"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

domingo, 16 de febrero de 2020

El avión de regreso II


Cuando éramos chicos nadie viajaba al extranjero.
Hoy las clases medias tuvieron ya acceso a esa posibilidad.
Pensar en la aventura de nuestros abuelos largados por semanas o meses en barco a una tierra totalmente desconocida, hoy nos produce vértigo.
Tenían 18, 19, 20 años.
No tenían casi formación.
Muchos no habían salido de sus aldeas.
Algunos venían con un papelito anotado con una dirección misteriosa en donde supuestamente deberían encontrarse con un familiar, con un amigo, con un familiar de un amigo o con un amigo de un familiar.
Todo era incierto y precario.

¿Por qué venían?
¿Venían por las mismas razones que sus nietos se van?
¿Qué cosas hicieron o qué cosas no hicieron los que vinieron como inmigrantes para haber cambiado la ecuación en sólo dos generaciones?
Aquellos expatriados y sus hijos ven devastados cómo su descendencia arma las valijas, saca el pasaje y clausura la esperanza en los próximos años de la Argentina para convertirse a su vez en expatriados.
Un país que se come la cola una y otra vez.
Cuesta abajo.
Con la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.
Con tristeza desoladora, muchos argentinos hoy sienten que el país no tiene futuro.
Que se lo rifó, se lo tiró a la basura, se lo desangeló.

¿Es una exageración motivada por una derrota en las urnas?
¿Por qué medio país no soporta esa forma de administración elegida por ese otro medio país?
Quienes hoy gobiernan consiguieron el 48,1 % de los votos del 80,8% del padrón electoral, que fue el que concurrió a las urnas el 27 de octubre pasado.
Casi la mitad del país que votó, votó al frente gobernante pero poco más de la mitad del país que votó, votó otras opciones.
¿Qué es lo que tanto molesta a la mitad más uno del país que no soporta vivir en la Argentina 2020?
¿En qué creen los que no creen en el gobierno?

En este contexto de absoluta desconfianza, las investigaciones de mercados, los sondeos de especialistas, los trabajos de las encuestadoras parecen no servir de nada.
Esta semana el INDEC dijo que la inflación de enero fue 2,3%.
La cifra es mala si se tiene en cuenta el contexto de tarifas, naftas y transporte congelados por decreto, paritarias suspendidas y cepo cambiario.
Sin embargo, ni así le sonó verosímil a la mitad del país, que descree absolutamente de lo que dicen los gobernantes.
Si por más de una década te quemaron con leche, ya sabés que efecto provoca la visión una vaca en tus lagrimales.
Como decían las abuelas, la confianza es como la virginidad.
Una vez que se perdió, es para siempre.

Quienes no quieren al gobierno ven a cada momento demostraciones demoledoras del caos.
Marcan como los presos los días que les faltan para salir, una muesca por cada papelón.
Se están quedando sin paredes.
La enumeración es agobiante: el lunes se enteraron que para recibir la “Asignación por ayuda escolar” no hace falta demostrar que el alumno vaya a la escuela.
Esa parte mayoritaria de la población que no eligió esta administración se siente estafada y siente que paga con su esfuerzo y su dinero la fidelización del partido gobernante.
Cree quizás ingenuamente que la “asignación por ayuda escolar” debe ser una “asignación por ayuda escolar” y no simplemente una “asignación”.
Y entonces los más jóvenes, los que tienen cómo, los más preparados y aventureros piensan en Australia, en España, en Estados Unidos, en Nueva Zelanda, en Uruguay.


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