Por
Sergio Berensztein
La
suma de dificultades económicas y desafíos a la investidura presidencial
provenientes del kirchnerismo radicalizado sería el principal problema para
Fernández si fuera elegido en octubre
El
CEO de una importante multinacional le preguntó sin vueltas a su gerente local:
"¿La
Argentina gira hacia el chavismo si gana Alberto Fernández?
Es
lo que escucho por acá.
Es
posible que Mauricio Macri no haya encontrado hasta ahora demasiado eco entre
los votantes independientes, pero aparentemente logró bastante más éxito a la
hora de alarmar al círculo rojo internacional.
Ese enigma
prácticamente inexplicable que para muchas corporaciones e inversores extranjeros
suele ser nuestro país se convirtió, una vez más, en una fuente inagotable de
incertidumbre y dolores de cabeza.
Para
los más arriesgados, no obstante, puede constituirse también en una tierra de
oportunidades.
Los
variados interrogantes respecto de qué tipo de administración desarrollaría el
candidato del Frente de Todos si resultara victorioso se multiplican exponencialmente como resultado de la polvareda que
suelen generar las polémicas declaraciones de referentes relevantes de su
espacio.
Nada
menos que la propia Cristina Fernández se expresó recientemente sobre la
necesidad de controlar precios y márgenes de ganancias de las empresas a
efectos de bajar la inflación.
Para
ella, con el fracaso de Macri "queda demostrado que no se trata de un fenómeno
monetario".
En
este contexto, la diputada Fernanda Vallejos defendió los supuestos de la
denominada "teoría monetaria moderna", que propone que la emisión no
genera inflación.
No
debería entonces sorprender que algunos observadores, dentro y fuera del país,
estén particularmente preocupados por los riesgos de una nueva hiperinflación
en la Argentina:
La
demanda de dinero cae en picada y si aumentara el circulante (cosa que ya está
ocurriendo) los precios se dispararían.
No son muchos
los países que repiten eventos tan traumáticos.
Lo
natural es que atraviesen un proceso de aprendizaje muy significativo.
Por
citar dos ejemplos, tanto Perú como Bolivia (con liderazgos y concepciones
totalmente disonantes) implementaron, luego de sus respectivas experiencias
hiperinflacionarias, políticas fiscales y monetarias sensatas con resultados
positivos.
Habría
que remontarse al peculiar caso de Alemania (durante la República de Weimar y
luego de finalizada la Segunda Guerra) para encontrar un caso que presente
algunas similitudes.
Los
escenarios extremos aparecen entonces en las especulaciones de quienes podrían,
en un entorno de mayor credibilidad y con políticas adecuadas, contribuir a la
recuperación de la economía.
Otras clases de
pronunciamientos generaron escalofríos similares.
Juan
Grabois alertó al sector agropecuario, que ya sufre ataques furtivos a los silo
bolsas, sobre eventuales expropiaciones para que 50.000 familias puedan
producir sustentablemente productos fruti hortícolas.
Suponiendo
que los menores no serían obligados a trabajar, se trataría de una
"solución" para a lo sumo 100.000 personas, un número irrelevante si
se consideran los problemas de desempleo, semi empleo y empleabilidad que
prevalecen en el país.
¿Quiénes
elegirían a los potenciales beneficiarios?
¿Con
qué insumos y capital contarían para desarrollar sus unidades productivas?
"Creo que
nos amenazan con eso para que nos quedemos satisfechos con un fuerte incremento
de las retenciones",
comentó por estos días un importante productor del sur de Córdoba.
La
estrecha interacción entre productores orgánicos de la periferia bonaerense y
segmentos pertenecientes a La Cámpora (que comercializa y distribuye buena
parte de esos productos) merece una investigación más rigurosa:
Redes de una
profusa informalidad que se entrelazan y multiplican.
Las
polémicas derivadas del sincericidio de Gisela Marziotta sobre la Conadep del
periodismo y del absurdo planteo revisionista de Horacio González respecto de la
violencia política de las formaciones guerrilleras de los 70 no hacen sino
completar un panorama desolador para quienes buscan reafirmar las credenciales
moderadas de Alberto Fernández.
¿Son
estas inconsistencias declarativas del diverso Frente de Todos, la razón que
explica la renovada esperanza que embarga a los estrategas electorales del
macrismo?
Parece
tratarse de una excepción, más que de la regla.
Uno
de los principales secretarios de Estado no oculta su pesimismo respecto de las
posibilidades concretas de revertir la tendencia revelada en las PASO.
"Con
suerte llegamos a los 35 puntos", señaló.
Solo
Luis Brandoni, con la obligada distancia de interpretar la Argentina desde
Madrid, es capaz de suponer que Juntos por el Cambio podría ganar en primera
vuelta en la medida en que mejore la fiscalización.
Verdad y
consecuencia.
Todos
los gobiernos experimentan tensiones internas, enfrentamientos personales y
conflictos de intereses que, en caso de escalar y prolongarse en el tiempo,
pueden derivar en cismas y hasta en severas crisis de gobernabilidad.
¿Acaso
la administración Macri estuvo exenta de esos contratiempos?
Son
inherentes a la política y ocurren en todas las latitudes.
Hay
mejores y peores momentos, es cierto, pero las gestiones suelen desgastarse a
lo largo del tiempo.
En
ocasiones logran recuperarse, en particular en los casos en que la economía
acompaña.
Pero
también sucede lo contrario: coyunturas de alta incertidumbre o volatilidad
tienen el potencial de afectar de manera decidida la legitimidad de ejercicio y
enturbiar el impulso de un triunfo electoral más contundente de lo esperado.
¿A que le debe
temer más Alberto Fernández?
¿A
la durísima realidad que tendrá que enfrentar, sobre todo en materia económica
y social, o a los eventuales desafíos a su investidura presidencial
provenientes de los segmentos más radicalizados de su coalición?
Tal
vez la respuesta correcta para este interrogante sea "a la combinación de
ambas amenazas", en especial si se ve obligado a (o prefiere) implementar
un programa de estabilización comprehensivo y consistente que sea visto como
demasiado "ortodoxo" por algunos de los grupos más ideologizados.
La fórmula del
Frente de Todos es una expresión de sumo pragmatismo:
Una
síntesis entre los sectores más populistas y progresistas, referenciados en la
figura de Cristina Fernández, y el ancho y complejo mundo de "típicos
peronistas", representados por Alberto Fernández.
Las
contradicciones, por lo tanto, podrían presentarse de forma regular y hasta
permanente.
La
historia argentina está plagada de relaciones conflictivas (en algunos casos
extremas) entre presidentes y vices.
La
pregunta clave es si a la ex mandataria le conviene un liderazgo presidencial
debilitado.
Fue
ella quien convocó a Alberto Fernández para mejorar sus chances de ganar la
elección y acotar así las consecuencias de su pesadilla judicial.
Si
lograse esto último... ¿qué sentido tendría afectar la fortuna de quien puede resolver su
principal drama familiar y personal?
Los
intereses son más relevantes que las virtudes o los valores para imaginar
comportamientos, aunque predecirlos escapa a los alcances de cualquier análisis
riguroso.

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