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Caricatura de Alfredo Sabat

martes, 28 de mayo de 2019

Historias de coraje en Malvinas (1)

Cuando Juan José Gómez Centurión y 38 soldados enfrentaron a 250 británicos

Infobae reunió a tres héroes que participaron del combate en las islas.
"En la guerra se ve al ser humano en toda su dimensión", dijo el entonces subteniente de Infantería y jefe de la sección Romeo de la Compañía C del Regimiento
Por Adrián Pignatelli

Hoy tiene 61 años.
Fue a la guerra como subteniente de Infantería y como jefe de la sección Romeo de la Compañía C del Regimiento 25.
Juan José Gómez Centurión, mayor retirado es, además, paracaidista y comando.
José Eduardo Navarro, hoy general de división a punto de retirarse, era un joven subteniente de 21 años del Grupo de Artillería Aerotransportado 4.
Malvinas fue su primer destino.
Andrés Fernández, de 61 años, era entonces un cabo cocinero en el Regimiento 25, de 24 años.
Los tres están unidos por esos lazos invisibles e indestructibles que una situación límite como es la guerra sólo puede forjar.
Para ellos, mayo no es un mes más, sino que es el punto de partida de algo más profundo que, en esta nota que concedieron a Infobae, revelan.

22 de mayo: Rescatar los cañones del Río Iguazú

El que comienza a hablar es el hoy general Navarro.
"El 21 por la noche estaba durmiendo en mi trinchera, y me ordenan presentarme en el puesto de comando del Grupo de Artillería Aerotransportado 4.
Debía trasladar dos obuses Otto Melara 105 mm de Puerto Argentino a Darwin, que servirían de apoyo a la infantería.
Alistamos a la tropa, 18 hombres entre soldados y suboficiales.
Grande fue nuestra sorpresa cuando vimos que el buque en el debíamos llevar los cañones era el Río Iguazú, muy pequeño para nuestro cometido.
No entraban.
Cada uno pesaba alrededor de 1.500 kilos y su volumen es similar al de un Fiat 600.
Entonces resuelvo desarmarlos en 12 partes".
La principal preocupación de Navarro era esos cañones.
"Yo sabía que el infante de Darwin los estaba esperando.
Las piezas más voluminosas las ubicamos sobre cubierta, en popa, mientras que el resto las acomodamos en la bodega.
Como no estaba previsto desarmarlos, se inició la navegación a las 5 de la mañana cuando tendría que haber sido a las 12 de la noche".
'Salimos tarde -me advirtió el capitán-.
'Hay superioridad aérea enemiga y es muy probable que suframos un ataque'".

La predicción del capitán se hizo realidad.
A las 8:30, cuando estaban cumpliendo la última etapa del viaje, aparecieron dos aviones Sea Harrier, que atacaron la nave con sus cañones de 20 mm.
"Vuelan las esquirlas por todos lados, hay heridos -recuerda Navarro-.
Me encuentro en el subsuelo, se apagan las luces, comienza el humo, se encienden luces rojas y se ordena abandonar el buque.
Busco mi casco y mi fusil.
Cuando estoy en la cubierta, veo a mis soldados que ya estaban en el agua, alcanzando la costa que estaba a 40 o 50 metros.
Giro la cabeza y veo que un Sea Harrier viene ametrallando el buque y me tiro al agua.
Es la primera sensación que tengo, lo salado del agua.
Soy correntino y en mi vida había visto una masa de agua tan grande.
Cada vez que voy al mar me vuelve el recuerdo de ese 21 de mayo".

Cuando el grupo alcanzó un islote, Navarro de pronto vio que el soldado Rodolfo Sulín se había arrojado al agua nuevamente.
Había vuelto al barco.
En un bote salvavidas cargó ropa seca y víveres.
Por dicha acción, le otorgarían la Medalla de La Nación Argentina al Valor en Combate.
Más tarde se enterarían de que Sulín era hijo del capitán de un buque mercante y se había criado en el mar.
"Esas provisiones nos ayudaron a sobrevivir todo ese día y el día siguiente.
Mientras tanto, estábamos alerta para abrir fuego si aparecían los ingleses", explicó Navarro.

"Un rosario de locos"
Gran alegría en Darwin cuando vieron llegar al grupo, al que daban por desaparecido.
Y la providencia quiso que Navarro se encontrara allí con el subteniente de infantería Juan José Gómez Centurión, a cargo de la sección Romeo de la Compañía C del Regimiento 25.

"Encontrarme con Juan José fue como haber encontrado a un hermano.
Un año antes había muerto mi único hermano, destinado en el Grupo de Artillería, 9 que comparte guarnición con el RI 25.
En diciembre del año anterior fui a buscar sus restos y lo conocí a Gómez Centurión.
Imaginate verlo un año después en Darwin, fue como ver a mi hermano.
“Abrazarlo y llorar de angustia fue mi primera reacción".

Gómez Centurión relató:
"Cuando lo vi venir caminando por el muelle de Darwin, fue ver a mi amigo muerto. José es muy parecido a su hermano, hasta los dos son chuecos".
—¿Qué hacés acá?
—Mirá, acaban de hundir el buque donde traía los cañones. Quiero recuperarlos. No se cómo, pero quiero recuperarlos —le dije a Gómez Centurión.

"De por sí, eso era una locura porque el lugar estaba identificado por los ingleses, señalizados por ellos", fue lo primero que respondió Gómez Centurión. "Alguien le había dicho a Navarro que yo tenía un traje de neoprene, pero era para verano.
Aún así, de la nada, comenzamos a armar la operación".

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