Y
¿la pobreza?
Bien,
gracias
Paul
Marcinkus (1922 – 2006) fue un arzobispo
estadounidense conocido por su polémica dirección del Instituto para las Obras
de Religión, el IOR, conocido popularmente como el Banco Vaticano.
En
1964, se convirtió en el guardaespaldas del papa Pablo VI.
Marcinkus
se hizo amigo del Padre Pasquale Macchi, secretario del papa, por lo que Pablo
VI lo nombró obispo y, posteriormente, lo
puso al frente del Instituto para las Obras de Religión.
Fue
presidente del Instituto para las Obras de Religión desde 1971 hasta 1989,
manteniendo el control del dinero de los fondos católicos, lo que lo convirtió
en uno de los hombres más poderosos en la Iglesia.
Su
misión principal era sanear las maltrechas finanzas de la Iglesia, que tras el
Concilio Vaticano II se encontraban en números rojos.
A ello se
dedicó, aplicando a la tarea unos criterios para las finanzas que los críticos
consideraron moralmente discutibles.
Su
gran habilidad para el manejo financiero le hizo ganarse la admiración y el
respeto de muchos representantes del poder económico.
Diversificó,
por ejemplo, las inversiones internacionales de la Iglesia, colocando dinero en
Estados Unidos, Canadá, Suiza, e incluso en la República Federal Alemana.

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