Pilar
Rahola
Ayer,
conferencia en la Universidad de Palermo, en Buenos Aires, con estudiantes de
política y periodismo.
Me
acompañó el catedrático Pablo Mendelevich, director de la carrera de
Periodismo, e implacable analista de la realidad argentina.
El
tema, la información en los tiempos de las redes sociales y, con ellas, el
deterioro del periodismo de profundidad, en favor de la inmediatez.
En
el telón de fondo, las fábricas de bots que construyen edificios de mentiras
para imponer relatos ficticios, modificar perspectivas o influir en contiendas
electorales.
Las
fake news, como nuevo fenómeno de la información, nacido al albur de la
existencia de internet.
Sin
embargo, ¿fenómeno nuevo o eterna fabricación planificada de la mentira como
instrumento de poder?
Sin duda, lo
segundo, no en vano no hubo una industria de la mentira más efectiva que la que
edificó Goebbels,
capaz de justificar una ingente industria de muerte.
Sin
duda, el antisemitismo –desde el deicismo cristiano hasta Los protocolos de
los sabios de Sión, pasando por el nazismo– es la madre de todas las fake news,
mastermind de la cultura de odio que persiguió, cazó y mató a millones de
judíos a lo largo de los siglos.
Con
igual precisión han funcionado otros grandes estigmas, como la homofobia, el
racismo o la misoginia, todos ellos basados en complejas capas de falsedades
que se han propagado con gran inteligencia estratégica.
No hay duda de
que las fake news sostuvieron, en el pasado, todas las grandes ideologías
totalitarias, desde Hitler o Mussolini hasta Stalin.
La
única diferencia con la actualidad, y
es la gran diferencia, es el poder de inmediatez que tiene el mundo de
las redes, capaz de convertir una falsedad en un fenómeno viral de gran
eficacia.
Todos
los que tenemos alguna influencia pública conocemos las fake en carne propia,
no en vano nos adjudican mentiras permanentes, de las que difícilmente podemos
substraernos.
Lo
peor es la capacidad de seducción que tiene una información viral, que
acostumbra a digerirse sin deglutir, ni pensar, ni poner en duda su veracidad.
Hoy
por hoy, es más fácil que la gente crea en una mentira en Twitter que en una
verdad en su periódico de siempre.
De ahí que los
grandes factores de poder, desde los políticos hasta los económicos, hayan
descubierto la capacidad de influencia de la falsedad en red.
¿Cómo
encontrar la verdad, el único objetivo del periodismo, como asegura Mendelevich
en la charla?
Objetivo
inalcanzable, le respondo, no en vano esto de la verdad es un concepto
abstracto que esconde muchas verdades.
Pero
si la verdad es difícil de dirimir, como
mínimo cabe luchar para escapar de la construcción deliberada de la mentira,
cuya naturaleza debería ser más detectable.
Quizás
sólo se trata de recuperar el sentido crítico de cada cual.
Dejar
de ser consumidores de información y pasar a ser actores del pensamiento...

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