El
entonces jefe de la sección relató:
"Volvimos
a dar la vuelta para encarar el contraataque.
Pasamos
la escuela, llegamos a una altura y vimos a las tropas inglesas, apretadas por
un campo minado que habíamos puesto con el teniente Estévez tiempo antes".
Fue
cuando comenzó un intenso combate.
Los 38
argentinos situados sobre una loma y 250 paracaidistas británicos disparando
desde abajo.
La
diferencia era notoria, más aún si se tiene en cuenta que nuestros soldados
disponían de solo 120 tiros.
De
pronto, la sorpresa.
Del
tercer grupo le gritaron a Gómez Centurión:
"Mi
subteniente, se rinden!"
Describió:
"Del otro lado, teníamos una hondonada con una piedra muy característica.
Con
mis anteojos de campaña, detrás de esa piedra, veo a dos ingleses que levantan
sus cascos con sus fusiles".
"¡Alto
el fuego!",
ordené.
Nadie disparaba.
Silencio mortal.
Cientos
de pensamientos se cruzaron por la mente de ese subteniente de 23 años.
Era
su primer combate contra los británicos.
"Cómo
establecer los términos de la rendición, hasta me vino la imagen del general
Beresford rindiéndose ante Liniers".
Gómez
Centurión bajó la loma junto al sargento García.
Nos
encontramos a diez metros.
El
inglés era de buen porte, estaba mimetizado; en el combate, nunca le ves las
caras, no sabés si es joven o viejo".
—¿Hablás
inglés? —preguntó.
—Si,
hablo inglés —contestó Gómez Centurión.
—Si
me entregás el armamento de toda tu gente, salen todos vivos.
Yo
aún no tenía heridos.
Creo
que pensó que yo era una avanzada de una fuerza mayor que venía detrás.
“Nunca entendió
que un tipo solo estaría en ese lugar", reconoció Gómez Centurión.
—Yo
te garantizo la vida de todo el mundo —insistió el jefe inglés.
Mi
sorpresa fue muy grande…
Creí
que me iba a dar la rendición, hasta se me había cruzado que debía entregarme
su pistola 9mm, que sabía dónde la portaba.
—En
dos minutos abro fuego —advirtió.
—¡No,
pará, conversemos!
—pidió el inglés.
"Me
volví y comencé a subir, más confundido que cuando bajé".
La situación de
los 38 soldados argentinos estaba muy comprometida.
Estaban
solos, sin posibilidad de que llegasen refuerzos.
Estaban
en un terreno donde en un flanco tenía el mar y en el otro un campo muy
abierto.
Pero
hasta ese momento no tenían ni un solo herido.
En
el momento en que Gómez Centurión subía la loma, dos ametralladoras inglesas
abrieron fuego.
"Apuré el paso, me di vuelta y le disparé
al oficial con el que había parlamentado…
“Y
cayó muerto".
Así
moría el teniente coronel Herbert Jones, 42 años, jefe del Segundo Batallón del
Regimiento de Paracaidistas.
Fue el oficial
de más alto rango caído en la guerra del Atlántico Sur.

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