Andrés
Oppenheimer
MIAMI.-
El candidato favorito en las encuestas para ganar las elecciones de octubre en
la Argentina, Alberto Fernández, está tratando de presentarse como mucho más
moderado que su compañera de fórmula, la ex presidenta Cristina Kirchner.
Pero lo que ha
dicho el candidato sobre Venezuela debería estar haciendo sonar las alarmas en
todas partes.
"Es
muy difícil calificar de dictadura a un gobierno elegido", dijo Alberto
Fernández en una entrevista el 25 de agosto en el programa de televisión La
cornisa, refiriéndose a Venezuela.
Agregó
que Venezuela puede haberse convertido en un país "autoritario", pero
dijo que "las instituciones están trabajando allá".
Hay tres razones
principales por las que Fernández podría haber dicho semejantes falsedades, y
las tres son muy preocupantes.
La
primera, muy poco probable, es que Fernández no haya leído las noticias sobre
Venezuela en los últimos diez años e ignore el hecho de que Venezuela se ha
convertido en un país violador de los derechos humanos, similar a las dictaduras militares de la Argentina y Chile en la década
de 1970.
La
segunda razón, más plausible, es que Fernández sabe que la dictadura de Nicolás
Maduro es responsable de al menos 6856 muertes sospechosas de opositores
políticos durante el último año y medio, según cifras de las Naciones Unidas, pero no quiere decirlo por miedo a molestar
a su candidata a vicepresidenta, la ex mandataria.
Cristina,
como la prensa argentina se refiere a ella, fue una aliada cercana de Maduro
durante su gobierno, y actualmente pasa buena parte de su tiempo en Cuba, donde
su hija está siguiendo un tratamiento médico.
Si
Alberto Fernández está defendiendo a Maduro por temor a enemistarse con
Cristina, demostraría lo que muchos argentinos ya sospechan:
Que Cristina es
la que manda en la fórmula Fernández-Fernández
La
tercera razón por la que Alberto Fernández estaría defendiendo a Maduro, que resultaría tan preocupante como la
anterior, sería que él pensara que hay dictaduras "buenas" y
dictaduras "malas".
Según
esta lógica, una dictadura de derecha como la de Chile bajo el general Augusto
Pinochet o la de la Argentina bajo el general Jorge Rafael Videla serían
dictaduras "malas", mientras
que la de Maduro sería una dictadura "buena".
Bajo esta lógica
lamentable, no importaría que el régimen de Maduro haya asesinado a más de 6856
opositores en solo un año y medio,
más del doble de
la cifra total de asesinatos políticos del régimen de Pinochet en diecisiete
años,
según el reciente informe de las Naciones Unidas.
Cualquiera
fuera la motivación de Fernández para ser tan amable con Maduro, aquí están los
hechos:
Maduro,
que ya era un gobernante autoritario, se convirtió en un dictador absoluto en
2016, cuando despojó de casi todos sus poderes legislativos a la Asamblea
Nacional de mayoría opositora que había sido elegida democráticamente.
Maduro se
convirtió en un dictador aún más férreo en 2018, cuando celebró
una elección presidencial fraudulenta después de arrestar, enviar al exilio o
inhabilitar para participar a los principales candidatos opositores.
La elección del
20 de mayo de 2018 fue un chiste a tal punto que todas las principales
democracias occidentales acordaron no reconocer a Maduro como presidente
legítimo cuando asumió el cargo por un nuevo mandato el 10 de enero.
La
mayoría de ellos reconoce a Juan Guaidó, el presidente de la Asamblea Nacional,
como el líder legítimo de Venezuela.
La
dictadura corrupta de Venezuela creó una crisis humanitaria que ha provocado un
éxodo de más de cuatro millones de venezolanos, según cifras de la ONU. Guaidó
me dijo en una entrevista reciente que es probable que la cifra se duplique a
ocho millones para el próximo año.
Volviendo
al candidato presidencial argentino Fernández, quien según las encuestas tiene
muy buenas posibilidades de ganar las elecciones del 27 de octubre, sus desafortunadas declaraciones sobre
Venezuela son un mal presagio para quienes esperan que sea un
"moderado" si es elegido presidente.
Lo
que dijo Fernández sobre Venezuela demuestra
o que está mal informado, o que es un títere de Cristina, o que cree
que existen "dictaduras buenas".
Cualquiera
de estas tres posibilidades sería un mal augurio para Argentina.


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