"1943",
el libro de María Sáenz Quesada que publicará Sudamericana en octubre
Mussolini,
el modelo fascista
Esa
Europa estaba a punto de precipitarse en una guerra total, en la que el militar
argentino tomó partido por los fascismos a contrapelo de las simpatías de sus
referentes liberales del justismo, que fueron aliadófilos.
En
cartas a su cuñada definió al fascismo como “un gran movimiento espiritual
contemporáneo, lógica reacción contra un siglo de materialismo “comunizante”.
Narró
que había asistido a una concentración de 70.000 muchachas de toda Italia.
Comienza
la obra de la mujer y de la mujer joven [...]
Este
gran hombre que es Mussolini sabe lo que quiere y conoce bien el camino para
llegar a ese objetivo.
Si
las fuerzas desatadas al servicio del mal se oponen a sus designios, luchará
hasta morir, y si lo matan, quedará su doctrina, aunque yo siempre he tenido
más fe al hombre que a las doctrinas.
El
panorama social de Italia es igual al de los demás países:
Un
capitalismo sin grandes recursos, pero que mueve lo que tiene para crear
valores;
un
laborismo sufrido y pujante, que en combinación con el capitalismo elabora
valores y crea riquezas donde la naturaleza ha negado gran parte de sus dones.
La
dirección a cargo de otra clase nueva (el fascismo) que gobierna y administra,
vale decir dirige el capital, el trabajo y las fuerzas espirituales que no
descuida.
Lo
más difícil es mantener la justa proporción que debe existir, en todos los
regímenes, entre la parte de la población que produce (capital y trabajo) y la
que dirige (que no produce).
Hasta
ahora el fascismo mantiene esta justa proporción, pero si las necesidades
político-internas lo llevan a aumentar el personal que dirige, caerá en la
burocracia, que un país pobre como Italia no podrá resistir. Nuestro régimen
burocrático que ya es una rémora, lo aguantamos porque la Argentina es
inmensamente rica, pero un país europeo sin colonias para exprimir, como lo
hace Inglaterra, Francia, etcétera, no puede cosechar una burocracia sin
sucumbir.
Como
se aprecia en esta correspondencia, Perón estaba
convencido de que el fascismo era el mejor sistema de gobierno para equilibrar
las relaciones entre capital y trabajo y pensaba, como la mayoría de sus
compatriotas, que la Argentina era un país inmensamente rico, en condiciones de
soportar la mala administración de sus recursos.
Estas
reflexiones políticas constituían el componente intelectual de la estadía
romana, matizada por una vida social intensa, la relación sentimental con la
joven Giuliana dei Fiori, los destinos militares en el norte y el aprendizaje
del idioma.

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