"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

miércoles, 6 de enero de 2010

Es necesario decir la verdad...

Por Myriam R. Chávez de Balcedo

Directora del Diario Hoy / La Plata (Capital de la provincia de Buenos Aires)

Llegó la hora de decir basta a la palabrería y a la incapacidad, en momentos en que hay millones de compatriotas pobres y cuando la situación económica de la Provincia, y de decenas de municipios, es por demás delicada.

Resulta indignante e imposible de tolerar que el Gobierno nacional meta la mano en las reservas para pagar 6.500 millones de dólares a acreedores de deuda externa, cuando ni siquiera se realizó una auditoría o investigación seria sobre lo que se está pagando, y cuando está demostrado que gran parte de esos compromisos están viciados de ilegalidad.
Se está privilegiando el pago de los negociados a costa del hambre de nuestro pueblo.

El año que acaba de terminar estuvo marcado por la recesión y por una alarmante caída de la actividad económica que no tuvo que ver en su totalidad con el crac internacional.
Y cuando deberíamos estar pensando cómo hacer para aprovechar la leve recuperación a nivel mundial que se registrará en 2010, se están adoptando medidas que lo único que hacen es volver más vulnerable a nuestro país.

Pero la responsabilidad no sólo les cabe a los Kirchner, que hace tiempo están en retirada y cuyo tiempo político ya pasó.
Una gran cuota de culpa también la tienen los principales referentes de la oposición, que resultan funcionales, por acción u omisión, a esta tragedia que estamos viviendo los argentinos.

Muchos de los personajes que ya están presentando sus candidaturas presidenciales pareciera que apuestan a la idea de que cuanto peor le vaya al país manejado por los K, mejor les puede ir a ellos.
Por eso no plantean ningún tipo de propuestas, no elaboran planes ni ofrecen ideas para encontrar soluciones a los grandes problemas del país, que no pueden esperar.

Su cabeza está puesta, más bien, en las elecciones de 2011, pero para que ello ocurra faltan casi dos años, y mientras tanto seguirá creciendo el número de desocupados y de marginados.
Eso no es todo: seguirá aumentando la presión impositiva sobre los sectores populares, la clase media y los sectores productivos, para financiar a un gobierno al que sólo le interesa favorecer a sus amigos.

La oposición calla o no tiene nada para decir sobre lo que se debería hacer para encarar los problemas estructurales del país.
Salvo algunas excepciones, ni siquiera mencionan cómo se debería evitar el saqueo de los recursos naturales que está teniendo lugar a lo largo y ancho del país.
Tampoco proponen iniciativas sobre cómo se podrían utilizar los millonarios fondos previsionales, que están en manos del Estado, para que tengan un fin realmente productivo y permitan reactivar el mercado interno.

La cuestión no pasa por no tener ambiciones políticas, algo que es natural en todo ser humano, sino por demostrar cierta grandeza para encontrar consensos básicos entre los distintos sectores políticos y productivos sobre, al menos, cuatro o cinco temas que se conviertan en políticas de Estado.

Y para ellos deberían recurrir al ejemplo que dieron nuestros próceres, como José de San Martín, Manuel Belgrano y Juan Manuel de Rosas, que pusieron en juego todo lo que tenían y no tenían para el engrandecimiento de la patria, sentando las bases de nuestra nacionalidad.

Otra opción que tienen es fijarse en lo que sucede en los países vecinos.

Mucho se ha hablado del fenómeno de Lula Da Silva, pero lo real es que un obrero metalúrgico, sin estudios universitarios, tuvo el coraje y la decisión política de rodearse de especialistas de primer nivel para encarar los problemas estructurales de su país.

Así es como Brasil prácticamente tiene autoabastecimiento energético, ha reducido sustancialmente sus índices de pobreza y hoy se encuentra entre las principales ocho economías del planeta, pese a haber tenido algunos indicadores negativos en la última parte de 2009.

Hasta Evo Morales, un dirigente cocalero que recibió a un país sumido en la miseria, mostró una decisión política admirable para empezar a recuperar los recursos del subsuelo de su país y ponerlos al servicio de sus compatriotas.
Además, se rodeó de intelectuales y especialistas que saben interpretar cuáles son las verdaderas necesidades de su pueblo, y actuar en consecuencia. La apabullante victoria que consiguió en las últimas elecciones fue una clara muestra de que está cambiando su país.

Lamentablemente, esta decisión y coraje político es lo que está ausente en el Gobierno K y en gran parte de la dirigencia.
No se puede pretender gobernar la Argentina teniendo como único pergamino “un voto no positivo” en la madrugada, o un millonario patrimonio personal para hacer campaña y marketing.
Convertirse en un estadista, en el más amplio sentido de la palabra, implica mucho más que eso.

Nuestro país tiene el privilegio de contar con profesionales y científicos de primer nivel que pueden aportar proyectos y propuestas superadoras para emprender los grandes cambios.

Ellos pueden demostrar que es mentira el cuento de que es imposible modificar el sistema impositivo en la Argentina:
< Hay sectores que obtienen fabulosas ganancias, lo cual no les es permitido en otros países, que pagan poco y nada al fisco, mientras que los sectores socialmente más postergados deben pagar el 21% de IVA cuando compran un paquete de arroz o polenta en el autoservicio del barrio.

La verdadera distribución del ingreso, de la que tanto hablan oficialistas y opositores, sólo es posible empezando a generar riquezas que hoy no existen, incentivando la producción con valor agregado, que es la que genera trabajo calificado. Es momento de cambiar, y el horno ya no está para los guitarreros.

Diario Hoy

Irreverente memoria judicial...

Hugo Esteva

Hace ya unos cuantos años un lúcido amigo abogado me decía que el dilema ético que se le presentaba cada vez que le aparecía un buen asunto, era si intentar resolverlo él –cosa para la cual le sobra capacidad- o si derivarlo a un “gran” estudio.
Y, por supuesto, el dilema no se debía a las relativas habilidades profesionales, sino a la mayor capacidad de los “estudios-empresa” para hacer “lobby” frente a los jueces.

Viniendo de quien venía, la observación me dejó toda la sensación de caso perdido: la Justicia ha abandonado la idea de moverse por lo razonable para optar por lo conveniente.

He nacido y vivido entre abogados y eso, sin dotarme de ninguna otra autoridad, me permite una visión próxima y, a la vez, cierta perspectiva respecto del ambiente judicial.
Pero las cosas se han puesto tan graves como para que ni siquiera tal cosa haga falta.

Basta una elemental memoria –y todavía no soy centenario- para recordar a los jueces señoriales de mi infancia, a quienes los años de mala política y especialmente los de mala “democracia” han reemplazado por los prostibularios –hablo en serio, según pruebas públicas- que tenemos hoy.

Estos son los responsables de haber destruido la única bandera con cierta vigencia que le quedaba a nuestra diezmada república.

El primero de los poderes republicanos en desaparecer fue el Legislativo y por eso es tan difícil creer que alguna solución vendrá ahora de allí.
Baste recordar la obsecuencia de los congresistas de los cincuenta, cuya figura emblemática podría ser el odontólogo Cámpora, para entender la ramplonería de ese Poder que desde entonces viene votando por mandato partidario, en el mejor de los casos,y no según la inteligencia de sus miembros o la voluntad de sus representados.

Recuerdo con claridad lo mediocre de la discusión legislativa de la cuestión de la Enseñanza Libre o Laica, tan por debajo de la que sosteníamos en la calle o en los colegios nosotros, estudiantes secundarios.
Y a tantos payasos: Alfredo Palacios, Américo Ghioldi, Ricardo Balbín…

La caída de Frondizi coincidió con un progresivo descenso –casi escalón por escalón- de la calidad en el Poder Ejecutivo.
No vale la pena detallar la pérdida de nivel de cada uno de esos hombres mediocres o, paralelamente, la limitación de sus funciones que los empujaba a la mediocridad. Lo objetivo es que, por una u otra razón, estuvieron siempre por debajo de la media del hombre argentino.
Y ya nadie lúcido volvió a poner esperanza en la figura presidencial.

...
Quedaba el Poder Judicial.
Aún en medio del lamentable “Proceso” (¡qué nombre se auto-infligieron!) el ciudadano común podía acercarse con confianza a la Justicia, suponiendo con causa que en ese ámbito las cosas podían dirimirse “con arreglo a Derecho”.

Alfonsín lo empezó a quebrar, Menem lo fragmentó y Kirchner lo ha pulverizado.

Sólo, y exclusivamente ante las cámaras, las vedettes “creen en la Justicia”.
Los demás le disparamos a ese terreno casi exclusivamente apto para carroñeros, donde funcionarios y abogados decentes tienen que vivir esquivando las zancadillas de los mejor afirmados.

Jueces sin pudor, fiscales sin aliento, empleados haraganes…

He recibido los peores testimonios de quienes, en otro tiempo, ejercieron capaz y honestamente su profesión.
La síntesis es que "los más" pasamos por allí sin esperanza mientras unos pocos poderosos aceitan su camino con coimas, extorsión y tráfico de influencias.

Las tres instituciones de la prometedora república, el eje de la división de poderes, están profundamente apolilladas.
Pero no es eso lo peor, desde que cabría la posibilidad de subsanarlo.
Lo grave pasa dentro de cada bombardeado individuo y es la interrupción de la memoria. [1]

Así como en muchas familias hay ya varias generaciones, tres en promedio, que viven mal de los subsidios sin encontrar trabajo en un país que lo necesita, así hay ya generaciones que desconocen por completo la virtud en la cosa pública.

¿Cómo no van a pensar que es lo eterno?
¿Cómo se van a entusiasmar en restaurarla?

Así de simple. No hay duda de que las generaciones jóvenes son, en general, menos hipócritas de lo que fueron las nuestras.
Están llenas de miembros ejemplares que han tenido que desarrollarse en un medio mucho más hostil. Pero han perdido la ilación política con el pasado de la patria y el afán por lo público.

Aunque no quieran reconocerlo, y porque no lo reconocen, se han quedado en el presente.
O, a lo sumo, en un pasado inmediato que le modelan los medios de comunicación.
Es, entre ellos, raro el afán por indagar qué pasó.
Y, si lo hacen, eligen habitualmente las versiones predigeridas, periodísticas, de la historia.
A la vez que se encierran en lograr una elogiable eficiencia que, sin embargo, pierde sentido cuando no tiene norte.

En síntesis, en número alarmante, se pierden en el laberinto de lo cotidiano sin ver al tirano que, desde arriba, se los complica para que no tengan oportunidad de levantar la vista.
Tal como lo predijera Alfonso el Sabio en la España medieval, aunque ellos no puedan imaginarlo.

Hay allí, entonces, una larga tarea para educar en la libertad, que es el verdadero, insaciable afán de conocimiento.

A través de la zurda alergia a Abel Posse, acabamos de vivir el porteño mamarracho de cómo se lo evita prolijamente desde la raíz.

Doscientos años de vida independiente han sido testigos de cómo puede disolverse el impostado liberalismo que separó a esta patria de una madre decadente sin mejor suerte.

Poco margen va a dejar el festejo oficial sentado sobre tanta destrucción.
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[1]MEMORIA: El juez Oyarbide denunció una conspiración ante los diputados (9/05/1998)


Alfredo Gutierrez y Claudio Andrad / Clarín

Vestido con traje y corbata oscuros, con expresión adusta y sus codos sobre la mesa, el juez federal Norberto Oyarbide enfrentó ayer por primera a vez a los diputados de la comisión de Juicio Político.

Ante ellos dijo que es víctima de las trenzas de porquería que hay en el Poder Judicial, aseguró que hay una operación política para terminar con mi carrera y no negó que pudiera existir un video íntimo que lo mostraría junto a otro hombre...

Al hablar, a Oyarbide se le quebró la voz en varias oportunidades -algunos legisladores aseguran que hasta lloró- y desnudó su estrategia de mostrarse como una víctima de una lucha de poderes insondables que no supo explicar en detalle.

- ¿Usted cree que detrás de todo esto hay agentes de la SIDE y la Policía Federal?, le preguntó la diputada del FREPASO Nilda Garré

- Yo no creo en los fantasmas, pero que los hay los hay-, contestó, enigmático pero sin negar, el juez Oyarbide.

Tras la reunión, que fue secreta y sin la presencia de asesores ni taquígrafos, por pedido del Justicialismo, todos los diputados coincidieron en que les quedó la sensación de que hay una mezcla de internas y juego sucio, que va más allá de una extorsión contra el juez.

En casi tres horas y media de exposición, Oyarbide dio estas explicaciones, según pudo reconstruir Clarín:
"Dijo que el mes pasado su secretaria recibió el primer aviso: un llamado telefónico comenzó la extorsión, aunque en ese momento no le pidieron una suma de dinero...

Cuando le preguntaron por su supuesta condición homosexual, Oyarbide se amparó en el artículo 19 de la Constitución: “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están solo reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados”, fue su respuesta.

Reyes Magos...

Por HÉCTOR GAGLIARDI*

-¡Si vos no te portás bien,le digo a los Reyes Magos
que te dejen sin regalo y te quedás sin el tren!
Es que mi vieja, también, un poco se aprovechaba
¡porque esa noche llegaban los tres Reyes de Belén!

La carta la había mandado sin faltas de ortografía,
así los Reyes veían de que era un chico aplicado.
Hice todos los mandados, me lavé hasta las orejas,
porque ese día mi vieja me tenía acorralado.

La luna hacia brillar el lustre de mis zapatos
y si ellos fueran chicatos ¿quién les podía avisar?
Por eso al irme a acostar, puse la almohada a los pies
y me acosté del revés para poder vigilar.

¡Cuando más lo precisaba me vengo a quedar dormido!
Me desperté a los maullidos del gato de la encargada.
Ya entraba la madrugada de un radiante seis de enero,
y un trencito, el más diquero, del umbral me saludaba.

Lo habían dejado de frente ya listo para marchar
con éI me iba a despertar a mi madre alegremente
¡Que alegría que uno siente! explicarlo yo no puedo
¡unas ganas de ser bueno, de ser bueno hasta la muerte!

Al que dejaron sin nada fue al hijo de la de al lado.
¡Cómo se habrían olvidado!
Siempre "muy bueno" sacaba.
Con nosotros no jugaba porque en seguida tosía,
y los Reyes no sabían que el padre no trabajaba.

Yo comprendí su dolor cuando me vio con el tren
se acerco a mirarlo bien y después lo acarició.
A mi me daba calor de que me viera jugar
y en casa lo invité a entrar y él también se divirtió.

¡Cuántos Reyes han pasado por la puerta de mi vida
y a mi alma dolorida cuántas veces la he dejado
como un zapato gastado esperando a su Melchor
que le dejara el amor para un mundo envenenado!

Esta noche por los cielos llegarán los Reyes Magos;
vendrán trayendo regalos a los chicos que son buenos,
pero hay otros pibes buenos en otro lado de la Tierra,
que por culpa de una guerra ¡no han de pasar los camellos!

Señor: yo aprendí a rezar arrodillado con mi vieja
si nunca te fui con quejas hoy me tenés que escuchar:
¿Por qué tienen que pagar esos pibes inocentes.
de que en el mundo haya gente que sólo piensa en matar?

Ellos, ¿qué saben de guerras?
¡Ellos quieren Reyes Magos!
¡Y ellos, en vez de regalos tienen un miedo que aterra!
Si vos pararas la guerra, pasarían los camellos.
¡Yo te lo pido por ellos!
¡Por los pibes de mi Tierra!
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* Héctor Gagliardi nació en el barrio porteño de Constitución en 1909 y falleció en 1984.
Fue un destacado poeta, recitador y letrista de tango argentino, conocido por sus poesías y textos en lunfardo.
Fue probablemente el poeta que mayores ventas de libros alcanzó en la historia argentina.
Fue amigo del poeta Celedonio Flores que lo impulsó a recitar sus versos en público. Se lo apodaba "el triste" debido al emotivo poema que recitó en su debut radiofónico,"Reyes magos", que este 6 de enero ponemos a consideración de nuestros lectores. [Correo de Buenos Aires.com.ar]