévola y humanitaria, que significa ser profunda y auténticamente hombre frente al dolor de los semejantes.


Elías D. Galati

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