En realidad, el FMI le soltó la mano a Alberto Fernández
Por Miguel Angel Rouco
La
administración de los Fernández continúa con su política vacía de contenido y
no vacila en abrir nuevos frentes tanto internos como externos.
Así mientras
confronta a nivel doméstico con los bancos que al mismo tiempo son acreedores
netos del Estado,
arremete contra los acreedores externos a quienes exige una quita en la deuda
que el mismo Estado generó desde el default de 2002.
En
el plano local, tras haber fracasado las negociaciones de buena voluntad con
los bancos, el Banco Central decidió unilateralmente, una baja en la tasa de
interés que cobran los bancos por la financiación de los saldos en las tarjetas
de crédito y les colocó un techo de 55% igualando la inflación de 2019.
Sin
perjuicio de ello, el BCRA busca que los bancos absorban gran parte del pasivo
que tienen los consumidores con el sistema para que nuevamente se pueda retomar
el consumo mediante la utilización de los plásticos, tras haber ahogado a la
economía con la enjundia del paquete de aumento de impuestos.
Con los minutos
contados y esperando el reclamo de algún sector, el gobierno está apostando
decididamente a incrementar el consumo interno frente a lo que evalúan como un
masivo reclamo por la reactivación prometida, aún desde sectores afines a la
coalición gobernante.
A
nivel externo, la situación es más compleja ya que contrariamente a lo que
suponen muchos medios y analistas, el
FMI le soltó la mano a la Argentina, sin haber hecho un mea culpa, tras
su estrepitosa evaluación de la economía argentina durante la gestión de
Mauricio Macri.
A
poco de leer el documento, se advierte el rápido movimiento de Georgieva y el
board del FMI.
Con
su habitual diplomacia, el organismo publicó un documento que no apoya al país,
pero es una “dulce melodía” en los oídos de los Fernández:
La deuda es
insostenible y los acreedores debieran contribuir a una solución al tema de la
deuda.
Sobre
la base de estos dos argumentos, el gobierno traduce un apoyo del FMI cuando en
realidad, el organismo “virtualmente”,
le soltó la mano a la Argentina y lo mandó a negociar con los acreedores
privados.
Pero
los bonistas ya han fijado su posición:
No habrá quita y
sólo habrá postergación en el pago del capital siempre y cuando se paguen los
intereses en tiempo y forma, un objetivo que el gobierno nacional no alcanza a
cumplir, teniendo en cuenta el actual nivel de gastos y el déficit primario.
El
gobierno ahora recurre a “la magia” de emitir para reactivar el consumo y tapar
la crisis de pagos.
Lo
que no sabe el gobierno (¿o sí lo sabe y lo hace?) es que
emitir dinero es comprar inflación futura y deteriorar el tipo de cambio real, alimentando una nueva devaluación que
tornará al país en ingobernable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario