Estévez
Con
sus hombres, regresó al puesto de comando en Pradera del Ganso y se presentó al
jefe de la fuerza de tareas.
Y
escuchando al soldado Rodríguez por radio, se enteró de la peor noticia:
Su
amigo, el Teniente Roberto Estévez, había muerto y su sección Bote estaba
diezmada.
"No,
no puede ser, el
teniente Estévez no puede estar muerto", afirmó entonces.
"Éramos
amigos.
Habíamos
hecho todos nuestros cursos juntos, habíamos soñado un montón de cosas.
Habíamos
planeado distintos tipos de maniobras en caso de combatir juntos.
Me
retienen una hora, a la espera de refuerzos, para salir hacia el sector norte.
“Mientras
tanto veíamos llegar a soldados heridos, mutilados, en shock; lo único que
quería hacer era salir de ahí", contó Gómez Centurión.
Hay un cocinero
en mi sección
A
las 8.30 emprendieron la marcha hacia el norte, con muy mala información sobre
dónde estaba el enemigo.
Tomaron
el camino de la costa y, cuando estaban por llegar a la escuela de Darwin, el
fuego intenso de dos ametralladoras inglesas le cerraban el paso.
Gómez
Centurión recordó:
"Sentía
que estaba perdiendo el tiempo. Dimos vuelta, hicimos el camino para
atrás".
En
la sección se había sumado el cabo cocinero Andrés Fernández, de 24 años, quien
de pronto se había visto sin ningún destino.
Como
solo estaba armado con una pistola, en la enfermería se había hecho de un FAL y
así se acopló a la sección Romeo.
Fernández
explicó a Infobae:
"Mi
vocación militar la tenía desde chico; somos diez hermanos, y los siete varones
habían hecho el servicio militar y justo yo me había salvado.
Cuando
veía a mis hermanos en uniforme o escuchaba el Himno, tenía sentimientos muy
profundos.
“Fue
así que entré a la Escuela de Suboficiales, porque realmente así lo
sentía".
Y
agregó: "con Juan José éramos los últimos, íbamos cubriendo a los
soldados".

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