SILVIA
MORENO
Tras
destapar el 'caso UGT', el fraude de la formación y el 'caso Invercaria'
sufrieron acoso, amenazas y querellas, pero lo volverían a hacer "una y
mil veces"
Una
mañana, al levantarse, Cristóbal Cantos descubre que su cuenta bancaria está a
cero y todos tus bienes están embargados.
En
la oficina de la Junta de Andalucía en la que trabaja, al funcionario Teodoro
Montes le hacen el vacío y, poco a poco, se queda sin nada que hacer hasta que un día le abren un expediente
disciplinario, pese a acumular más de
tres décadas de labor intachable.
Roberto
Macías intenta reengancharse en el mercado laboral, pero está estigmatizado:
Fue
administrativo en la federación andaluza de UGT, desde donde se desviaron, presuntamente,
más de 41,7 millones de euros de subvenciones del Gobierno andaluz.
Los
tres son denunciantes de casos de corrupción y los tres han sufrido lo
indecible -acoso, amenazas, querellas,
detenciones y hasta registros en sus casas- en estos últimos años tras
destapar la caja de Pandora y llevar a la justicia las pruebas del colosal
fraude con dinero público que había en la macro causa de Invercaria, el caso
UGT y en la trama de los cursos de formación.
Estos
tres casos suman un presunto desvío de ayudas y fondos públicos superior a los
200 millones de euros.
A Cristóbal
Cantos, ex directivo Invercaria, no se le podía pasar por la cabeza todo lo que
le iba a caer encima por destapar los tejemanejes de los que fue testigo en
esta empresa de capital riesgo de la Junta durante la etapa de los anteriores
gobiernos del PSOE.
Lo
último ha sido la querella que el principal acusado de esta macro causa, Tomás
Pérez-Sauquillo, ex presidente de Invercaria, le acaba de interponer por falso testimonio y estafa procesal.
No
es el único obstáculo al que ha tenido que hacer frente.
También
se querellaron contra él cuando estalló el caso en 2012, en plena campaña
electoral de las elecciones andaluzas, y salieron a la luz las grabaciones de
sonido que Cantos había realizado mientras su entonces jefa Laura Gómiz le daba instrucciones para que falseara expedientes de empresas que
habían recibido fondos públicos.
Cristóbal
Cantos, aunque denunció el caso Invercaria, figura también como investigado
-antes imputado- en dos de las piezas desgajadas de la macro causa.
Por
ello, el juzgado ejecutó el embargo de sus cuentas, que se mantuvo durante un
largo mes de agosto, hasta que llegó el seguro de responsabilidad civil que
cubre a los trabajadores de Invercaria, lo que le permitió disponer de sus
bienes.
También
Roberto Macías, uno de los testigos clave de la acusación en el caso UGT, se
sentará en el banquillo el próximo 28 de noviembre.
Sobre
él pende una petición de condena de tres años de cárcel de la Fiscalía y de
cuatro años de UGT-A por revelación de secretos, después de que salieran a la
luz los desmanes contables de este sindicato.
UGT-A
acusa a Macías de hacer una «copia masiva» de 32 carpetas que contenían unos
22.500 ficheros, que «al menos en parte fueron publicados en prensa desde el 21
de abril de 2013», según el escrito de acusación del sindicato.
Entre
los desvíos de subvenciones más llamativos documentados por este diario están las comilonas en la Feria de Abril en
la caseta de UGT-A y los 700 maletines fabricados en Asia que se repartieron en
un congreso regional del sindicato.
Todos
ellos se pagaron de fondos procedentes de la Unión Europea -y distribuidos por
la Junta- que tenían que haber sido destinados a la lucha contra el desempleo.
A
raíz de la denuncia de UGT, la Policía Nacional registró la vivienda de Macías
en busca de los archivos de contabilidad del sindicato.
El
ex trabajador de UGT se queja ahora de que, mientras él será pronto enjuiciado,
la presunta trama de desvío millonario de subvenciones sigue atascada en el
juzgado de instrucción.
El
funcionario Teodoro Montes, conocido como el testigo protegido del fraude de la
formación, relató ante la justicia un sinfín de irregularidades en la gestión y
el reparto de las subvenciones millonarias que concedía la Junta para los
cursos.
Tras
ello, le hicieron la vida imposible en la Delegación de Empleo donde trabajaba.
Ahora está ya
jubilado, pero sigue litigando en los tribunales para intentar tumbar el cierre
en falso del expediente disciplinario que de forma «injusta» le abrió la Junta
durante la etapa de la socialista Susana Díaz como presidenta y que se archivó
con el nuevo ejecutivo del PP y Ciudadanos.
Años
atrás, Montes fue casi emparedado en la oficina de Empleo en la que trabajaba
en Sevilla, donde le construyeron un tabique para aislarlo del resto.
El
TSJA condenó al Gobierno andaluz por acoso en 2012 por estos hechos.
"LO
VOLVERÍA A HACER UNA Y MIL VECES"
Destapar
la corrupción ha tenido un alto coste para Cantos, Montes y Macías, pero los
tres coinciden, con matices, en que lo volverían a hacer y en que merece la
pena.
«Lo
volvería a hacer una y mil veces», responde a EL MUNDO tajante Teodoro Montes,
que no se ha arrepentido «jamás» de haber dado el paso.
Sí
lamenta «no haberlo hecho antes y de forma más contundente, aunque si me han
caído chuzos de punta así, ¿qué habría pasado si lo hago antes?».
Roberto
Macías tarda unos segundos en responder.
«¿Merece
la pena denunciar la corrupción?
Sí,
pero habría que hacerlo con las máximas garantías porque pones en peligro tu
trabajo, tu futuro y tu patrimonio».
Tras
ser despedido por UGT, no ha encontrado la estabilidad laboral.
Desde
el pasado julio está en paro.
Para
costear su defensa y sacar a su familia adelante debe pedir favores.
El ex trabajador
de UGT lleva años movilizándose, junto con Ana Garrido, testigo del caso
Gürtel, y el ex teniente del Ejército Luis Gonzalo Segura, para que el
Gobierno apruebe una ley integral que proteja a los denunciantes de corrupción.
Se
han reunido con todos los grupos parlamentarios en el Congreso de los
Diputados, han ido al Parlamento europeo... pero la protección no llega.
Fuentes
del entorno de Cristóbal Cantos indicaron que está orgulloso de haber
denunciado el caso Invercaria y de haber cumplido con su deber, pero te
destrozan la vida.
Es de la opinión
de que los corruptos aprovechan las debilidades del sistema y se acaba
machacando al denunciante.
Por
eso, si alguien es testigo de un asunto de corrupción, no sabe si recomendaría
dar un paso al frente y acudir a los tribunales
o
salir corriendo sin mirar atrás...

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