"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

martes, 25 de junio de 2019

TENEMOS MEMORIA...


Hace 64 años fueron quemadas, profanadas y saqueadas las iglesias de Buenos Aires
Patricia Cabeza Miró

El 16 de junio de 1955 fue una jornada trágica La Curia arzobispal de Buenos Aires fue la primera en ser saqueada y totalmente quemada al promediar la tarde. La curia fue regada con nafta por los partidarios del gobierno de entonces, preparando el incendio que se realizó entre las 15.30 y las 16.45 ante la pasividad de los bomberos y policía que estaban allí desde la mañana.
Ese fuego no sólo consumió papeles eclesiásticos, también destruyó para siempre el archivo colonial de la ciudad de Buenos Aires, guardado desde 1600.
El Sagrario de la Catedral porteña fue violentado y profanado, fueron quemados los confesionarios, destrozadas las imágenes, dispersadas las reliquias y destruida totalmente la Sacristía.

La siguieron la iglesia y convento de Santo Domingo y de San Francisco, la capilla de San Roque, las iglesias de San Ignacio, San Juan, San Miguel Arcángel, la Merced, Nuestra Señora de las Victoria, San Nicolás de Bari...
No sólo se quemaron en ellas los altares e imágenes religiosas, sino los archivos y bibliotecas, los coros con sus valiosísimos órganos, las celdas, las dependencias interiores.
En varios se violentaron las cajas de hierro y se robaron sus contenidos.
Además fueron detenidos por policías armados obispos, párrocos y sacerdotes, a quienes se trataron como delincuentes comunes.
Y en la iglesia de Nuestra Señora de las Victorias mataron a un sacerdote.
Pero aquellos no fueron los únicos templos atacados.
Nuestra Señora de la Asunción de Vicente López, Jesús en el Huerto de los Olivos de Olivos, la Catedral de Bahía Blanca, el Sagrado Corazón y Nuestra Señora de Lourdes de la misma ciudad y varios templos de Mar del Plata, entre ellos su catedral, también fueron saqueados, sufriendo daños de distinta consideración. Por otra parte, en Córdoba y Rosario se temieron hechos similares que, felizmente, no se produjeron y eso aconteció también, en el resto del país.

Las hordas, además, se revistieron con las vestiduras sacerdotales, y se pasearon de ese modo por las calles como una muestra de su desprecio por la Iglesia.
Lo que había pasado el 16 de junio es un trágico síntoma de la división que vivían los argentinos.

Lamentablemente la grieta que nos divide sigue…

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