Un
poeta la bautizó con el nombre de Argentina.
Un
sol de trigo ilumina las glorias de su bandera,
cuna
del Chacho Varela, San Martin, Güemes, Moreno
Bustos,
Ramírez, Dorrego, Paladines de una raza,
aquellos
que a chuza y lanza su libertad defendieron.
Cuando
el hombre de otras tierras
vio
derrumbarse sus sueños,
entre
llantos, sangre y fuego
por
el horror de las guerras,
mi
patria que en su alma encierra
la
grandeza del amor,
sin
fijarse en el color
le
abrió todas sus tranqueras,
sin
preguntarle siquiera
raza,
credo o religión.
Y
aquel que se crea dueño de esta noble tierra gaucha,
quiera
ponerle su marca, debe pensarlo primero;
que muchos
gauchos murieron por ganar su libertad.
Defender
su dignidad fue principio de esos hombres
que
abonaron con su sangre este suelo sin igual.
Por
el orgullo que siento
de
ser hijo de esta tierra,
sin
rencores y sin guerras,
donde
se guarda respeto
por
el hombre y sus derechos,
dignificando
a lo humano.
Donde
no se arma la mano
para
matar ideales,
donde
flamean los trigales
con
un canto de esperanza.
Yo
quiero clavar la lanza,
de
este homenaje a mi pueblo,
en
el pecho de las guerras,
y
gritarle al mundo entero
que
aquel que tuvo la suerte
de
haber nacido en mi tierra,
liberada
por centauros,
ya
puede gritar bien fuerte
aquellos
versos ardientes
de
Carlos Guido y Spano:
¡Argentino,
Argentino hasta la muerte!

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