"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

lunes, 21 de diciembre de 2009

Perdón por la tristeza...

Pero en esta Navidad hay que brindar pensando

Por Esteban Peicovich (*)

¿Hopenhague o Copenhague?
Ni una ni la otra.
Magna charla de sordos.
Mirada sin pasión, la humanidad es una triste jauría tras otra de nómadas, aventureros, navegantes, voladores, espeleólogos, violadores y despanzurradores de la gran vaca muda que es la Tierra.

Muchos de los que pasan por ser sus más conspicuos héroes, lo fueron por dedicar afán, y siglos, a perturbar el equilibrio del magma, del hielo, del mar, y de lo que algún tiempo fue el sinfónico ciclo de sus estaciones.
Todo con ojo marciano y experimentos de terror.
Por un lado, la aventura de conocer ríos, crisantemos o pájaros, y por el otro la ofensa al planeta que en el cielo gira en su azul de origen y aquí obstinamos en ahogarlo en gris.

Aún sin datos sobre el Mundo y el Yo, los antiguos fabricaron Arcas en el sitio que se les inundó y asentaron su respectiva Civilización.
Nosotros (ahijados de Internet) no sabemos por cual escotilla huir de la Nada ambiental.

Hace agua el Arca del mundo y el Arca natal.
Todo hay que decirlo: "viene rara la mano".
Las "fiestas" tapan algo, no el todo.
Legislará el cordero pero aún en minoría, "el lobo es lobo".

El absurdo prepotea al sentido común.
Lo institucional es circo.
La justicia, timo.
Cautiva, la democracia cada tanto se deja ver asomada a un ventanuco.
Su rostro es de papel.

Somos no más que un país polizonte enganchado en la popa de un mundo al garete.

La historia es impiadosa con las tribus que compran figuritas.
Diezma a los ingenuos.
Manduca a los tontos.

Acaba otro año tras efímero arco iris legislativo y pronóstico de verano tramposo.

La China (anciana) se hace un lifting cada día.
La Argentina (bebé de 200 años) insiste en usar pañal no descartable.

La Navidad es shopping.
La familia un dibujo.
Nos acosan (y violan) novísimos monstruos, planes chupapaises, cantos de sirena, timos electrónicos y cuentos de las mil y una noche. Y aquí sin despertar.
Nadie quiere usar un raticida contra la droga.
A la violencia se la integró al folklore nacional.
Duele fiero decirlo pero mucho más callarlo.

Perdón por la tristeza pero esta Navidad es más para pensar que para brindar.
La mayor obra cultural K (el juego) diezma pueblos, barrios, familias.

Ya hay "máquinas tragamonedas" en el Congreso.
Son de papel y otros valores de cambio.

Inválida, ingenua, púber, la Argentina se disgrega ante el estupor de quienes ven llegar la inundación (y la indiferencia de los que aceptan lo que sea)

No es anuncio de ave negra. Ni moralina de cura viejo.
Es lo que hay ante los ojos.

< Varones de 7 años criados como ratitas de laboratorio para ver si alcanzan los reflejos de Messi y "salvan" la tesorería familiar.
< Chicas de 10 años adiestradas para debutar como vedettes.
< Mercaderes que tantean dar con un vino para el paladar adolescente.
< La infancia se vació.

Una morbosa alteración (que gran parte de los medios reparte y el grueso de los padres comparte) descompone el universo de la familia nuclear sin argumento natural de recambio.
El mundo ya no gira humano fuera. Aquí tampoco.
Tal como va, lo "argentino" quebró.

Pusimos el carro delante del burro.
Habrá que inaugurar simposios en medio del quilombo en desmadre.
Desacelerar locuras, retomar la huella, reanimar a Yupanqui.
- "No soy apto para eso. De Mozart sé muy poco" fue como rechazó un uruguayo el ministerio de Cultura que le ofreció Mujica.

Aquí la cola de sabiondos llegaría a La Quiaca.
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(*) El presente artículo de el poeta y periodista Esteban Peicovich fue publicado en el Diario Perfil el 20 de Diciembre pasado.

Su obra literaria y periodística incluye:
Palabra limpia en mí (1960),
La vida Continúa (1963),
Hola Perón (1965),
Historia viva (1966),
Introducción al camelo (1970),
La poetisa analfabeta (1974),
Reportaje al futuro (1974 España),
El último Perón (1975 España),
Intrusiones al pavo real (1993),
La bañera azul (1995, España),
Poemas plagiados (2000, España),
Gente bastante inquieta (2001, Argentina)
Así nos fue (2002, Argentina).

Fuente: Crónica y Análisis

El dolor de ya no ser...

When the facts change, I change my mind. What do you do, sir? - J.M.Keynes

Un arbitraje con rentabilidad asegurada, sería hoy comprar K futuro, y venderlo spot.
El derrumbe se advierte inevitable.
No hay margen para sorpresas.
La tendencia se consolida sostenidamente desde hace más de 20 meses.
No se trata de conspiraciones, ni de maleficios.
Es simplemente una patológica obstinación por el fracaso.
Una enfermiza pulsión negadora, que se obstina en ensayar una impostura progresista, en la que ya nadie cree. Tan obvio fue el germen, como irreversible el epitafio:

. "al anochecer del 25 de marzo se reabrió la sucesión política en la Argentina"[1]...
"Hay una sola certeza para 2011. La historia y la aritmética nos notifican que no habrá un apellido Kirchner en la fórmula que el electorado consagre para desempeñar la futura administración"[2].

Es llamativo, sin embargo, que en el universo de la política, sobrevivan aun percepciones que no adviertan lo evidente.

La contradicción podría encuadrarse en lo que Noam Chomsky, en "El lenguaje y los problemas del conocimiento", aborda como el llamado "problema de Orwell", esto es, el paradójico modo en que los seres humanos permanecemos, en ocasiones, ignorantes a hechos incontrastables y abonados por abundante evidencia, así como los mecanismos capaces de inculcar creencias en los seres humanos, creencias que son firmemente defendidas y aceptadas, a pesar de que carecen de fundamento, y muchas veces están en abierto antagonismo con los hechos más obvios del mundo que vivimos y nos rodea.

En rigor, NK ha montado una muy hábil estrategia de simulación de un proyecto para perpetuarse más allá de 2011, como último y desesperado recurso, apenas para tratar de llegar al 2011.
Sus últimos intentos son sólo ingeniosas cabriolas, orientadas a mitigar su agonía. Los consumidores de buena fe de tal fantasía, tal vez no han profundizado lo suficiente acerca de la asimetría entre poder y consenso.

No puede llamar a sorpresa el colapso de una estrategia incapaz de reconocer y procesar los cambios que estallan en sus narices.
Lo inconcebible es que se intente cargar ese fracaso a un movimiento cuyo creador sólo concebía la conducción, como la inteligencia de percibir el sentido de la evolución, y la capacidad de anticiparse a ella.

Prisionero de una construcción basada en la malversación de consignas, el presidente de facto parece un malabarista de circo, practicando el juego de los platos chinos. Obligado inexorablemente a seguir agregando mentiras para sostener el hechizo, la única incógnita que aún persiste, es el momento en que escucharemos el estrépito de la loza contra el piso, cuando los reyezuelos que aún lo sostienen, consideren que ha sonado la hora de la traición.

El gobierno enfrenta cuatro frentes simultáneos: El Congreso, la Justicia, los medios y la calle.

Un rápido repaso nos muestra que no la tiene fácil.

El primer round en el parlamento le fue desfavorable.
Desafiando al almanaque, el 3D se transformó en un demorado 29J.
Por primera vez, el oficialismo debió someterse a su condición de minoría.
Para colmo, la necedad de Néstor convirtió en humillante derrota lo que podría haber sido una negociación digna.

Alcanzan a 56 las causas que tramitan en la justicia, que tienen como protagonistas a las más rutilantes figuras del firmamento oficial y a sus aliados. Simultáneamente, avanzan probables pronunciamientos judiciales que amenazan la hegemonía de la CGT y el unitarismo fiscal, verdaderas vigas maestras de la estructura del poder dinástico.
Y como es sabido, no hay estirpe política menos generosa o solidaria ante los perdedores, que los jueces.

La inocente ilusión del triunfo por la ley de medios desnudó su puerilidad.
La realidad es que los medios no desaparecieron mágicamente, y siguen lastimando la magullada imagen del gobierno.
Para colmo de males, informaciones oficiosas anticipan un indescontable parcial de 2 a 5, en el esperado pronunciamiento de la Corte sobre la cuestión.

La calle, finalmente, se ha convertido en un territorio cada vez más ajeno y hostil, donde se superponen la inseguridad, los conflictos sindicales, y la cada vez más áspera disputa por los fondos de la ayuda social.

La señales de debilidad son cada vez más ostensibles.
Sólo un régimen en estado de implosión inminente, se reconoce vulnerable ante el discurso de un dirigente rural, se expone sin pudor a merced de una desprestigiada cúpula gremial, o tolera desplantes de otrora sumisos vasallos.
Para no hablar del grotesco montaje de la operación "maten a la yegua", solo parangonable al memorable autosecuestro de Gerez.

Superada la larga noche kirchnerista, vienen tiempos de reflexión y desafíos.

Habrá que asimilar la amarga comprobación de la precariedad de un país, expresada en la facilidad con que se lo puede cargar un grupo casi marginal, sin arraigo material ni intelectual, sólo sostenido en su audacia y su falta de escrúpulos, al amparo de la mala conciencia de sus clases dirigentes.

Quienes abrazamos la convicción de que la reparación sólo puede provenir de la política, no ignoramos la magnitud del esfuerzo necesario para revertir la degradación a que ha sido sometida, y tenemos conciencia de que sólo podremos estar a la altura del reto, si somos capaces de leer la realidad con los ojos de la gente.

RICARDO SALDAÑA - rsaldana@arnet.com.ar

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[1] "Ni el tiro del final.". (31.03.2008) Cuando apenas despuntaba el conflicto con el sector agropecuario, refiriéndome al desafortunado discurso de CFK acerca de los "piquetes de la abundancia".

[2] "La batalla de las Ardenas" 28.09.2009

Las honduras de América Latina

"...Colocar a Zelaya como paladín del estado de derecho fue la peor de las ocurrencias de los que dicen haber salvado la Constitución y las leyes..."

Paul Laurent

Hasta la noche del sábado 27 de junio, Manuel Zelaya era una seria amenaza contra el estado de derecho hondureño. Sin rubor, el susodicho aspiraba a tirar por la borda casi treinta años de democracia representativa con el directo objetivo de dar paso a sus delirios reeleccionistas.
Al amanecer del domingo 28 la legalidad del país centroamericano era deshecha de un soplido.

Paradójicamente, la Corte Suprema y el Parlamento aprobaron el secuestro y destierro del presidente Zelaya por efectivos militares.
Menos de un año atrás el ecuatoriano Rafael Correa tuvo mejor “suerte”: logró ganar un referéndum, cambiar la constitución y poner magistrados a su imagen y semejanza. Hoy tiene la misma base social y legal que el comandante Hugo Chávez, el espejo y mecenas de estos retroprogresistas.
Igual hizo el indigenista Evo Morales en Bolivia, recordemos que hizo aprobar la constitución de su país en un cuartel militar.

En pocas palabras, Zelaya fracasó.
Pero en su fracaso arrastró no sólo a su país a la oscuridad y la incomunicación con el mundo (por el momento sus seguidores no sabrán de prensa libre, incluida CNN, a la que añoran), sino que con ello pone en jaque a toda la región.
Así, lo que esta lamentable situación nos advierte es que América Latina sigue siendo institucionalmente frágil. Demostrándonos que décadas de esfuerzo por vivir bajo el imperio de la ley se pueden venir abajo cualquier mañana de estas.

Sin exagerar, porque la realidad es más exagerada que cualquier paranoia, hoy en día América Latina se encuentra en su hora más difícil.
Y aquí Chávez y compañía son la anécdota cruel, pero no el drama mayor.
Drama que se centra, antes que la arremetida de hacedores de pobres, en los soportes político-culturales que permiten que ello ocurra.
Soportes que los adversarios del paladín del movimiento bolivariano suelen nutrir eficientemente con su irresponsable demagogia, si es que la promesa fácil y el discurso oportunista les permite ganar elecciones.

De ello el peruano García Pérez es el más claro ejemplo.
Venció en la campaña presidencial a un candidato “antisistema” como Ollanta Humala empleando un discurso propio de cualquier desaforado “antisistema”.
Hagamos memoria, García se opuso hasta el último día de la contienda electoral al TLC con EE.UU.
Luego, ni bien ganó las elecciones lo impulsó y rubricó.
Cinismo total.
Hoy acusa a los opositores al TLC de retrógrados y acomplejados.

Ciertamente este tipo de hechos delata la carencia de un auténtico espíritu cívico, de valores que sostengan un mínimo de solidez al sistema que dicen defender.
Pues si la democracia es la forma o soporte por donde se mueven los que aspiran a gobernar, el espíritu cívico es la sustancia.
Es lo que los antiguos romanos denominaban vocación republicana, lo que no es otra cosa que brindar lo mejor de sí desde la actuación política.

"Ejercer docencia y decencia más allá de ocupar o no un cargo público".
Precisamente lo que ya no se ve, aquello que empujaba a darle peso y valía a cada palabra que se pronuncia.

Exactamente lo que escasea.
En Guatemala el presidente Álvaro Colom es tenido como parte de los que habrán de asesinar a un prominente abogado (Rosemberg).
El que denuncia es la futura víctima.
Señala en un video que dio la vuelta al mundo que lo van a matar, y lo matan.
Y nada cambia.

Algo sabía Rosemberg...
Y sabía que el entorno de Colom, y acaso el mismo Colom, lo sabían.

¿Mafia, narcotráfico, simple corrupción?
Para Colom el poder es lo que cuenta.
A su entender, seguir en el cargo de presidente lo vuelve más digno.
Y aprovecha ese tipo de “dignidad” a sus anchas, y a toda costa.

Al fin al cabo, como le diría el propio Chávez a Mario Vargas Llosa, él pertenece a las grandes ligas.
A esas que el ahora depuesto Zelaya también llegó por vía de elección popular, ¡y bajo las banderas del Partido Liberal!

Innegablemente, un liberalismo que nada tiene que ver con el respeto a derechos individuales, democracia y librecambio.
Como se ve, la letra no hace el espíritu.
Formalmente, el criminal Pol Pot mentaba la soberanía del pueblo tal como el mismísimo Thomas Jefferson… empero, qué sideral distancia entre los sentimientos libertarios entre uno y otro.

He aquí el melodrama del otrora Nuevo Mundo.

Este Extremo Occidente que hace dos siglos decidió ser libre y emancipado a punta de “sueños” de unos pocos, nunca de las mayorías.
Y no hay que sonrojarse por ello (por las mayorías que su momento no soñaron), sino por el tipo de quimeras que esas minorías nos han legado: "Tomar el poder para singular provecho suyo y de los suyos", inventando cotos de caza llamadas repúblicas.
Esos son cada uno de los estados latinoamericanos.

En ese sentido, la visión de la monarquía hispana era mucho más generosa.

Hablar de argentinos, bolivianos, chilenos, colombianos, ecuatorianos, guatemaltecos
mexicanos o peruanos no llevaba tanta gravedad semántica como cuando se hacía referencia a un español americano.

Justamente a estos últimos es a los que escribe su célebre carta el deportado jesuita arequipeño Juan Pablo Vizcardo y Guzmán.
Él, como tantos, como muchos, no ansiaba una América atomizada y dividida hasta el odio, sino todo lo contrario.

La desunión, los hitos fronterizos, con rabiosos himnos y bélicas banderas serían ocurrencia de los que ganaron las guerras de la independencia.

Soldadesca angurrienta y procaz que tiene a Bolívar como su máximo exponente.
El que improvisó estados (como Bolivia y Ecuador) por puro enfado contra los que se oponían a sus delirios.
El mismo que pretendió formar con sus camaradas de armas un cuerpo de privilegiados, una “nobleza castrense” en virtud de sus méritos libertarios.
Totalmente napoleónico, estábamos ante milicianos que aspiraban obsequiarse por propia mano cuotas de poder a partir del imperio de la fuerza bruta.

No pudieron hacerlo, pero lo intentaron.
Y ese intento fue el que configuró una manera de entender la política.
Desde aquí se funda la latinoamericana tradición del caudillismo, el que hasta el presente impondrá su marca.
Tal la base de la autocracia que desde un inicio buscó disfrazarse de legalidad constitucional.

Las formas desde las formas mismas (alegoría grafomaniática) y no en los hechos (el esfuerzo de restar las reglas de juego) es lo que nos distingue.
No en vano a fines del siglo XIX y comienzos del XX se le llamaba “voto patriótico” a la captura de las mesas electorales a punta de disparos y trompadas.
La versión cromañón de hacer “respetar” el voto popular.

Seamos sinceros, la atmósfera democrática de América Latina siempre pecó de fragilidad.
Es un estupendo avance el que hasta hoy juguemos a respetar normas y derechos, pero esta extraordinaria vocación lúdica no es suficiente si es que a la par no se tiene un auténtico espíritu republicano.
Es decir, un temple capaz de soportar prudente, pero frontalmente, la presencia de personajes como Chávez, los Kirchner, Morales, Correa, Ortega y el mismo Zelaya.

¿Sólo ellos son hijos de Bolívar?
¿O nos olvidamos que en su día Fujimori, Menem y el aún vigente Álvaro Uribe buscaron reelecciones forzando interpretaciones y/o modificatorias constitucionales?

La torpe ocurrencia hondureña no hace más que delatar la cortedad de convicciones auténticamente democráticas en la región.

El daño ya está hecho.
Colocar a Zelaya como paladín del estado de derecho fue la peor de las ocurrencias de los que dicen haber salvado la Constitución y las leyes. Pura miopía.

No comprendieron que con ello abrían la puerta a los antisociales de toda especie. Aquellos que en este mismo instante deben estar urdiendo múltiples asonadas y confabulación en la mayoría de nuestros países.
Exactamente en el mismo instante en el que la comunidad internacional reclama que Zelaya sea repuesto en la Casa Presidencial de Tegucigalpa.

Tal es la espantosa hazaña de demócratas y de seudodemócratas, lamentablemente eficiente hacedores de nuestras más profundas honduras.

Fuente: www.acrata.org

El escritor Abel Posse, ministro de Educación de Buenos Aires

Juan Pablo Vitali / El Manifiesto.es

En la Argenina, la jauría bienpensante ha lanzado alaridos y dentelladas contra la reciente designación, como ministro de Educación de la ciudad de Buenos Aires, del gran escritor argentino Abel Posse, conocido por los españoles por haber sido embajador en España y haber colaborado asimismo en la revista "El Manifiesto", de cuyo comité patrocinador forma parte.

En mi opinión, las personas y los pueblos sin ningún tipo de cultura son algo patético, inerte y sin futuro.
Y no hablamos aquí de cultura libresca —que a veces ni merece llamarse cultura—, sino de la que se adquiere por todos los medios mediante los que se puede adquirir cultura: familia, tradición, observación, reflexión, intuición, arte, etc. Y por supuesto también por los libros.

Pero ¿qué pasa cuando se odia la cultura, y solamente se quiere sentir el espasmo elemental de la incultura, la sinrazón, la falta de sentido común, de belleza, y se asume sin más la repetición de reflejos elementales, muchas veces inducidos?
Y ni siquiera podemos decir reflejos animales, porque la conducta animal tiene sentido dentro de la naturaleza de su especie, y si no, observemos la conducta de los lobos dentro de su comunidad y quizá aprendamos algo.

Esta introducción tiene que ver —aunque en principio no parezca— con la designación como ministro de educación de la ciudad de Buenos Aires del gran escritor argentino Abel Posse, conocido por los españoles por haber sido embajador en España y haber colaborado asimismo en la revista El Manifiesto, de cuyo comité patrocinador forma parte.

Aunque pensándolo bien, quizá la insuficiente relación que tenemos hoy con la madre patria no permita que los españoles conozcan al embajador argentino, por más que se trate de alguien de reconocido valor.

Lo cierto es que la reacción suscitada frente a su nombramiento es una verdadera muestra de los ataques a los que está siendo sometida nuestra cultura.
Y se me hace que podemos tomar el caso como un caso testigo.
Porque seguramente lo mismo ocurriría en España si se designase a alguien con el perfil de Posse.

Se trata, sin duda, del escritor argentino vivo más importante, y uno de los más destacados de habla hispana.
Su trayectoria es vasta como diplomático, ensayista, novelista y periodista.
Sin embargo, parece que esto no alcanza para ser considerado “políticamente correcto”, porque todo el sistema de los bienpensantes se le ha echado encima.

No sé cuáles serán los motivos por los que Posse aceptó el cargo.
Tampoco coincido con el pensamiento político de quienes lo designaron.
Lo que sí sé es que es la primera vez desde que tengo uso de razón, en que se ha designado a alguien idóneo para el cargo.

Quienes pretenden determinar que Posse no es idóneo son todos y cualquiera.
Todos los que cobran por decir lo que se les ordena, y cualquiera, porque los que lo atacan no podrían escribir ni las dos primeras líneas de cualquiera de sus obras.

Quizá Posse haya querido dar un testimonio.
Un testimonio de patriotismo, de aliento para todos aquellos que no son considerados políticamente correctos.
Un testimonio de voluntad política y patriótica.
Él podría vivir de un modo mucho menos difícil.
No necesita el cargo que honra, y que ha sido deshonrado por muchos de sus antecesores.

Los desmedidos ataques a Abel Posse son el último genocidio cultural de la Argentina y un episodio más en el genocidio cultural de Occidente.
Cuando él caiga, nos acercaremos otro paso a que nuestro único destino sea la clandestinidad cultural, la inexistencia política, la decadencia sin fin.
Es importante su caída, como castigo ejemplar para lo que queda de sano de nuestra otrora gran cultura y de nuestro mejor idioma, como elevado sistema de pensamiento y de expresión.

Que al menos su exposición mediática, este despellejamiento miserable al que lo está sometiendo la progresía, sirva para que algunos vuelvan a leer sus libros; aunque sean pocos, no importa.
Eso es lo que queda en lo profundo.

Los cambios educativos y culturales, no se consiguen con el testimonio personal de alguien, por más valioso que sea, sino con una revolución patriótica en el marco de la resurrección del mejor Occidente.

Está claro que Posse no la puede hacer, pero hay que agradecerle su actitud.

No son frecuentes los gestos de coraje y sacrificio como el que él ha tenido.
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Coincido con Vitali: Lo de Posse es puro coraje y patriotismo.
Necesitamos muchos como él para recuperar la república perdida.

Corina Ríos