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Caricatura de Alfredo Sabat

miércoles, 5 de julio de 2017

El Síndrome Trump

¿Qué hechos explican por qué Obama no pudo dejar un país unido, pujante y con convicciones lo suficientemente fuertes para votar a un miembro del Partido Demócrata como presidente?
Por Sebastián Maril

Según el diccionario de la Real Academia Española un síndrome “el conjunto de síntomas característicos de una enfermedad o un estado determinado”.

La improbable elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de América, llevó a gran parte del planeta a preguntarse cómo 62 millones de norteamericanos pueden ser tan necios de permitir que una persona supuestamente inestable habite la Casa Blanca.
Trump genera en muchas personas una obstinada ceguera que les impide ver más allá del personaje que nos muestran todos los días los medios.
Su forma de ser, modales, exabruptos y apariencia física desarrolla una ira interna en cada persona que permite albergar un síndrome del cual no es fácil curarse, especialmente cuando todo los que nos cuentan sobre el presidente de los EE.UU. es estrictamente negativo.
Trump es odiado, detestado, criticado.
Lo tildan de arrogante, mujeriego, nacionalista, patotero, chocante, maleducado y de muchos calificativos más.
Sin embargo, es el presidente de los Estados Unidos en un país donde nadie llega a la presidencia por casualidad.

Convertirse en el líder de la primera potencia mundial, requiere pasar por un sinfín de filtros, escrutinios, debates y análisis. Trump aprobó el examen y lo hizo a su manera.
Siendo Trump.
Ignoró todo sentido común electoral e hizo caso a sus instintos.
Fue contracorriente y, desde el primer día, leyó mejor que ningún otro candidato republicano o demócrata lo que el país estaba pidiendo de su líder.

Los hechos

¿Si la presidencia de Barack Obama fue tan buena, por qué en las últimas elecciones los demócratas perdieron la Casa Blanca, el Senado, la Cámara Baja y 33 de 50 gobernaciones?
La respuesta a esta pregunta ayudará a mitigar los síntomas del Síndrome Trump que padecen muchos.
El mundo critica abiertamente a Trump sin conocer que la esencia del electorado que lo votó, pide a gritos que su presidente se comporte de la manera que lo está haciendo.
Esta es una realidad que se gestó durante muchos años y, si la negamos, continuaremos horrorizándonos por cada punto y coma fuera de lugar.
Trump sabe cuándo actuar como un presidente y cuándo jugar a la pelota para la tribuna.
Al fin y al cabo aquellos que lo votaron lo consideran como el amigo del “asado” de los domingos.
Por un lado, tosco, malhablado, arrogante y chocante.
Por el otro, exitoso, carismático, astuto y ganador.
Ese es Trump.
La persona que en 2014 durante una entrevista con la revista TIME dijo:
 “Yo nunca pierdo. Toda mi vida he ganado. No estoy acostumbrado a perder”.

Durante ocho años el planeta aplaudió la soberbia de Obama pero en tan solo cinco meses condena la arrogancia de Trump.
¿Por qué?
¿Porque habla como el amigo chanta de la esquina?
¿Porque no sabe comportarse como el presidente de la primera potencia mundial?
¿Porque no encaja en los más altos estándares políticos del establishment de Washington?
¿Porque critica a los medios?

Aquél que niega la soberbia permanente que exhibía el ex presidente Obama, debe entender que los demócratas sufrieron la peor derrota electoral desde 1984 exactamente porque la obstinada ceguera de Obama de gobernar soberbiamente sólo para las grandes urbes, lo llevó a ignorar al norteamericano rural del interior del país durante ocho años.
El norteamericano que votó en masas a Trump.
Así se gestó el EE.UU. de hoy, dividido entre las grandes urbes demócratas y las zonas rurales republicanas del interior.

La transformación

Recordemos la célebre frase que utilizó Obama durante la campaña electoral de 2008 en el Estado de Wisconsin para describir a cierto sector del electorado norteamericano:
“Son amargos. Se aferran a sus religiones y a sus armas para justificar sus críticas a aquellos que no opinan como ellos”.

Esta descripción despectiva del norteamericano ruralista, cristiano y tradicional, caracterizó los ocho años de su presidencia.
Si no ¿qué otra respuesta existe para explicar por qué el supuestamente mejor presidente de la historia reciente de los EE.UU., no pudo dejar un país unido, pujante y con convicciones lo suficientemente fuertes para votar a un miembro del Partido Demócrata como presidente de los EE.UU.?
Repito, los demócratas perdieron la presidencia, el Senado, la Cámara Baja y 33 de 50 gobernaciones.
¿Entonces para quién gobernó Obama?
El gigante dormido

Permítanme que les cuente un secreto: Obama despertó a un gigante dormido.

Las políticas de Obama fueron tan divisorias que llevó a un sector del electorado a elegir al candidato menos calificado de los 17 que se postularon por ambos partidos.
No es coincidencia que todas las grandes urbes de los EE.UU. votaron a Hillary Clinton y el resto a Donald Trump.
Obama gobernó para estos polos urbanos y lo hizo muy bien.
El mapa electoral norteamericano no miente.
Obama gobernó para el 50% de la población pero, al hacerlo, generó tanta ira y rechazo en el otro 50% que despertó a un gigante dormido quien encontró en Trump a su mensajero.
El gigante ruralista, cristiano, del interior del país, votó a alguien que deje la diplomacia a un lado y se ocupe de ellos y más específicamente, que se ocupe de ponerle freno a la transformación de la esencia de los EE.UU.
Aquellos que votaron a Trump quieren a un líder sin pelos en la legua, capaz de transmitir literalmente lo que ellos están pensando.

Recuerden otra célebre frase de Obama en la Universidad de Missouri en octubre de 2008:
“Estamos a tan solo cinco días de cambiar fundamentalmente a los Estados Unidos de América”.
Obama, muy astutamente, logró dar los primeros pasos de este cambio fundamental y, al hacerlo, abrió una grieta en la sociedad que demandará varios ciclos electorales para cerrarla.
Cuando un conocido periodista argentino se horroriza al ver un viejo video de Trump luchando ficticiamente con una persona cuya cabeza tiene el logo de una conocida cadena de noticias, explíquenle a ese periodista que esa cadena de noticias lleva 18 meses publicando mentiras absolutas sobre el presidente, llamándolo “subnormal” a él, “enfermo” a su hijo y peores calificativos a su mujer.
Google está disponible para aquellos que no creen que esto sea cierto.
Por esto mismo, no es novedad que Trump les devuelva estos favores.
No es de extrañarnos que el electorado que lo votó aplauda esta falta de decoro hacia los medios que durante ocho años fueron el megáfono de la soberbia de Obama.
No debe sorprendernos que el establishment republicano, el establishment demócrata, los servicios de inteligencia y los medios, quieran a Trump fuera de la Casa Blanca.
Todos estos quieren a uno de los suyos en Washington.
Todos desean alguien del palo y no a Trump.

Para terminar repito una vez más que Trump sabe cuándo debe comportarse como un presidente y cuándo puede darse el lujo de mostrarse indiferente ante una situación.

Durante toda la campaña presidencial, Trump fue contracorriente, fue atípico, fue diferente.
Así llegó a la Casa Blanca y así gobernará

No actuemos horrorizados.
Es el Trump de siempre y el motivo que explica por qué es quien es.
Aquél que desee continuar aceptando como una realidad absoluta todo los que nos cuentan los medios sobre EE.UU. y sobre Trump, se estará haciendo un gran daño.

Detrás de cada exabrupto hay un norteamericano que lo aplaude.
Entendamos y aceptemos esta realidad.

Podemos no compartirla pero no condenemos a Trump por ser como es sin antes entender por qué es como es.

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