"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

sábado, 6 de febrero de 2010

Psicología de la "soberbia"

Con una marcada disfonía, Cristina Kirchner remarcó que “pese a que algunos me vean vulnerable tengo toda la fuerza de la historia y el acompañamiento del pueblo para seguir haciendo mi trabajo por la patria”
Informó que Argentina superó en el 2009 "el año más difícil de la historia de los argentinos de muchas décadas" gracias al "modelo económico, político y cultural" puesto en marcha.

"Algunos presuponían que el vendaval nos iba a llevar pero acá estaba este modelo económico político y cultural que comenzamos a construir en el 2003 y centró sus objetivos centrales en la recuperación de la dignidad de los argentinos", expresó Cristina.
Además, marcó que "los datos que trae hoy la economía son los de la recuperación"
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PSICOLOGÍA DE LA SOBERBIA
Por Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría.

La soberbia consiste en concederse más méritos de los que uno tiene.
Es la trampa del amor propio: estimarse muy por encima de lo que uno vale.
Es falta de humildad y por tanto, de lucidez.
La soberbia es la pasión desenfrenada sobre sí mismo.
Apetito desordenado de la propia persona que descansa sobre la hipertrofia de la propia excelencia.

Es fuente y origen de muchos males de la conducta y es ante todo una actitud que consiste en adorarse a sí mismo:
< Sus notas más características son prepotencia, presunción, jactancia, vanagloria, situarse por encima de todos lo que le rodean.
La inteligencia hace un juicio deformado de sí en positivo, que arrastra a sentirse el centro de todo, un entusiasmo que es idolatría personal.

Hay dos tipos de soberbia; una que es vivida como pasión, que comporta un afecto excesivo, vehemente, ardoroso, que llega a ser tan intenso que nubla la razón, pudiendo incluso anularla e impedir que los hechos personales se vean con una mínima objetividad.
La otra es percibida como sentimiento cursa de forma mas suave y esa fuerza se acompasa y la cabeza aún es capaz de aplicar la pupila que capte la realidad de lo que uno es, aunque sólo sea en momentos estelares.
Entre una y otra deambula la soberbia, transita, circula, se mueve y según los momentos y circunstancias hay más de la una o de la otra.

La soberbia es más intelectual y emerge en alguien que realmente tiene una cierta superioridad en algún plano destacado de la vida.
Se trata de un ser humano que ha destacado en alguna faceta y sobre una cierta base. El balance propio saca las cosas de quicio y pide y exige un reconocimiento publico de sus logros.
Para un psiquiatra, estamos ante lo que se llama una deformación de la percepción de la realidad de uno mismo por exceso.
Ante la soberbia dejamos de ver nuestros propios defectos, quedando éstos diluidos en nuestra imagen de personas superiores que no son capaces de ver nada a su altura, todo les queda pequeño.

Hay una gradación entre las tres estirpes, soberbia-orgullo-vanidad, que van de más a menos intensidad, tanto en la forma como en el contenido.
Entre la soberbia y el orgullo hay matices diferenciales, aunque el ritornello que se repite como denominador común puede quedar resumido así: "Apetito desordenado de la propia valía y superioridad".
Es una tendencia a demostrar la superioridad, la categoría y la preeminencia que uno cree que tiene frente a los de su entorno.
En general estos dos conceptos se manejan como términos sinónimos, aunque se pueden espigar algunas diferencias interesantes.

. La soberbia es más cerebral, se da en alguien que objetivamente tiene una cierta superioridad, que realmente sobresale en alguna faceta de su vida.
Facetas concretas de su andadura tienen un relieve que las realzaba sobre los demás.

Hay una evidencia por la que puede ser tentado por la soberbia, no necesitando del halago de los otros y haciendo él mismo su propio y permanente elogio de forma clara y difusa, rotunda y desdibujada, a tiempo y a destiempo, con ocasión y sin ella.

Sus manifestaciones son más internas y privadas, aunque pueden ser observadas por una atmósfera grandiosa que él crea sobre su persona y además, a través de sus máscaras: Hay arrogancia, altanería, tono despectivo hacia los demás, que se mezclan con desprecio, desconsideración, frialdad en el trato, distancia gélida, impertinencia e incluso, tendencia a humillar.
Otras veces, esas máscaras son de una insolencia cínica, mordaz, con un ritintín de magnificencia que provoca en el interlocutor un rechazo frontal.
En los casos algo más leves, baja la hoguera del engreimiento y entonces la relación personal se hace más soportable.

El orgullo es más emocional.
Es una alta opinión de uno mismo mediante la cual la persona se presenta con una superioridad y un aire de grandeza extraordinario.

La palabra vanidad procede del latín vanitas,-tatis, que significa falto de sustancia, hueco, sin solidez.
Se dice, también, de algunos frutos cuyo interior está vacío, en donde sólo hay apariencia.
Mientras la soberbia es concéntrica, la vanidad es excéntrica.
La primera tiene su centro de gravedad dentro, en los territorios más profundos de la arqueología íntima.
La segunda es más periférica, se instala en los aledaños de la ciudadela exterior. La soberbia es subterránea.
La vanidad está en la pleamar del comportamiento.

En la soberbia uno tiene una enfermedad en el modo de estimarse uno a sí mismo, en una pasión que tiene sus raíces en los sótanos de la personalidad en donde brota el error por exceso de autonivel.
En la vanidad la estimación exagerada procede de fuera y se acrecienta del elogio, la adulación, el halago, la coba más o menos afectada y obsequiosa que lleva a dilatar alguna faceta externa y que de verdad tiene un fondo falso, porque no contempla más que un segmento de la conducta.

En la soberbia y en la vanidad hay una sublevación del amor propio que pide un reconocimiento general.
La primera es mas grave, porque a ella se suele añadir la dificultad para descubrir los defectos personales en su justa medida y apreciar las cosas positivas que hay en los demás, al permanecer encerrado en su geografía ampulosa.

Se pueden distinguir dos modalidades clínicas de la soberbia, entre las cuales cabe un espectro intermedio de formas soberbias.

Una es la soberbia manifiesta que es notarial y que se la registra a borbotones, con una claridad absoluta... Hay petulancia y presunción. La otra es la soberbia enmascarada, que es la más habitual y que se camufla a soto voce por los entresijos de la forma de ser y que es más propia de las personas inteligentes y teniendo un sentido amplio y desparramado que asoma, se esconde, salta y bulle y revolotea por su mundo personal.

¿Cuáles son estos síntomas? Voy a resumirlos esquemáticamente:
1.- Aire de suficiencia que refleja un bastarse a sí mismo y no necesitar de nadie. Engreimiento que esculpe y hace hierático el gesto y lleva al hábito altanero.
2.- La borrachera de sí mismo tiene su génesis de una zona profunda e íntima donde se elabora esa superioridad. Las manifestaciones más relevantes son: susceptibilidad casi enfermiza para cualquier crítica con un cierto fundamento; gran dificultad para pasar desapercibido; tendencia a hablar siempre de sí mismo, si éste no es el tema central de conversación, enseguida decae su interés en la participación y el diálogo con los demás; desprecio olímpico hacia cualquier persona que aflore en su cercanía y de la que se pueda oír alguna alabanza. Esta embriaguez puede disfrazarse de los más variados ropajes
3.- La soberbia entorpece y debilita cualquier relación amorosa. Cuando alguien tiene un amor desordenado a sí mismo como el descrito, es difícil darse a otra persona y poner los sentimientos y todos sus ingredientes para que esa relación se consolide. Esto hace casi imposible la convivencia, volviéndola insufrible, pues reclama pleitesía, sumisión, acatamiento y hasta servilismo.
No podemos olvidar, que para estar bien con alguien, para establecer una relación de convivencia estable y que funcione hace falta estar primero bien con uno mismo
4.- En la soberbia se hospeda una obsesión exagerada por uno mismo, que ha ido conduciendo a una excesiva evaluación del propio mérito. Y afloran términos como alardear, jactarse, vanagloriarse.

Entre la soberbia, el orgullo y la vanidad hay grados, matices, vertientes y cruzamientos recíprocos.
Por esos linderos se suele acabar en el narcisismo, patrón de conducta presidido por el complejo de superioridad, la necesidad enfermiza de reconocimiento de sus valías por parte de la gente del entorno y la permanente auto contemplación gustosa.

Lasch, en su libro La cultura del narcisismo, dice que en la cultura americana éste es un emblema de nuestro tiempo.
Freud puso de moda este término, recordando a la planta del narciso, que crece a orillas de los estanques y se mira en el espejo que el agua le ofrece.
Lipovetsky, en su obra La sociedad perdida, habla del interés desmedido por la propia imagen: por la personalidad, por el cuerpo y sus partes descubiertas (la cara y las manos) y por la necesidad de aprobación de los demás que tienen este tipo de personas.
El análisis se complica más de lo que quisiéramos y hay un terreno magnético e imantado entre estas tres estirpes mencionadas.

Sólo el amor puede cambiar el corazón de una persona.
Cuando hay madurez, uno sabe relativizar la propia importancia, ni se hunde en los defectos ni se exalta en los logros. Y a la vez, sabe detenerse en todo lo positivo que observa en los que le rodean.
¡Saber mirar es saber amar!

A lo sencillo se tarda tiempo en llegar.

Palabras de Eckhart Tolle sobre la Naturaleza

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Necesitamos a la naturaleza para que nos enseñe el camino a casa, el camino de salida de la prisión de nuestras mentes. Dependemos de la naturaleza no sólo para nuestra supervivencia física.

Nos hemos perdido en el hacer, en el pensar, en el recordar, en el anticipar: - Estamos perdidos en un complejo laberinto, en un mundo de problemas. - Hemos olvidado lo que las rocas, las plantas y los animales ya saben. - Nos hemos olvidado de ser: de ser nosotros mismos, de estar en silencio, de estar donde está la vida: "Aquí y Ahora"

Llevar tu atención a una piedra, a un árbol o a un animal no significa pensar en ellos, sino simplemente percibirlos, darte cuenta de ellos.
Al darte cuenta de ello, tú también entras en un lugar de profundo reposo dentro de ti mismo. Entonces se te transmite algo de su esencia.
Sientes lo profundamente que descansa en el Ser, completamente unificado con lo que es y con donde está.

Cuando camines o descanses en la naturaleza, honra ese reino permaneciendo allí plenamente: Serénate. Mira. Escucha.
Observa cómo cada planta y animal son completamente ellos mismos.

A diferencia de los humanos, no están divididos en dos.
No viven a través de imágenes mentales de sí mismos, y por eso no tienen que preocuparse de proteger y potenciar esas imágenes.
Todas las cosas naturales, además de estar unificadas consigo mismas, están unificadas con la totalidad.

No se han apartado del entramado de la totalidad reclamando una existencia separada: “yo”, el gran creador de conflictos.
Tú no creaste tu cuerpo y tampoco eres capaz de controlar las funciones corporales.
"En tu cuerpo opera una inteligencia mayor que la mente humana".
Es la misma inteligencia que lo sustenta todo en la naturaleza.

Para acercarte al máximo a esa inteligencia, sé consciente de tu propio campo energético interno, siente la vida, la presencia que anima el organismo.
Cuando percibes la naturaleza sólo a través de la mente, del pensamiento, no puedes sentir su plenitud de vida, su ser.
Sólo ves la forma y no eres consciente de la vida que la anima, del misterio sagrado.

El pensamiento reduce la naturaleza a un bien de consumo, a un medio de conseguir beneficios, conocimiento, o algún otro propósito práctico.

Observa, siente un animal, una flor, un árbol y mira como descansan en el Ser.
Es una armonía, una sacralidad que, además de compenetrar la totalidad de la naturaleza, también está dentro de ti.

Cada uno de ellos es él mismo.
Tienen una enorme dignidad, inocencia, santidad.
En el momento en que miras más allá de las etiquetas mentales, sientes la dimensión inefable de la naturaleza, que no puede ser comprendida por el pensamiento.

La respiración es natural.
El aire que respiras es natural, como el propio proceso de respirar.
Dirige la atención a tu respiración y date cuenta de que no eres tú quien respira. Conecta con la naturaleza del modo más íntimo e interno percibiendo tu propia respiración y aprendiendo a mantener tu atención en ella.
Ésta es una práctica muy curativa y energizante.

Produce un cambio de conciencia que te permite pasar del mundo conceptual del pensamiento al ramo de la conciencia incondicionada.

Necesitas que la naturaleza te enseñe y te ayude a reconectar con tu Ser.
No estás separado de la naturaleza.
Todos somos parte de la Vida Una que se manifiesta en incontables formas en todo el universo, formas que están, todas ellas, completamente interconectadas.
Cuando reconoces la santidad, la belleza, la increíble quietud y dignidad en las que una flor o un árbol existen, tú añades algo a esa flor o a ese árbol.

Pensar es una etapa en la evolución de la vida.
La naturaleza existe en una quietud inocente que es anterior a la aparición del pensamiento.
Cuando los seres humanos se aquietan, van más allá del pensamiento.
La quietud que está más allá del pensamiento contiene una dimensión añadida de conocimiento, de conciencia.
La naturaleza puede llevarte a la quietud.
"Ése es su regalo para ti"

A través de ti, la naturaleza toma conciencia de sí misma.

Cuando percibes la naturaleza y te unes a ella en el campo de quietud, éste se llena de tu conciencia.
"Ése es tu regalo a la naturaleza"

Es como si la naturaleza te hubiera estado esperando durante millones de años...

Derrumbe de la República

Alguna vez, nuestros nietos nos preguntarán -y sus hijos a los nuestros- que hicimos en 2010, mientras veíamos a la República derrumbarse a pedazos.

La crisis del Banco Central, inaugurada el 14 de diciembre de 2009 por un Gobierno cuya caja -única forma que conoce de disciplinar y ejercer el poder- estaba exhausta, delante de nuestros ojos negoció con casi toda la oposición para hacerse de las reservas para continuar gastando a espuertas el dinero de los argentinos, con lo cual legará a quien sea un panorama de hiperinflación y, con ella, una nueva crisis.

Quienes ya lo hicieron, y quienes en el futuro acepten la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, en nombre de urgencias financieras de de cortísimo plazo, unos, o de ideologías populistas fracasadas,los otros, serán los responsables de lo que ocurra de aquí en más, con la certeza más absoluta de que no se producirá reacción alguna en la población.

Es cierto que los tecnicismos jurídicos y económicos que se han barajado estos días escapan a la comprensión de la enorme mayoría de nuestros ciudadanos, y que ello podría ser la causa de la falta de una indignada respuesta social a tanto desmadre y a tanta prepotencia arrabalera.

Sin embargo, el nuevo episodio de corrupción desenmascarado con la publicación de las listas de compradores de dólares en medio del último ramalazo de la crisis internacional, protagonizado nada menos que por don Néstor comprando US$ 2 millones, tampoco ha generado la pública condena de un proceder tan indigno.

Pese a que lo sucedido podría compararse, por lo burdo, con la ya famosa bolsa de Felisa Miceli, y a que siendo don Néstor quien, como es de público y notorio conocimiento, fija el precio del dólar en la Argentina y ha usado esa facultad para enriquecerse, no ha habido cacerolazos, ni manifestaciones, ni alaridos.
Solitarios, algunos diputados de la Coalición Cívica han formulado una nueva denuncia contra Kirchner por enriquecimiento ilícito, y no ha habido siquiera una convocatoria pública para acompañarlos en esa gesta.

En todos los países que conozco, la utilización de información confidencial en beneficio propio constituye un delito mayor, aún en la esfera privada pero agravado cuando se trata de la función pública.
En la Argentina, lamentablemente, ese tipo penal no está establecido en nuestro Código y, por eso, no podrá ser procesado.

Seguramente, la renacida estrella encarnada por don Oyarbide, o su par, don Bonadío, encontrarán nuevas fórmulas mágicas para exculpar al tirano de Olivos y a su cónyuge, ese títere al cual tan bien viene la máscara de la tragedia como la de la comedia cuando diserta desde su atril, dándonos clases de sexualidad o de bien comer.

Pero, esta vez, creo que han dejado un hilo suelto, del cual se podrá comenzar a tirar para desenredar este ovillo de hurtos, sobreprecios, licitaciones amañadas, expropiaciones de empresas, etc., que los Kirchner han implementado desde hace seis años y medio.

Kircher es lo que, técnicamente, se denomina una "persona "políticamente expuesta" en la legislación antilavado y cualquier transacción que realice un individuo de estas características, debe ser informado al organismo oficial especializado en el lavado de dinero por el banco interviniente, de acuerdo a la normativa vigente.

El efectivo cumplimiento de este "detalle formal" podría ser verificado por cualquier fiscal, o por cualquier periodista económico con acceso a fuentes de la autoridad monetaria, pero dudo -y por ello califiqué al episodio como "burdo"- que lo haya sido; y, de no ser así, podrá seguirse la cadena de responsabilidades hasta el banco que haya operado la transacción. ¿Estaremos frente a la definitiva prueba de complicidad en los actos ilegales de don Néstor por parte de algún banco "amigo" del poder?

Creo, seriamente, que este pequeño punto puede dar lugar a grandes dolores de cabeza para el Gobierno y para sus cómplices pues, de confirmarse, volverán a quedar bajo la lupa algunas transacciones realizadas, por ejemplo, por los dueños de algún banco nacional beneficiado por la "argentinización" de alguna empresa, o por lo de otro, rápidos para firmar comunicados de adhesión a las políticas oficiales.

Pero, de todas maneras, estaremos sobre un episodio ciertamente menor (tan grave, a lo sumo, como los impuestos adeudados por Al Capone, que terminaron con su libertad y, finalmente, con su vida) frente al drama del derrumbe de la República.

Si pudiera hacerse un parangón de lo que ha ocurrido -y sigue pasando- en nuestro país, debiéramos mirar la historia reciente de Angola.

Después de la guerra externa, el país fue independizado por la potencia colonial cuyos territorios ultramarinos integraba, Portugal. Éste, al llegar al poder el socialismo grave, dejó a Angola en manos de los jefes tribales que, rápidamente, comenzaron a guerrear entre sí, provocando la total destrucción del país.

Pese a sus ingentes reservas de petróleo, diamantes, oro, café, etc., y a su muy escasa población, todo lo cual la convertía en una nación totalmente viable y riquísima, Angola quedó arrasada, sin infraestructura de ningún tipo, ni siquiera habitacional.

Hoy, nuestros distinguidos opositores -salvo honradas pero mínimas excepciones- se han dedicado a disputarse, ahora con el Gobierno y las provincias y municipios, el nuevo botín que han descubierto. Y dejarán al país, otra vez, sin coraza contra los próximos avatares ni colchones para las futuras corridas cambiarias.

Lo peor de todo es que esta conducta desnuda el hecho de la inexistencia de alternativas serias para la locura kirchnerista, lo cual inhibe, por lógica consecuencia, la posibilidad de la consecución de un juicio político para ejectar a estos delincuentes, y a los otro cuatro o cinco que conforman su núcleo básico de consulta, del poder.

A partir de ahora, con la incorporación del Banco Central a la esfera de disposición de los Kirchner, la República entrará en su etapa final, y todos la seguiremos cantando himnos al consumo y al gasto, que siempre hemos privilegiado por sobre los grandes objetivos nacionales.

No podemos decir, parafraseando a José Larralde, que "Dios, por aquí, no pasó", porque lo cierto es que lo hizo, y nos dejó un territorio envidiable, una población culta, una legislación señera y una capacidad de producción envidiables por cualquier país.

Y, entre todos, hemos conseguido lo que somos: un país que, pudiendo hacerlo, no aprovecha su suelo y su clima, que destruye la educación y la salud, que ha entronizado el "sálvese quien pueda", que se ha quedado sin Justicia, sin universidades, sin escuelas, sin hospitales, sin fuerzas armadas, sin seguridad, sin confianza externa, sin ubicación en el mundo, .

Verdaderamente, ¡qué triste ha resultado nuestra época, y cuánta responsabilidad tenemos en ello!

Buenos Aires, 6 de Febrero 2010

Enrique Guillermo Avogadro
Abogado
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