"De Argentina para el mundo..."



Caricatura de Alfredo Sabat

lunes, 1 de agosto de 2011

El camino que nos marcó Chávez

De no creer

Carlos M. Reymundo Roberts
LA NACION
 
El resultado del ballottage estaba cantado.
No por lo que había ocurrido en la primera vuelta ni por lo que decían las encuestas.
Yo supe que Macri ganaba fácil cuando Hugo Chávez anunció el viernes que la revolución bolivariana dejaba de lado su emblemático color rojo y se pasaba al amarillo, que identifica a Pro.
En un mundo globalizado, el comandante tomó nota del viento de renovación que sopla en la región y cambió de camiseta, en el sentido estricto.
Como hacía Néstor, como hace Cristina, yo siempre miro a Chávez -el principal socio y aliado de nuestro gobierno, un amigo de la casa, diríamos- para ver por dónde van los tiros.

¿Qué está haciendo por estas horas?
Venía cayendo en las encuestas y decidió dar un golpe brusco de timón. Y lo hace a tiempo, porque el año próximo se juega la reelección. Anteayer dijo con toda claridad que si su gobierno quiere reconquistar a la clase media, el único camino es "demoler y extirpar el sectarismo y el dogmatismo".
Llamó también a "reflexionar e introducir cambios en los discursos y en el accionar". Fue en ese contexto que dijo: "¿Por qué tenemos que andar todo el tiempo de camisa roja? A partir de ahora, yo empezaré a usar el amarillo".
¡Epa! ¿Nuestro líder regional, el que más ha avanzado hacia el modelo de lo nacional y popular, dando marcha atrás?
Bueno, parece que sí.
Parece que entre la necesidad y su enfermedad se ha vuelto súbitamente pragmático.
Pero yo no me escandalizaría: es un retroceso estratégico.
Ojo que este tipo es grosso.
Se dio cuenta de que si no hacía algo se lo comían las fieras.
Es decir, la oposición, la derecha, los medios, los grupos hegemónicos.
- "No podemos regalarle la clase media a la burguesía", advirtió el comandante.

Repasemos un poco, porque hay una clara intencionalidad en traer a cuento todo lo que le está pasando al gran Hugo: búsqueda de la reelección, cambio de humor en las encuestas, necesidad de reconquistar a la clase media, abuso de sectarismo y dogmatismo, problemas con la prensa y la oposición...
¿Lo ven?
¡Las coincidencias con lo que estamos viviendo los K son tremendas!
Por eso digo que debemos mirar e imitar a Chávez.
El lo está resolviendo muy bien.
El copia los colores de Macri, un ganador.
El se aparta de la ideología dura (de la boquita para afuera, obvio).
El cambia el discurso.
Incluso está hablando menos y más corto.
Menos discurso, menos cadena nacional, ¿les suena?

Lo que el comandante -un paladín de la democracia y del respeto a las instituciones, como bien sabemos- nos está diciendo es que el cambio es necesario y es posible.
Lo que las elecciones de la Capital y Santa Fe nos están gritando a los K es que algo tenemos que hacer. Ya no estoy tan convencido de que en octubre arrasamos.
Y parece que tampoco lo está Scioli, porque se lo ve preocupado y está haciendo un curso acelerado de autonomía.
Anoche yo temblaba frente a la TV pensando que en cualquier momento lo veía abrazado con Macri. Créanme: si Scioli se anima a salir a tomar aire fresco es porque adentro el clima se va tornando irrespirable.
No quiero ni pensar el inviernito que nuestra gente le debe tener preparado a Filmus después del sopapo de ayer.

Recurro otra vez a Chávez. 
Al anunciar su nueva política nos dio una lección de realismo político.
En un régimen tan hiperconcentrado, el primero que tiene que cambiar es él.
"Debo empezar por mi propio liderazgo", admitió.

¿Hay espacio entre nosotros para que alguien le sugiera a la señora Presidenta que es ella la que debe orientar y dirigir los cambios?
¿Hay espacio para decirle -tiemblo al escribirlo- que también ella debe modificar algunas cosas?

No es que no tenga esperanzas, pero, por las dudas, yo sigo mirando a Chávez.

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