Hay
una preciosa metáfora que compara el amor con la poesía, así como se produce el encuentro de las palabras en la poesía…
Así
se encuentran los amantes en el amor.
Hay
un profundo amor en la relación de las palabras que componen un poema, y hay
una maravillosa poesía en el amor que produce el encuentro de los amantes.
El
significado poético de las palabras y su vuelo etéreo e infinito, comunica la
poesía, y el deseo y la pasión de los cuerpos y las almas fundidas en un amor
perenne comunican el sentido vital y eterno del amor.
Ambos
son trascendentes, la poesía porque derriba las barreras del tiempo y del
espacio, y mantiene su fuerza en la lectura, la comprensión y la voz de quienes
la leen y la recitan y el amor, porque quienes aman, desean escapar de los
límites finitos del hombre, para existir en el infinito de la eternidad.
El
amor es poesía, y la poesía es amor.
El
amante es un poeta, y el poeta es amante.
Porque
el sentir del amor, se expresa en palabras, y la palabra perfecta para el amor
es la palabra poética.
La amalgama del
universo es el amor.
Aquello
que hace viable la vida, lo que une, lo que permite que el hombre se
constituya, exprese libremente y sea quien es, es el amor.
Querer
es el término infinito, que abarca desde la rabieta de un niño, hasta el
conocimiento y la comprensión del santo.
Porque
el querer crea…
Toda
creación es amor.
El
amor se nutre del deseo y la pasión, pero va más allá de ellos.
Porque
el amor es esencialmente bondad, y la bondad no puede ser una virtud
convencional…
Sino
una forma de vida, la razón de nuestra conducta, el faro que ilumina nuestro
comportamiento.
La
bondad escapa al ser, se trasmite a los otros, y que mayor connivencia y
coherencia que el amor vinculado a la bondad.
Pero
para amar de ese modo hay que tener paz y armonía interior.
Ser
consciente de las propias imperfecciones y perdonarse a sí mismo, para poder
perdonar a los demás.
Se
ha entendido al amor como sacrificio, como sufrimiento, y muchas personas
consideran que hay que pagar tributo por el amor.
Es
que acaso hay varias formas de amor, o sentimos diversos amores.
El
amor en estado puro es uno, es total, excluyente, nos ayuda a vivir, es la
fuerza que hace que el mundo tenga sentido para mí.
Es
el motivo de la existencia, aquello para lo que nací, y fui puesto en este
lugar y en este tiempo, para expresarlo, explayarlo, compartirlo e iluminar a
mis hermanos.
Es
un faro de ida y vuelta que me ilumina e ilumina, y cuando se da una relación
de amor puro, hay un diálogo, una dialéctica entre ambos que permite que
crezcan juntos y en armonía hacia el infinito.
Fuera de ese
amor, vivimos a pedazos y a los tropiezos, pensando que debemos pagar por el
amor.
Más la otra
condición del amor es irradiar la paz y la armonía interior.
Esa
paz que contagia, que envuelve, que tranquiliza y alegra, que da felicidad al
hombre.
Y
en esa dialéctica con el otro y consigo mismo, que mejor forma hay de
expresarla que con la palabra poética.
Como
podríamos dar a entender aquello que es inefable, que no se puede expresar con
palabras, sino con esa maravillosa forma de expresión y de conjunción de las
palabras que es la poesía.
Quién
sino el poeta puede dar a entender el amor, en la forma y de la manera que el
ser quiere escuchar y pretendería decir.
No
hay mejor forma de comprender el amor que a través de la poesía.
Te
amo/que puedo decirte/Te amo
Hay
algo más tierno/más dulce/más bello
Quizás
alguna palabra que mejor lo exprese
Te
amo…
Simplemente
Te
amo…
Elías D. Galati


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