22
de noviembre de 2009
Para
muchos, ha sido el hombre fuerte o "pensante" detrás de la gestión de
los Kirchner. Alejado de la escena política desde la derrota oficial en el
Senado por el conflicto con el campo, Alberto Fernández opina, sin pelos en la
lengua
Su
nombre aparece de inmediato como el de uno de los testigos privilegiados al
trazar un recorrido por el mapa del poder, en los últimos años, de la política
argentina.
Para
algunos ha sido el "cerebro" o el "hombre fuerte" del
gobierno de los Kirchner.
Alberto
Fernández, nacido el 2 de abril de 1959, hincha fanático de Argentinos Juniors,
es abogado y profesor universitario.
Fue
diputado por la Ciudad de Buenos Aires en el año 2000 y jefe de Gabinete desde
2003, año en que asumió la presidencia Néstor Kirchner.
Ha
manejado el Presupuesto, a partir de los súper poderes, y la relación con los
medios, y ha defendido el gobierno de los "K" a capa y espada.
Se
puso al frente de la negociación con el campo y renunció pocos días después de
la derrota del oficialismo en el Senado.
Vive
en un departamento en Puerto Madero.
Un
espacio no muy grande, con una vista maravillosa al Río de la Plata.
Habla
pausado, con la característica voz ronca que le conocemos de las conferencias
de prensa y de la que también se vale para cantar, acompañándose de guitarra,
en otra de sus actividades favoritas: la música, ya que es cantante y
compositor.
Está separado
hace seis años, tiene un hijo de 15 que se llama Estanislao y su pareja actual
es Vilma Ibarra.
Es
grato conversar con este Alberto Fernández "en el llano", porque
puede tomar distancia de todo el barullo del poder y reflexionar con cierto
desapego acerca de los personajes que rodean al Gobierno y a la oposición.
El
entrevistado no le sacó el cuerpo a ninguna pregunta.
-Repasemos
los distintos ejes de la política argentina de los últimos años y, en ese
marco, cuénteme: ¿Cómo fueron los entretelones del conflicto del campo?
AF:
Como primer punto se tiene que explicar cómo se toman las decisiones en el
Gobierno:
Nos
reuníamos Néstor, Cristina y yo.
Veíamos
un poco la situación, cambiábamos opiniones y decíamos "vamos para
acá".
En
enero de 2008, con Cristina y Néstor habíamos estado en una reunión con Martín
Lousteau en la que le planteamos las posibles consecuencias de la crisis
internacional:
Una
caída de los ingresos y déficit.
Lousteau
hizo un análisis que finalmente se cumplió.
O mejorábamos
los ingresos o reducíamos los gastos.
El
nivel de subsidios era del 4,5% del producto bruto.
No
íbamos a poder resistir.
-¿Dónde
tenían lugar esas reuniones?, ¿en qué lugar físico?, ¿en Olivos, en Casa de
Gobierno?
AF:
No, no.
Era
un diálogo cotidiano; no había un horario concertado de reunión.
Eran
en la Casa de Gobierno, o en un almuerzo o cena en Olivos...
En
cualquier momento, tratar el tema y conversar.
Esto
funcionó de esta manera durante todo el gobierno de Néstor Kirchner.
-¿Con
Cristina también?
AF:
Exactamente igual.
-¿Siempre
eran ustedes tres?
AF:
Exactamente.
-Hablando
de los terceros de las parejas... ¡Si los hubiese visto Sigmund Freud!
AF:
(Risas) Yo era una suerte de cofundador de todo esto y por eso estaba ahí.

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