"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

martes, 28 de mayo de 2019

Historias de coraje en Malvinas (6)

Y se desencadenó el infierno...

Disparos ingleses desde abajo, desde arriba, desde los costados.
Y es cuando la sección argentina tiene sus primeras bajas.
Y al joven jefe argentino se le sumó la complejidad de los gritos del dolor del herido.
"El clamor del herido es tremendo por lo que representa y por el impacto en la moral de la gente, sobre todo cuando no disponés de un equipo de camilleros.
En una fracción de segundos hay que decidir a quien se atiende en el campo y a quien evacuar, porque si no se lo evacúa puede morirse ahí mismo y generará una disminución en la moral de combate en el resto de los soldados".

Uno de los heridos graves era el soldado Miguel Ángel Canyaso.
"Tenía un disparo que le entró x la frente le rodeó el cuero cabelludo y que le había salido por la nuca, recuerdo que tenía la cabeza abierta como una flor.
Tenía pulso -contó Centurión-.
“Le doy la extremaunción, rezo un Padrenuestro y le hago la señal de la Cruz".

—Cargalo y llevalo —le ordenó al Negro Aguilera.
—Está muerto.
—¡Cargalo y llevalo, que está vivo!

Es muy peligroso cargar a una persona en combate, porque camina tres veces más despacio y es un blanco móvil para cualquiera.
El que está tirando del otro lado no ve si es una bolsa de munición o un cuerpo", explicó Gómez Centurión.

Canyaso sobrevivió y fue condecorado por Herido en Combate. Luego de una hora, quedaban entre cuatro o cinco argentinos, que cubrían el repliegue de sus compañeros.
Y es en ese momento cuando hirieron al Cabo Fernández.

Él lo cuenta:
"Estaba cubriendo a Juan José, que estaba más adelantado.
Cuando comenzó el tiroteo, disparé.
Yo hacía mucha práctica de tiro en el polígono, tenía la certeza de que no iba a errar, y entonces bajé a dos ingleses.
En ese momento, sentí como un fuego en la cadera y me empezaron a tirar de todos lados.
Yo apenas me cubría cuerpo a tierra detrás de un poste, y otro disparo me impactó en mi pie.
En el momento continué combatiendo, por la propia energía que uno tiene y por la adrenalina.

"Algo inexplicable me salvó la vida"
"Juan José se acercó y trató de llevarme, pero no pudo arrastrarme.
Me cubrió y me dijo que me iba a volver a buscar.
Me colocaron dentro de un pozo y me quitaron el armamento para que los ingleses vieran que no representaba un peligro.
Estuve consciente hasta que vi pasar a un inglés agazapado.

De pronto, Fernández hace un alto en relato.
Visiblemente emocionado relató:
"En ese momento algo me cubrió, es algo que nunca pude explicar; lo único que sé es que era algo celeste y blanco, que me dijo que no me preocupase, y no me acuerdo nada más.
Mis compañeros me contaron que yo me quejaba.
Recobré la conciencia en la salita de campaña.

Cuando cayó el sol, comenzaron a plantearse ir a buscar al cabo Fernandéz.
Todos querían rescatarlo.
En la guerra se ve al ser humano en toda su dimensión:
Compartir la última comida, compartir el último cigarrillo, hacer el trabajo riesgoso de otro hasta los actos más grandes de miseria como el soldado enemigo que corta un dedo para sacar un anillo…
Eso te empieza a calibrar otra sintonía de la condición humana, reflexionó Gómez Centurión.

Ignorábamos la gravedad de su lesión -posteriormente supimos que tenía quebrada la cabeza del fémur- y si precisaba un modelo de evacuación específico.
Pedí voluntarios, aparecieron siete u ocho, elegí a los más corpulentos, el vasco Aguerrebengoa y Carobbio.
Les hice dejar el armamento para que ellos no se enfrentaran con nadie.
Porque nosotros no éramos camilleros.
A Fernández hubo que salir a buscarlo en la oscuridad de una noche completamente cerrada.
Gómez Centurión recordó:
"Fue muy complejo, porque los ingleses nos abrían fuego exploratorio, hasta de un helicóptero que transportaba heridos.
A Fernández lo ubicamos luego de dos horas y media por sus gritos.
Cuando lo quisimos mover, gritaba aún más.
El vasco llegó a ponerle un pañuelo en la boca.
Y así lo llevamos hasta las líneas propias.

Luego de la rendición, Fernández recordó que una noche muy fría, que nevó, los ingleses lo llevaron en helicóptero a San Carlos.
Lo dejan en una especie de cueva junto a otros prisioneros.
Recuerda a un inglés que le echaba whisky en sus heridas.
De ahí fue al buque hospital Uganda, fue canjeado por ingleses heridos el día 5 de junio y en el Bahía Paraíso lo llevaron a Puerto Madryn y a Bahía Blanca, donde lo operaron.
El amigo que tardó en irse

Cuando fui a identificar los cadáveres de mis camaradas para sepultarlos en una fosa común, identifiqué el de Estévez, especialmente por la forma en que se ataba los borceguíes.
Cuando los ingleses nos trasladaban al continente en el Norland, creía verlo al teniente Estévez en la escalera del buque.
“Mucho tiempo después asumí que había muerto".

Fernández, que actualmente trabaja en una escuela, aseguró:
"La guerra me enseñó a ser más humano, a ser buena persona a valorar lo que uno hace".

Navarro dijo:
"La guerra fortaleció mi vocación de soldado, me probé a mi mismo, ser soldado en defensa de un objetivo patriótico, y vi eso en mis hombres.
Nadie te prepara para las miserias de la guerra.
Podés ser fuerte en carácter o en espíritu, pero la guerra cambia todo".

Gómez Centurión, que fue condecorado con la Cruz La Nación Argentina al heroico valor en combate, finaliza:
"El único lugar donde la gente siente el cariño y no siente la hostilidad es en su fracción.
Es tal el vínculo con el camarada y tanta la sensación de protección, que el domingo a la noche, cuando el veterano está en una situación límite por su vida o por su familia, llama a su cabo o a su subteniente treinta años después.
“Ahí estará alguien que lo va a proteger".

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