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Caricatura de Alfredo Sabat

martes, 28 de mayo de 2019

Historias de coraje en Malvinas (4)


Estévez
Con sus hombres, regresó al puesto de comando en Pradera del Ganso y se presentó al jefe de la fuerza de tareas.
Y escuchando al soldado Rodríguez por radio, se enteró de la peor noticia:
Su amigo, el Teniente Roberto Estévez, había muerto y su sección Bote estaba diezmada.
"No, no puede ser, el teniente Estévez no puede estar muerto", afirmó entonces.

"Éramos amigos.
Habíamos hecho todos nuestros cursos juntos, habíamos soñado un montón de cosas.
Habíamos planeado distintos tipos de maniobras en caso de combatir juntos.
Me retienen una hora, a la espera de refuerzos, para salir hacia el sector norte.
“Mientras tanto veíamos llegar a soldados heridos, mutilados, en shock; lo único que quería hacer era salir de ahí", contó Gómez Centurión.

Hay un cocinero en mi sección

A las 8.30 emprendieron la marcha hacia el norte, con muy mala información sobre dónde estaba el enemigo.
Tomaron el camino de la costa y, cuando estaban por llegar a la escuela de Darwin, el fuego intenso de dos ametralladoras inglesas le cerraban el paso.
Gómez Centurión recordó:
"Sentía que estaba perdiendo el tiempo. Dimos vuelta, hicimos el camino para atrás".

En la sección se había sumado el cabo cocinero Andrés Fernández, de 24 años, quien de pronto se había visto sin ningún destino.
Como solo estaba armado con una pistola, en la enfermería se había hecho de un FAL y así se acopló a la sección Romeo.
Fernández explicó a Infobae:
"Mi vocación militar la tenía desde chico; somos diez hermanos, y los siete varones habían hecho el servicio militar y justo yo me había salvado.
Cuando veía a mis hermanos en uniforme o escuchaba el Himno, tenía sentimientos muy profundos.
“Fue así que entré a la Escuela de Suboficiales, porque realmente así lo sentía". 
Y agregó: "con Juan José éramos los últimos, íbamos cubriendo a los soldados".

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