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jueves, 12 de diciembre de 2019

En manos del globalismo K­


POR JORGE MARTÍNEZ

El nuevo gobierno debuta con las miradas apuntando a su experimento económico heterodoxo, la decisión de exhibir resultados veloces, demagógicos, para marcar un rápido contraste con el fracaso de la gestión anterior.
En estos primeros meses el análisis político convencional también nos aturdirá con las posibles discrepancias que surjan (o no) entre el presidente y su vice, y todo en medio del folklore inevitable de una restauración más o menos peronista.

Pero detrás del escenario pasarán otras cosas.
El kirchnerismo que vuelve al poder incluye una línea ideológica que podríamos llamar "globalista".
Está representada como mínimo en dos ministerios, Seguridad y Equidad, que serán dirigidos por mujeres que responden al CELS de Horacio Verbitsky, a los que debería agregarse el Inadi a cargo de Victoria Donda.

Este globalismo K se manifestó en el ciclo anterior en la llamada "política de derechos humanos", aquel blindaje ideológico que enderezó a un proyecto político insustancial y le dio fueros para encubrir una corrupción rampante que ya pasó a la historia.
A partir de hoy, esa oportuna alianza se renovará.
El setentismo seguirá siendo una estrategia redituable en más de un frente, casi con certeza reforzada como arma de intimidación pública y coerción ideológica.
(Habrá que prestar atención al uso persecutorio que se haga de una nueva acusación: la de "negacionista")

La novedad vendrá con las banderas actuales del progresismo mundialista.
Feminismo extremo, ideología de género, aborto (¿lo impondrán por ley, por protocolo o por decisión judicial?), garantismo, tal vez eutanasia, tal vez legalización de las drogas y quién sabe qué más.

Las dos ministras tendrán mucho que hacer al respecto, seguras de que en este plano contarán con un respaldo "transversal" que abarcará a buena parte de la nueva oposición y también a los grandes medios y al mundo de la cultura y el espectáculo.
Por no hablar de las organizaciones no gubernamentales, las fundaciones internacionales o los organismos multilaterales de crédito, demonios que el "campo nacional y popular" no duda en obedecer cuando se trata de esa agenda.

Estas políticas, que serán aplicadas con una vocación hegemónica que excede en mucho el mandato surgido de las urnas, seguramente generarán resistencias.
Que no partirán, conviene repetirlo, de estructuras institucionales fácilmente disciplinables, sino más bien de la población en general, de familias y ciudadanos del común, de hombres y mujeres de fe, imbuidos de un genuino sentimiento patriótico que nada tiene que ver con el nacionalismo adulterado de camporistas y progresistas.

Como ha ocurrido en otros países, las redes sociales volverán a ser los grandes aliados de esa resistencia.
El tuitero independiente con miles de seguidores es un personaje esquivo, difícil de manipular, que ofrece un cierto contrapeso a los discursos uniformes que parten de las usinas ideológicas y el periodismo estandarizado.
Y el kirchnerismo lo sabe muy bien porque lo sufrió hacia el final de su primer ciclo gobernante.
De ahí que una de sus grandes preocupaciones en este regreso sea cómo vigilar, censurar o desacreditar a esa oposición.
A modo de anticipo sirve recordar que Amnistía Internacional, otro baluarte del globalismo, presentó ya dos informes críticos sobre la actividad en las redes en nuestro país y sigue trabajando en el tema, que parece interesarle mucho.

¿Hasta dónde llegará este globalismo K?
¿Cómo responderá a los incipientes focos de oposición?
¿Se limitará a lanzar provocaciones o su objetivo, también en este caso, consistirá en "ir por todo"?
Por ahora faltan respuestas.
Pero no hay dudas de que, tarde o temprano, habrá una ofensiva y será implacable y total.

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