IV
-En
realidad, la percepción general es que a medida que los diarios se volvían más
críticos, el gobierno más se enojaba, hasta terminar en esta Ley de Medios.
AF:
Esa es una mala lectura de ambos lados.
Tengo
la certeza de que los medios de comunicación son un negocio y como tal tienen
un mercado que los consume.
Cuando
los gobiernos andan bien, el mercado demanda que se acompañe porque la
ciudadanía está bien predispuesta.
Todos
los diarios en la Argentina fueron acompañando este humor ciudadano con buenas
tapas.
La
prueba de esto es que Kirchner se fue del gobierno con el 75% de imagen
positiva.
Era
difícil hablar mal de esa persona que tenía semejante imagen. Después,
empezamos en un terreno resbaladizo.
Apenas
asumió Cristina sucedió lo de Antonini Wilson.
Cuando
nos recuperamos, empezó el tema del campo, el cuestionamiento al dibujo de
Sábat y la pelea con los medios.
Entonces,
el humor social cambió y los diarios fueron acompañando ese humor social.
-Hablamos
del estilo Néstor. Pero, ¿cómo es el estilo Cristina?
AF:
En el tiempo en que me tocó estar con ella fue muy confuso todo.
Vivimos
una situación de emergencia total.
Yo
siempre he tenido una gran admiración por la inteligencia de Cristina.
Lamentablemente,
todo lo que pasó no le ha permitido lucirla.
Pero
reconozco que es más fácil hacer un análisis político con Cristina que con
Néstor.
Néstor
es un hacedor.
Como
todos los hacedores, sólo piensa en alcanzar los resultados.
Ella
es más pensante que Néstor.
…
V
-¿El
principio del fin puede ubicarse con la renuncia de Lavagna? Algo pasaba que
indicaba que el rol de ministro de Economía iba a desaparecer.
AF:
Lavagna fue un ministro muy importante, sin ninguna duda.
Pero
no estoy muy seguro de que haya sido con su salida que empezaron los problemas.
Objetivamente,
los problemas empezaron con la crisis del campo.
Porque
el Gobierno prescindió de sus aliados y se encerró.
La
Argentina siguió creciendo después de Lavagna.
El
aumento de precios hubiese pasado con Lavagna en el gobierno.
A
Felisa Miceli le tocó pagar la deuda con el Fondo Monetario.
-La
impresión era que, sin un ministro fuerte, el camino de Guillermo Moreno no
tenía techo.
AF:
Guillermo Moreno es un personaje menor que ha adquirido trascendencia.
-¿Actúa
como el álter ego de Néstor?
AF:
Kirchner es un hombre muy inteligente, y ése no es un atributo que le asignó a
Moreno.
Trajo
algunas soluciones de poco vuelo.
-¿Cuál
es el papel de los intelectuales en el gobierno de los Kirchner? ¿Cómo era y
cómo es el diálogo?
AF:
Era muy frecuente. Recuerdo que con Julio Bárbaro invitamos a Beatriz Sarlo y a
Halperín Donghi a mi despacho.
Entró Néstor a conversar con ellos.
Cuando uno
se conecta con gente que se dedica a pensar mejora su pensamiento.
De hecho,
cuando nació Carta Abierta, sus integrantes hablaban conmigo.
Yo los impulsé a
crear un espacio de reflexión.
A comienzos del conflicto del campo se reunían
conmigo.
El problema de Carta Abierta es que como la Argentina se volvió
maniquea, en algún momento dejó de pensar y empezó a convertirse en la
justificación intelectual de los errores.
-En
realidad, ése no es el rol de un intelectual. Lo más interesante de un
intelectual es su capacidad de cuestionar "lo establecido",
cuestionar "el poder".
AF:
El poder es una cosa compleja porque te separa del mundo.
Porque te espera un
auto con chofer abajo, porque cuando te subís al auto la custodia pone música
en vez de un noticiero, porque te bajás y se cuadran los soldados y la policía,
y porque a todos nos toca la tarea esencial de "filtrar los llamados".
Entonces, el poder da la posibilidad de alejarse mucho.

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