Por Carolina Perin
¿Conservarías
la amistad de alguien que habló públicamente innumerables veces mal de vos?
¿Restablecerías
sin que medie una disculpa pública la relación con esa persona como si nada
hubiera pasado?
Cabría
preguntarse si no lo hace…
¿Cuándo
mentía antes o ahora?
Un
dilema es aquel que nos lleva a un razonamiento en que una premisa contiene una
alternativa de dos términos y las otras premisas muestran que los dos casos de
la alternativa conducen a la misma conclusión.
Los
argentinos en vista a las próximas elecciones presidenciales y legislativas nos
encontramos ante varios dilemas.
Desgraciadamente
ellos no abrevan del conflicto de las propuestas sino de la básica disyuntiva
de los personalismos basados en
¿Le
creo o no le creo?
Por
años nuestro país ha padecido de hiper presidencialismo.
Sin
embargo, los países que han construido democracias modernas lo han hecho
sumando mecanismos de participación legislativa como la elección de los Jefes
de Gabinete.
Esto
ha llevado a ejercitar la articulación del acuerdo bien diferente de la definición
de La Rosca que tanto enorgullece a nuestra deteriorada política.
Una parte
importante de quienes se postulan a Presidente en la República Argentina no
tienen obras para mostrar.
Gran
parte de ellos han tenido la oportunidad desde el Estado de trabajar por
nosotros ciudadanos de nuestro país y sin embargo sus políticas públicas son
nimias.
Aún
hoy quienes enarbolan la posibilidad del consenso lo hacen mirando al pasado y
sin medir ni siquiera la posibilidad de sentarse a conversar con el otro.
Parece
increíble esa incomunicación aun cuando se sabe que quien no sabe escuchar no
aprende, no se da la oportunidad de articular un nuevo pensamiento.
Parece mentira
que aún no comprendan que la flexibilidad es una de las virtudes para capear
tormentas.
Frente
a los tornados más furiosos lo que sobrevive es lo moldeable.
Hoy
un país, el mío, el tuyo, el de todos se ve sumergido en la alternativa de
tener que elegir.
Tengo
la impresión que los argentinos queremos tener la posibilidad de soñar.
Tengo
la impresión de que nos gustaría recuperar esa respuesta que teníamos cuando
éramos chicos y algún mayor nos preguntaba:
¿Qué
te gustaría ser cuando seas grande?
Hoy
no sé si esa contestación está porque para muchos hasta ese derecho les ha sido
quitado.
El
derecho de poder planificar… ni más ni menos que su propia vida!

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